Rojas Otálora, Jorge E. (ed.), <em>Tradición clásica: propuestas e interpretaciones,</em> México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2015 <em>(Supplementum X, Nova Tellus),</em> 216 págs.
Palabras clave:
Tradición clásica, recepción, recreación literaria
Keywords:
Classical Tradition, Reception, Literary Recreation

Resultan sumamente interesantes los seis años transcurridos desde el 2009 a la fecha en que se han publicado los Suplementos de Nova Tellus porque, a través de este medio, diversos especialistas demuestran y testifican el continuo empeño por investigar qué es la Tradición clásica; del mismo modo, porque, al contribuir en el análisis de dicho asunto, forman parte de él. Académicos interdisciplinarios se reunieron en el Primer Simposio Internacional sobre Tradición Clásica hace dos años y, como culmen de las reflexiones ahí meditadas, han salido a luz estos valiosos estudios. Los trabajos aquí abordados contienen diversas maneras de descifrar el imbricado concepto de Tradición clásica; no obstante, todos los autores muestran sagacidad para ofrecer panoramas y perspectivas acerca de esta enigmática cuestión que presume ser compleja e indescifrable.

Podríamos considerar que cada autor tiene una forma distinta de trabajar, de modo que la investigación de cada uno se convierte en “propuesta” e “interpretación”, ya que se expone un tema enfocado en alguno de los diversos aspectos del fenómeno de la tradición clásica e, incluso, se asignan diferentes nomenclaturas para denominarlo. Ya sea como herencia, tradición, resonancia, adaptación, recepción o recreación (según los autores precisan) este inédito suceso está presente en todas las artes; principalmente, en la literatura.

Los trabajos “La tradición clásica y el Orientalismo: Gilbert Highet desde Edward Said, Edward Said desde Gilbert Highet”, de Francisco García Jurado, y “Alfonso Reyes: lectura y recreación de la antigua poesía griega”, de David García Pérez, confrontan de una forma evidente la inquietud de examinar los presupuestos de escritores o filólogos interesados en desentrañar la relación entre las culturas clásicas y las modernas. Es muy nutritiva la perspectiva de García Jurado acerca de la contraposición que él resalta entre los extremos Oriente vs. Occidente: “Highet y Said, estamos ante dos puntos de vista distintos sobre un mismo tema” (p. 24). Sin embargo, García Jurado rescata la posibilidad de un “juego completo” en el cual no se da preferencia entre el considerar la tradición clásica como modo de diferenciar Occidente de otras culturas o valorizar a Occidente conforme a la otredad; es decir, “un juego completo” sopesa el fenómeno de lo clásico a través de las culturas involucradas, mientras se analizan equitativamente las diferentes posturas respecto a la naturaleza del propio fenómeno de “tradición clásica”. El análisis de García Jurado muestra una crítica en la que su experiencia cultural es una base de las reflexiones que aquí decanta, pues el autor entreteje viajes y lecturas propias con la controvertida definición de “cultura clásica” en la modernidad según distintos países, supuestamente muy distantes a ella. Debe deliberarse sobre tal cuestión a partir de su integridad y no a partir de sus diferentes polaridades: “La Tradición clásica y la crítica al Orientalismo, lejos de mantener una mera relación polar o dialéctica, presentan sutiles formas de relación recíproca” (p. 41).

García Pérez, a través de las premisas discursivas de Alfonso Reyes, rastrea la preocupación, que incumbe a México, de “dar un rostro” y encontrar el “significado del ser mexicano” a partir de una mediación concienzuda de la tradición clásica que pertenece, en cierta forma, a esta nación. La autonomía de lo clásico respecto a lo religioso, la necesidad de desarrollar más estudios acerca del clasicismo en México, el carácter patriótico que puede contener la literatura clásica y la propuesta de una “lectura atenta y poética del texto homérico” (p. 205) son algunas de las advertencias que Reyes promovió y aportó en torno a los estudios clásicos en México. Esta reflexión abre panoramas a los estudiosos de letras y les permite despertar inquietudes para ejercer la autocrítica en su propia labor; ya sea como traductores, exégetas y/o investigadores. García Pérez enfatiza la perspectiva original de Reyes que, muy adelantado a su época, sobrepasó los límites de una educación definida por aspectos religiosos, culturales y políticos; y que, íntimamente, se acercó al mundo clásico con sus capacidades innatas y sus herramientas adquiridas de manera que, a partir de la valoración de tal cultura, entendió la urgente implementación de lo clásico en una nación en pleno desarrollo.

Por otra parte, María Teresa Gallego y Juan Antonio López Férez recrean dos modos distintos de comprender la transmisión de la literatura clásica que desemboca en nuevas literaturas y se extiende a otras expresiones artísticas. Ambos trabajos concuerdan por analizar una de las más sobresalientes personalidades ficcionales de la literatura: Medea. El artículo “Algunas representaciones artísticas relacionadas con Medea”, de María Teresa Gallego, entra en materia directamente y presenta una compilación de pinturas, esculturas, grabados y detalles que se vinculan con el hipotexto literario. Esta forma de interpretar el vínculo entre dos producciones artísticas de diferente naturaleza ejemplifica el valor “inter-semiótico” entre la palabra y el objeto. Gallego propone una breve explicación del mito y recuerda al lector las principales características de los personajes implicados. Aunque la autora no expone la metodología de su trabajo, puede apreciarse que su principal intención es mostrar la constante adaptación del motivo original griego a través del propio arte griego, de las producciones renacentistas y de las reinterpretaciones modernas a lo largo del mundo, como en la pintura “Medea y los filtros milagrosos” de Frederick Sandys. De esta manera, se recrea una breve evolución, totalmente visual, de este icono clásico que trasciende el tiempo y que diversifica su aspecto, su contenido y su proyección de acuerdo con la recepción propia del artista.

