Héroes por obligación. Retórica y epopeya en Virgilio y en Valerio Flaco<a id="back_fn1" class="xref_id"></a><a href="#fn1" class="xref_href"><sup>1</sup></a>
Resumen:

Mediante la comparación de dos discursos de Jasón (Val. Fl. 1.194-203, 241-251) con los discursos de Eneas en los que están respectivamente basados (Verg. A. 4.333-361; 1.198-207), el presente artículo muestra el modo en que Valerio Flaco utiliza la retórica para distanciarse de Virgilio.

Abstract:

By comparing two speeches of Jason (Val. Fl. 1.194-203, 241-251) with the speeches of Aeneas on which they are based (Verg. A. 4.333361; 1.198-207), this paper shows the way in which Valerius Flaccus exploits rhetoric in order to move away from Virgil.

Palabras clave:
Épica antigua, retórica, Virgilio, Valerio Flaco
Keywords:
Ancient epic, rhetoric, Virgil, Valerius Flaccus

La comprensión de la épica flavia se vio lastrada hasta finales del siglo pasado por un par de prejuicios que los estudios recientes han ido superando. Al complejo de inferioridad supuestamente sentido por los autores del siglo i d. C. frente a los logros de los augusteos -que en el caso de Valerio Flaco se habría manifestado, según Wilamowitz (1924, p. 165 n. 2), como una “sklavische Abhängigkeit von Vergil”- vendría a unirse la penetración de la retórica en la poesía que, para bien o para mal (Narducci 2007, pp. 394-395), ya Quintiliano (Inst. 10.1.90) había señalado en Lucano, magis oratoribus quam poetis imitandus, y que Gordon Williams (1978, pp. 266-271) incluyó entre los rasgos que definirían la “decadencia” de la literatura imperial. Veremos, sin embargo, a continuación que, en un poeta como Valerio Flaco -en cuyas Argonáuticas la influencia de la declamación no es demasiado acusada2-, la enfatización de la naturaleza retórica de ciertos pasajes no constituye un tributo rendido de manera acrítica al gusto de su tiempo, sino un modo de distanciarse conscientemente de Virgilio.

Antes de embarcarse en la Argo con rumbo a la Cólquide, el Jasón de Apolonio de Rodas eleva una plegaria a Febo, dios que, a través de un oráculo délfico, le promete socorrerlo en su travesía, de la que se reconocía causante (1.411-424). Valerio, tras haber desdibujado la responsabilidad de Apolo en el desencadenamiento de la aventura de los argonautas,3 hace que el Esónida, al celebrar un sacrificio en honor de las divinidades marinas, se dirija a Neptuno en los siguientes términos (1.194-203):4

O qui spumantia nutu

regna quatis terrasque salo complecteris omnes,

da ueniam. Scio me cunctis e gentibus unum

inlicitas temptare uias hiememque mereri:

sed non sponte feror nec nunc mihi iungere montes

mens tamen aut summo deposcere fulmen Olympo.

Ne Peliae te uota trahant: ille aspera iussa

repperit et Colchos in me luctumque meorum:

illum ego... tu tantum non indignantibus undis

hoc caput accipias et pressam regibus alnum.

Mientras que la invocación del héroe apoloniano a Febo era meramente propiciatoria, el ruego del Esónida valeriano a Neptuno tiene, además, una función apotropaica. Jasón pretende alejar de sí y de sus compañeros el castigo que pueda abatirse sobre ellos por penetrar en el mar, medio vedado al hombre hasta el momento,5 y lo hace mediante una remotio criminis análoga a aquellas que, con referencia a un hecho pasado, pueden darse en el status qualitatis del genus iudiciale:6 si bien concede la ilicitud intrínseca de la acción que se propone llevar a cabo (inlicitas temptare uias hiemenque mereri, 197),7 se defiende ex causis facti afirmando que no es llevado de propio impulso (non sponte, 198)8 y retrotrayéndose al mandato de su tío Pelias, quien lo obliga a hacerse a la mar en busca del vellocino de oro con la esperanza de que perezca en el intento (ille aspera iussa / reperit et Colchos in me luctumque meorum, 200-201). La argumentación es ciertamente capciosa, en la medida en que el Esónida le hace ver a Neptuno que, si actúa contra su persona, estará favoreciendo objetivamente los deseos de Pelias (Peliae ... uota, 200), verdadero responsable de la inminente profanación del reino marino. No se les ha escapado, por lo demás a los comentaristas que la excusa de Jasón, en la que Stroux (1935, p. 312) quiso ver “die alte Entschuldigung dessen, der οὐκ ἐθέλων, der ἄκων frevelt”, tiene un precedente cercano en las palabras con las que Eneas se justifica ante Dido a la hora de abandonarla (Verg. A. 4.356-361):

Nunc etiam interpres diuum Ioue missus ab ipso

(testor utrumque caput) celeris mandata per auras

detulit: ipse deum manifesto in lumine uidi

intrantem muros uocemque his auribus hausi.

desine meque tuis incendere teque querelis;

Italiam non sponte sequor.

El conocimiento del designio divino que posee Eneas -quien ha visto con su propios ojos a Mercurio (ipse ... uidi, 358), enviado “por el mismísimo Júpiter” (Ioue ab ipso, 356) para exhortarlo a que deje sin dilación Cartago y ponga proa hacia Italia-9 sitúa, empero, el non sponte del héroe virgiliano en un contexto bien diferente al non sponte de Jasón. Mientras que Eneas intenta calmar la cólera de una mortal apelando a la misión que le impone el dios supremo, el Esónida pretende aplacar al dios de los mares reconociéndose víctima de una coacción humana, con lo cual se vale de una vulgar remotio in hominem allí donde el protagonista de la Eneida había esgrimido una remotio in deum.10 A diferencia de éste, el héroe de las Argonáuticas no ha recibido comunicación alguna acerca de la voluntad de los dioses con respecto a su empresa, de la que se ha hecho cargo sin hallarle más causa que el mendaz encargo de su tío (mox taciti patuere doli nec uellera curae / esse uiro sed sese odiis inmania cogi / in freta, (1.64-66). La confrontación de estos dos discursos pone, pues, de manifiesto el modo en que Valerio distorsiona el modelo virgiliano, enfrentando al non sponte sed iussu Iouis de Eneas el non sponte sed iussu Peliae de Jasón.11 Difícilmente se podría confrontar de manera más chocante el supremo designio divino que rige la acción de la Eneida con la desnuda motivación humana que encontramos al comienzo de las Argonáuticas, cuando a las malas intenciones de Pelias con respecto a su sobrino se opone el afán de gloria de éste sin que los deseos de uno y de otro queden subsumidos en un plan divino que los trascienda.12 Tanto Eneas como Jasón se reconocen, sí, como héroes forzados, pero la fuerza que obliga al primero es la de un Júpiter que actúa como garante del cumplimiento del fatum, mientras el segundo debe obedecer las órdenes de un tirano.13 En consecuencia, el héroe de Flaco ha exteriorizado en su plegaria a Neptuno un pesimismo que resulta más trágico que épico,14 si consideramos que es ingrediente fundamental del epos la teleología de signo positivo que informa la Eneida. Y no otra parece ser la percepción del Esónida cuando, una vez realizados los ritos sagrados que siguen a su invocación a Neptuno, se dirige a los Minias para infundirles ánimo.

La arenga tiene lugar después de que las llamas del fuego sacrificial hayan sido leídas por los profetas Mopso e Idmón. El primero ha podido columbrar algunas de las penalidades por las que habrán de pasar los argonautas -como son el rapto de Hilas, el pugilato entre Pólux y Ámico, las pruebas que impondrá Eetes a Jasón en la Cólquide y el filicidio que cometerá Medea en Corinto (1.217-226)-, y lo ha hecho durante el transcurso de una visión pavorosa a la que el segundo se ha limitado a poner, de un modo más bien vago, el contrapunto optimista (praeduri plena laboris / cerno equidem, patiens sed quae ratis omnia vincet, 235-236).15 Inmediatamente, Jasón apostrofa a sus hombres en un tono que poco tiene que ver con el que ha empleado para suplicar a Neptuno (1.240-251):

Vix ea fatus erat iungit cum talia ductor

Aesonius: «Superum quando consulta uidetis,

o socii, quantisque datur spes maxima coeptis,

uos quoque nunc uires animosque adferte paternos.

Non mihi Thessalici pietas culpanda tyranni

suspective doli: deus haec, deus omine dextro

imperat; ipse suo uoluit commercia mundo

Iuppiter et tantos hominum miscere labores.