López Férez en su sustanciosa investigación, “Medea: desde Grecia y Roma a las literaturas europeas. Notas sobre su presencia en la ópera y el cine”, desarrolla un extenso y completo “estado de la cuestión” acerca del personaje femenino. Esta revisión de la heroína, a través de las diferentes versiones griegas y latinas, se vuelve una fuente precisa y abundante para todo aquel afanoso del mito relacionado con dicho personaje. Su forma de analizar la inquietante tradición de este tópico se apoya en numerosas disciplinas auxiliares de la filología, como la crítica textual, la historiografía, la literatura comparada y la hermenéutica. El mismo autor está consciente de la inabarcable misión de su investigación; sin embargo, resulta sumamente útil la condensación de datos y de producciones derivadas de dicho contenido que se han aglomerado en un orden prudente y bien organizado. El despliegue de tal listado de creaciones artísticas abarca desde los orígenes del mito original, las primeras versiones literarias y la diversificación en las tragedias hasta montajes teatrales y cinematográficos de apenas una década atrás.

La prolija enumeración de las obras inspiradas en Medea esclarecen algunos de los modos en los que ocurre la tradición clásica: cómo se ha reelaborado el mito ajustándolo a configuraciones nacionales, cómo se ha desarrollado y extendido para formar parte de estudios de género, cómo desencadena nuevas reflexiones acerca de las pasiones humanas, cómo se ajusta a la modernidad y puede contener temáticas nunca antes pensadas. Ciertamente, López Férez cumple el cometido de ser auxiliar de una línea de investigación basta e inagotable; las próximas generaciones pueden encontrar en estudios como éste un análisis orientador de una cuestión multitemática.

En un tercer rubro de estas investigaciones, según considero, Mariano Nava Contreras y Elina Miranda Cancela proponen un método minucioso para rastrear e identificar el “influjo” clásico en literaturas que, en primera instancia, no tienen un contacto directo con el mundo occidental. Resaltan en estos dos autores la preocupación y la intención por comprender la inédita recreación de ideas clásicas que se conforman y se reestructuran en nuevas literaturas en Latinoamérica.

Nava Contreras, en “Utopías en Indias. La tradición del utopismo clásico en la Crónica de Indias”, resume adecuadamente la transformación del concepto “utopía” y sus implicaciones con el pensamiento político y filosófico de un grupo social específico. El puente que conformaron los romanos, como mediadores entre lo griego y las culturas europeas, destaca por la evolución que promueven sus escritores, filósofos e historiógrafos, al aplicar un criterio personal e independiente del contenido clásico: “Hoy sabemos que los países y las culturas siguen sus propios caminos y formas de evolución, las cuales encuentran maneras de expresión” (p. 162). La resonancia de un ideal utópico alcanza tierras lejanas y continúa causando expectativas, mientras persiste como configuración del pensamiento representante de las esperanzas y de las metas de una identidad cultural.

Miranda Cancela, en “Recepción y resonancia de Electra Garrigó, la obra iniciática de Virgilio Piñera”, clarifica inicialmente: “Los estudios de tradición clásica, pervivencia o recepción, pues no existe una posición única en cuanto al modo de nombrarlos, no siempre han gozado de igual estimación” (p. 173), a partir de este reconocimiento, podemos apaciguar las rigurosas clasificaciones que enjuician las diversas investigaciones en torno a los estudios de tradición clásica. Sin embargo, es evidente “la presencia” de los clásicos en las letras actuales. A partir de la contraposición de puristas y de defensores, en este preámbulo de investigación, Miranda explora con medianía acerca de cómo considerar la correspondencia de la tragedia griega con la obra cubana Electra Garrigó. Lejos de estipular rigurosamente una voluntad defensora o detractora, la autora reflexiona en el “juego completo” que desencadena dicha interrogante; hay que fomentar la aceptación de las obras contemporáneas y su fusión con el pensamiento clásico; respetar las diferentes opiniones que generan dichas creaciones artísticas y comprender la nueva “tradición” generada bajo un imaginario cultural concreto. La reconstrucción de resonancia desde los tópicos dramáticos griegos hasta obras contemporáneas, como Electra Garrigó, despierta especulaciones de toda naturaleza y asiste para reconocer que el fenómeno de “tradición” acarrea una basta “multiplicidad de posibilidades”.

Aunque parezca que ningún autor intenta especificar qué debe entenderse por “tradición clásica”, los méritos de sus investigaciones encuentran su fortuna al abrir panoramas de investigación, al replantear una interrogante que incumbe a todas las culturas modernas y al apreciar, amablemente, cada una de las partes, las opiniones y los sucesos que acontecen en este polémico proceso de “tradición clásica”. Así como Alfonso Reyes “trató de renovar los estudios clásicos imprimiéndoles un carácter ecuménico, crítico y laico” (p. 200), nosotros debemos expandir horizontes e incluir globalmente cada una de las opiniones que aportan luz a semejante interrogante. Si bien, la tradición clásica acontece de forma natural, la introspección intencional de ella contribuye al reconocimiento de nuestra propia identidad en cualquiera de sus configuraciones (ya políticas, religiosas, filosóficas, entre muchas más): los estudios clásicos, sin duda, aportan un cuantioso conjunto de saberes.

Historial:
  • » Recibido: 13/12/2016
  • » Aceptado: 28/02/2017
  • » Publicación digital: 2016Jul-Dec

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