Ite, uiri, mecum dubiisque euincite rebus

quae meminisse iuuet nostrisque nepotibus instent.

Hanc uero, socii, uenientem litore laeti

dulcibus adloquiis ludoque educite noctem».

Poniendo otra vez de manifiesto sus dotes oratorias, tan alejadas de las exclamaciones inconexas de Mopso como del laconismo de Idmón, el Esónida pronuncia ahora una cohortatio imperatoria (Zissos 2004b: 33) que constituye un curioso ejemplo de discurso del genus deliberatiuum. Respecto de la plegaria elevada poco antes por el héroe a Neptuno, informada por la retórica de la remotio propia del genus iudiciale, esta nueva oración se propone expresamente como palinodia (non mihi Thessalici pietas culpanda / tyranni suspectiue doli, 244-245), de modo que Pelias se ve sustituido como motor principal de la acción épica por el dios al cual la Eneida -y el propio Eneas al excusarse ante Dido- asignaba este papel: deus haec, deus omine dextro / imperat (245-246). El tirano ha impuesto a su sobrino la busca del vellocino de oro con la intención de librarse de él, pero este utile malvado es subsumido por un utile superior que es la apertura del tráfico marítimo, querida por el sumo Júpiter (ipse suo uoluit commercia mundo / Iuppiter, 246-247).16 Podría, pues, pensarse que, en este punto del relato valeriano, el viejo mito de los argonautas ha quedado adaptado al modelo de motivación épica virgiliano,17 si no fuera porque, una vez más, la confrontación de la oratio del Esónida con la oratio de Eneas que le sirve de modelo viene a poner de manifiesto las diferencias. Se trata, en este caso, de la arenga que dirige el protagonista de la Eneida a sus compañeros una vez que, pasada la tempestad desencadenada por Juno, han arribado a las costas de Libia (A. 1.198-207):

O socii -neque enim ignari sumus ante malorum-,

o passi grauiora, dabit deus his quoque finem.

Vos et Scyllaeam rabiem penitusque sonantis

accestis scopulos, uos et Cyclopea saxa

experti. Reuocate animos, maestumque timorem

mittite: forsan et haec olim meminisse iuuabit.

Per uarios casus, per tot discrimina rerum

tendimus in Latium, sedes ubi fata quietas

ostendunt; illic fas regna resurgere Troiae.

Durate, et uosmet rebus seruate secundis.

Eneas puede confortar a los suyos apelando a la providencia divina (deus, 199) porque, aun en medio de los peligros (per tot discrimina rerum, 204) conoce la meta prescrita por el hado a sus peregrinaciones (tendimus in Latium, 205), que le ha sido revelada gradualmente mediante apariciones y profecías.18 En cambio Jasón, en cuya boca la tímida anticipación del recuerdo placentero de los sufrimientos pasados hecha por Eneas (forsan et haec olim meminisse iuuabit, 203) ha devenido resuelta invitación a realizar hazañas que susciten la emulación de las generaciones futuras (quae meminisse iuuet nostrisque nepotibus instent, 249), no ha recibido un solo mensaje sobrenatural que le permita postular la implicación de Júpiter en una gesta que, a ojos de Mopso, se muestra llena de riesgos (per quot discrimina rerum / expedior!, 217-218). La argumentatio del héroe valeriano, planteada ex abrupto en una alocución que carece de exordio propiamente dicho,19 estriba en la idea de que los argonautas han tenido acceso a los designios de los dioses (superum quando consulta uidetis, 241), pero nada ha revelado acerca de éstos el vaticinio optimista de Idmón, mientras que el vaticinio pesimista de Mopso ha aludido a una causalidad divina negativa, como es la oposición de las deidades del mar a la penetración del hombre en su elemento (fremere et legem defendere cuncti / hortantur, 213-214), que, lejos de dar pie a una interpretación de la voluntad celeste como la que ahora ofrece Jasón, viene más bien a corroborar los temores por él mismo expresados en su ruego a Neptuno. La identificación del presagio favorable al que apela el Esónida (omine dextro, 245) resulta, además, francamente difícil para el lector de las Argonáuticas,20 al que, a diferencia de lo que ocurría en la Eneida, el narrador no le confirma por el momento el beneplácito de Júpiter.21 A falta de dicha confirmación, se puede decir que Jasón está actuando como si fuera -o quisiera ser- Eneas, pero no que sea efectivamente un nuevo Eneas, puesto que, como ha señalado Manfred Wacht (1991, pp. 103-108) su discurso no ha servido para introducir de manera convincente en las Argonáuticas una adecuación de la motivación humana a la motivación divina como la que se daba en la Eneida.

A la arenga virgiliana sigue una apostilla del narrador mediante la cual éste nos hace saber que Eneas disimula su congoja a fin de infundir esperanza (talia uoce refert curisque ingentibus aeger / spem uultu simulat, premit altum corde dolorem, 208-209), sin que por ello comprometa la veracidad de un discurso en el que, al afirmar la legitimación divina de su aventura, no hace otra cosa que compartir con sus asendereados compañeros el conocimiento que por vías sobrenaturales se le ha transmitido.22 El narrador de las Argonáuticas se limita, en cambio, a mencionar escuetamente la reacción favorable de los Minias a la suasoria de Jasón (paretur, 252), sin preocuparse de justificar ante el lector el acentuado cambio que, entre la plegaria a Neptuno y la cohortatio, se ha producido en la actitud del héroe. Se descarga así sobre este la responsabilidad de una interpretación de la voluntad celeste que carece de fundamento objetivo, con lo que la dissimulatio atribuida por Virgilio a Eneas se inclina hacia la simulatio. Mientras que el Anquisíada, a pesar de las penalidades soportadas, se ponía en manos del designio divino que se le había ido comunicando, el Esónida postula para su expedición a la Cólquide -provocada, como él mismo ha reconocido, por el odio de Pelias- un designio divino que no ha tenido manera alguna de conocer, y que bien podría estar inventando suadendi causa. Las sospecha no es descabellada, puesto que la simulatio o fingimiento constituiría tan sólo un paso más en la carrera de un héroe que ha dado ya muestras de su aptitud para la dissimulatio u ocultación a la hora de convencer a Acasto, el hijo de Pelias, para que se una a los Minias.23

No han faltado estudiosos que, esgrimiendo los pasajes que acabamos de examinar, hayan puesto en tela de juicio el estatuto heroico de un Jasón que, como un orador poco respetuoso con la verdad, se muestra dispuesto a convencer a cualquier precio,24 ya sea el destinatario de sus habilidades oratorias un dios como Neptuno o un grupo de mortales como los argonautas.25 Mas nuestro propósito no ha consistido en fundamentar una lectura moral de las Argonáuticas poco benévola con el protagonista, sino en exponer la manera en que se exacerba en los discursos de éste la dimensión suasoria presente en los discursos de Eneas que le sirven de modelo. Esperamos, en fin, haber demostrado que Valerio Flaco, lejos de estrechar los paralelismos que pudieran aproximar entre sí a ambos personajes, ha fomentado este exacerbamiento con el propósito de poner de manifiesto la radical inadecuación de la retórica empleada por el Anquisíada a la situación en que se halla el Esónida.26 A nuestro juicio, no se trata de que el segundo sea peor que el primero bajo una perspectiva ética, sino de que debe ser necesariamente distinto bajo la perspectiva estética, literaria, de un poeta que se sabe epígono, sí, de Virgilio, pero también de Lucano, y que, en calidad de tal, es perfectamente consciente de la dificultad que entraña postular de modo no problemático la implicación divina en los asuntos humanos cuando se está intentando recomponer un universo épico que, con la enmienda a la totalidad hecha a la Eneida por la Farsalia, se había quedado sin dioses.

Notas al pie:
  • 1El presente artículo es una versión aumentada de la ponencia de igual título presentada en las III Jornadas Mexicanas de Retórica (Ciudad de México, 17-19 de abril de 2013), y se enmarca en el proyecto de investigación “Muchachos, caudillos y tiranos. La redefinición de tres personajes tipo en la épica flavia” (IA400313-2), financiado con cargo al Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT) de la Universidad Nacional Autónoma de México.
  • 2Cf. Barich 1982, pp. 16-31 y Zissos 2008, pp. LI-LII.
  • 3Mientras que tanto Apolonio (1.5-7) como Píndaro (P. 4.71-78) señalaban como causa primera de los recelos de Pelias contra Jasón el oráculo délfico que lo había exhortado a guardarse del hombre con una sola sandalia, Flaco ha preferido hablar de vagas diuum minae (1.27) que, como hemos sostenido en Río Torres-Murciano 2011, pp. 31-33, y a pesar de Gross 2003, p. 8, nota 9, no se dejan identificar fácilmente con la profecía apolínea.
  • 4El texto de las Argonáuticas de Valerio Flaco se cita por la edición de Liberman (1997-2002).
  • 5La idea de que la Argo había sido la primera nave en hacerse a la mar, enfatizada por Valerio desde el íncipit de su poema (prima deum magnis canimus freta peruia natis, 1.1), es, como han hecho ver Jackson 1997 y Dräger 1999, más romana que griega, al igual que romana es la concepción de la navegación como quiebra sacrílega del orden natural, que, según el certero análisis de Biondi 1984, se remonta a la reformulación horaciana (Carm. 1.3.21-40) del tópico que relacionaba el comercio marítimo con el fin de la edad de oro (Hes. Op. 45.236-237; Arat. 110-111; Verg. Ecl. 4.38-39; Tib. 1.3.37-40; Prop. 1.17.13-14; 3.7.29-32; Ov. Met. 1.94-96, 132-134) y halla su plasmación más acabada en los coros segundo y tercero de la Medea de Séneca (301-379, 595-669). Véase Río Torres-Murciano 2011, pp. 149-156.
  • 6Posibilidad definida por Cicerón Inv. 1.15, como sigue: Remotio criminis est, cum id crimen, quod infertur, ab se et ab sua culpa et potestate in alium reus remouere conatur. Id dupliciter fieri poterit, si aut causa aut factum in alium transferetur. Ya Lüthje 1971, p. 20, nota 4, observó que la plegaria de Jasón a Neptuno tenía visos de discurso judicial.
  • 7La tormenta marina, escena típicamente épica en cuyo presentimiento por parte del Jasón valeriano ha encontrado Zissos 1997, p. 10 “a wonderful piece of metageneric irony”, se hará realidad más adelante, cuando, a instancias de Bóreas, sea desencadenada por Eolo para hacer frente al nefas de los argonautas, en cuyo lamento colectivo se introducirá un eco de la súplica de Jasón a Neptuno (hoc erat inlicitas temerare rudentibus undas / quod nostri timuere patres, 1.627-628).
  • 8Al negar que su intento sea análogo al sacrilegio de los Alóadas —que habían apilado varios montes con el propósito de adueñarse del cielo (Hom. Od. 11.315-316)— y merecedor, por tanto, del rayo justiciero con el que Júpiter suele castigar a aquellos que desafían a los dioses (nec nunc mihi iungere montes / mens tamen aut summo deposcere fulmen Olympo (198-199), Jasón se adentra por un momento en el status quantitatis, como si fuera un reo que, siguiendo las indicaciones de Quintiliano (uidendum an inminui culpa possit, 7.4.5), intentara aminorar la culpa que se le achaca refutando la equivalencia entre tráfico marítimo y asalto al cielo establecida por Horacio (Carm. 1.3.37-40). Véase Feeney 1991, p. 333; Zissos 1997, pp. 85-87; Río Torres-Murciano 2011, p. 150.
  • 9La aparición de Mercurio no es sino el más reciente de los mensajes sobrenaturales que, con una concreción cada vez mayor, han ido dirigiendo la peregrinación de los troyanos hacia su meta. El propio Eneas se ha referido pocos versos antes a los oráculos de Apolo (345-346), consultado efectivamente en Delos (3.84-101), y a los sueños en que le habla su difunto padre (351-353), a los que podría haber añadido las apariciones de Héctor (2.268-297) y de Venus (2.589-620), el prodigio del sidus posado sobre la cabeza de Ascanio (2.679-686) —sancionado por la señal pedida a Júpiter por Anquises (2.687-704)—, las aparición de Creúsa (2.771-795), el sueño en que ve a los penates (3.147-171), el vaticinio de la harpía Celeno (3.245-257) y la profecía de Héleno (3.358-462).
  • 10El trasfondo forense de la argumentación de Eneas, señalado por Highet 1972, p. 80, es en este punto perfectamente perceptible, aun cuando Dominik 1994, p. 70, nota 2 haya incidido en que se trata de un discurso privado y no jurídico.
  • 11No podemos, pues, estar de acuerdo con aquellos que, como Ferenczi 1995, p. 148 y Zissos 1997, p. 87, han puesto más atención en las semejanzas entre Jasón y Eneas supuestamente evocadas por el paralelismo verbal que en las ineludibles diferencias que alejan la situación del uno de la del otro, acertadamente notadas por Lefèvre 1991, p. 179; Wacht 1991, p. 113, nota 40 y Gross 2003, p. 41, nota 168.
  • 12Jasón imagina la gloria que pueda ganar merced a su gesta como un utile alternativo de la acción con la que su tío busca perderlo (1.75-78), lo cual ha hecho que, contra Schönberger 1965, p. 128, quien había definido al protagonista de la obra de Flaco como “ein gezwungen Heros”, numerosos estudiosos hayan enfatizado la autonomía del personaje, ya sea para apuntalar su heroísmo —Hull 1979, p. 381; Ripoll 1998, pp. 206-212; Gross 2003, p. 25, nota 97—, ya para cuestionar su anhelo egoísta de fama —Lüthje 1971, p. 8; Eigler 1988, p. 12, nota 12; Lefèvre 1991, pp. 178-180; Wacht 1991, pp. 108-110—. Sin embargo, la orden de Pelias —ante la cual Jasón se limita a hacer de la necesidad virtud— no deja de ser la motivación principal de la acción épica en los primeros momentos de la narración, cuando, como hemos hecho ver en Río Torres-Murciano 2011, p. 95, no hay todavía un solo dato objetivo que permita hablar de motivación divina.
  • 13De hecho, Valerio ha retratado a Pelias con los rasgos típicos atribuidos a los tiranos en la literatura imperial, y particularmente en Séneca. Véase Summers 1894, p. 55; Preiswerck 1934, pp. 439-440; Lüthje 1971, pp. 4-5; Adamietz 1976, pp. 5-8; Cecchin 1984, pp. 273-274; Scaffai 1986, p. 246; Eigler 1988, pp. 9-10; Taylor 1994, pp. 228-231; McGuire 1997, pp. 147-161; Hershkowitz 1998, pp. 105-106; Galli 2005a, pp. 135-136; Galli 2005b, p. 366; Perutelli 2007, pp. 320-321.
  • 14En efecto, ya el coro de la Medea de Séneca había recurrido a la remotio in Pelian a la hora de implorar a los dioses marinos clemencia para Jasón, aduciendo el castigo del mandante para exonerar al mandatario: Ipse qui praedam spoliumque iussit / aureum prima reuehi carina / [ustus accenso Pelias aeno] / arsit angustas uagus inter undas. / Iam satis, diui, mare uindicastis: / parcite iusso (664-669).
  • 15Mucho se ha escrito acerca de la oposición entre ambas profecías, planteada por Stroux 1935, p. 313 en términos nietzscheanos como confrontación del vaticinio “dionisíaco” de Mopso con el vaticinio “apolíneo” de Idmón. Más acertadamente, Feeney 1991, p. 317 ha sabido hacer ver cómo Valerio anticipa aquí hasta cierto punto la disparidad de las lecturas actuales de la épica romana, optimistas o pesimistas según pongan el énfasis en la gloria de la gestas heroicas o en el sufrimiento de los personajes implicados: “Nowhere in ancient epic do we have such a clear figuring of the competition between the form’s distant and near perspectives. Valerius has captured here the two poles around which, for example, discussions of the Aeneid continue to revolve; and he has deftly (too deftly, perhaps) warned his readers that he is already ahead of the difficulties they will experience later in the poem, when they try to balance the grand achieved action against the characters’ failures and disappointments”.
  • 16El lector sabrá después que Júpiter quiere, en efecto, que traben relación entre sí pueblos que hasta entonces han permanecido alejados los unos de los otros, pero el propio Saturnio establece en su profecía (1.545-554) que lo harán a través de la guerra y no del comercio pacífico previsto por el Esónida (Burck 1979, p. 233, nota 72; Manuwald 2009, p. 591).
  • 17Así han entendido el presente pasaje autores como Stroux 1935, p. 314; Adamietz 1976, pp. 14-15; Estefanía 1977, p. 10; Cecchin 1984, pp. 280-281 y Pollini 1984, pp. 58-59. Contra Wacht 1991, pp. 106-107.
  • 18No se pierda de vista que, en el momento en que dirige a sus hombres la arenga que ahora nos ocupa, Eneas ha recibido ya los mensajes sobrenaturales que él mismo recordará ante Dido en los libros II y III (cf. supra nota 9). Véase Manuwald 2009, pp. 605-606.
  • 19No son, por lo demás, habituales en Valerio —ni tampoco en Virgilio (Narducci 2007, p. 383)— los discursos estructurados en exordium, narratio, argumentatio y peroratio, partición que Barich 1982, p. 30, nota 48 encuentra sólo en Val. Fl. 5.471-518.
  • 20Este intrigante omen ha sido identificado por varios estudiosos —Lüthje 1971, p. 20; Schubert 1984, p. 182; Lefèvre 1991, p. 178; Gärtner 1994, p. 260; Fuhrer 1998, p. 19, nota 24— con el auspicio del águila recibido por Jasón al planear el rapto de Acasto, hijo de Pelias (1.156-160), mas no tiene sentido que el Esónida se remita aquí a un prodigio desconocido por los argonautas y estrechamente ligado a su plan secreto para embarcar a su primo en la Argo. Tampoco es plausible la lectura de Dräger 1993, p. 346, 371; 1998, p. 208; 2003, p. 567, según la cual Jasón estaría evocando oráculos recibidos por él en Delfos y en Dodona que, aunque recogidos en otras fuentes, no han sido mencionados abiertamente por Flaco. Más razonable parece seguir a Gross 2003, p. 59 en la idea de que el Esónida entiende como omen dextrum la llama del fuego sacrificial, leída de modo optimista por Idmón (1.235), a condición de que se tenga en cuenta que tal interpretación no iría más allá de la mera intuición del protagonista, como bien han señalado Schubert 1984, p. 184 y Manuwald 1999, p. 170. En Río Torres-Murciano 2011, pp. 181-183 hemos estudiado la filiación intertextual de este omen, presagio que no es fácil de hallar en las Argonáuticas pero que tiene notables precedentes en Píndaro (P. 4.197-200) y en Virgilio (A. 1.692-694).
  • 21Mientras que en la Eneida el relato de la entrevista de Venus con Júpiter (1.223226), mediante el cual confirma el narrador que el dios supremo favorece la empresa de los Enéadas, se introduce poco después de la arenga que estamos estudiando, Valerio Flaco retarda hasta la segunda mitad del libro I (498-573) el concilio divino durante el cual el Saturnio hace saber que ha sancionado la apertura de los mares por obra de los argonautas, sanción de la que nunca tendrá el Esónida conocimiento efectivo a través de mensajes sobrenaturales.
  • 22Es este un pasaje en el que, siguiendo la famosa teoría de las “dos voces” de Eneas propuesta por Parry 1963, podría decirse que la voz pública del ductor se impone animosamente a la voz privada, doliente, del individuo.
  • 23Después de haberse entregado a una reflexión privada pesimista acerca de las posibilidades de éxito de la nave Argo (1.150-155), Jasón le ha pintado a Acasto el viaje con tintes resueltamente optimistas (1.164-173).
  • 24Esta crítica del oportunismo y de la mendacidad del Esónida valeriano, que se remonta a Lüthje 1971, pp. 21-22, ha hallado su más acabada expresión en Lefèvre 1991, pp. 177-178. Contra Manuwald 2009, p. 591.
  • 25Huelga decir que, al adaptar tanto la argumentación como el tono general de sus discursos a los destinatarios de éstos —ora un numen airado, ora unos héroes animosos—, Jasón no hace otra cosa que observar cuidadosamente los preceptos de un arte, la retórica, cuyo norte es la audiencia.
  • 26Estamos, pues, en desacuerdo con Barich (1982, p. 122-123), quien, a propósito de la evidente relación entre las dos arengas recién estudiadas, ha afirmado lo siguiente: “In comparing them, the reader gains insight into Valerius’ compositional technique by noting how Vergilian material has been adapted to a new context, but this observation seems of little relevance to what is taking place in the narrative. Valerius does not grapple with Vergil’s poetic ideas, as Vergil does with Homer’s; instead, he only borrows them, with some stylistic development. To this point in his narrative, at least, Valerius’ relationship with Vergil seems to be something assumed, rather than something that the poet is endeavoring to establish”.
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Historial:
  • » Recibido: 23/04/2013
  • » Aceptado: 18/09/2013
  • » Publicación digital: 2013

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