Publicado 2022-03-22
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Resumen
La mise en roman de textos clásicos grecolatinos —realizada como parte del plan político y cultural de los Plantagenet (siglos XII-XIII)— ha sido estudiada por la crítica en sus diferentes aspectos de contenido y forma, entre los que destaca la medievalización de la tradición clásica. Las particularidades de ésta conllevan una serie de mecanismos y estrategias narrativas que buscaban acercar las historias de Homero, Virgilio y Estacio al público de las cortes medievales. Lo anterior es notable con la medievalización de la diosa Fama, quien es materializada en el fenómeno social del rumor. Así lo observo en el Roman de Thèbes, cuyo autor anónimo echa mano de éste como leitmotiv que, además de permitir cambios lógicos en la trama, ofrece una importante enseñanza a su público, especialmente a aquellos que ostentan el poder: no permitir que el rumor transgreda el orden y desestabilice la jerarquía política. Para evidenciar lo anterior, ofrezco tres ejemplos paradigmáticos del texto en los que subrayo el alcance narratológico del rumor como leitmotiv y sus implicaciones sociopolíticas.
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Introducción
El rumor ha permeado con sus murmullos la literatura desde la Antigüedad, trayendo fama e infamia a los personajes que la protagonizan. Sin embargo, fue durante el Medievo que este conjunto de voces anónimas adquirió una verdadera fuerza motora en la estructura de algunos textos, como puede verse ejemplarmente en el Roman de Thèbes y que hasta el momento no ha sido estudiado por la crítica. Así pues, a lo largo del presente trabajo, demostraré cómo el rumor se convierte en un verdadero leitmotiv en la mise en roman de la Tebaida de Estacio y cómo sus implicaciones resuenan además en el ámbito extratextual inmediato que lo enmarca y motiva a su vez. Para conseguir esto, primeramente, determinaré qué entiendo tanto por los conceptos de motivo y leitmotiv, como por el de rumor, con especial atención en su presencia en algunos textos medievales. Finalmente, me detendré en el análisis de pasajes centrales del Roman de Thèbes en los que observo la manera en que el rumor funciona como un leitmotiv que, además de estructurar y ofrecer verosimilitud a la sucesión de los hechos en el relato, extratextualmente advierte a la autoridad de los efectos perniciosos que tal fenómeno social puede provocar dentro de una corte.
Observaciones sobre el motivo y el leitmotiv
En su Diccionario de términos literarios, Demetrio Estébanez Calderóndefine motivo como “unidad mínima en que pueden descomponerse los elementos constituyentes de la fábula o el tema de una obra narrativa o dramática”. Y agrega: “Cuando un motivo concreto aparece de forma recurrente a lo largo de una obra puede constituir lo que se denomina como leitmotiv” (s. v. motivo). Pese a la sencillez y claridad ofrecida por Estébanez, la definición de motivo —del que depende sustancialmente aquella de leitmotiv—1 ha sido el origen de numerosas reflexiones por parte de la teoría literaria desde el siglo XIX. Los excursus realizados por los críticos Enrique Margery Peña y Cesare Segre, además de dar cuenta de esto, han puesto en evidencia la forma poca precisa e incluso contradictoria con la que éste se ha abordado (Margery, “Sobre el ‘motivo literario’”, 3-19; Segre,Avviamento all’analisi del testo letterario, 102-119), principalmente con su relación y confusión con otros términos críticos, entre los que destaca el de tema.2
Aun con las precisiones que quedan por hacer, es indudable que los teóricos, a partir de los principios formalistas de Tomachevski y folcloristas de Propp, entre otros, han llegado a una serie de acuerdos que se ven parcialmente reflejados en los diccionarios de términos y manuales de análisis literarios.3 Ahora bien, para el presente trabajo, enfatizaré algunas de estas convergencias, ya que son importantes para comprender por qué el rumor es primero un motivo y luego un leitmotiv en el Roman de Thèbes.
La primera de ellas obedece a que el motivo, en concordancia con su etimología, es una fuerza impulsadora (Margery, “Sobre el ‘motivo literario’”, 18).4 En otras palabras, es el origen de una serie de decisiones y acciones por parte de los actantes, que ayuda al continuum de la narración (Segre,Avviamento all’analisi del testo letterario, 100-101). En segundo lugar, comparto la opinión de Pimentel (“Tematología y transtextualidad”, 216-217) y de Vallès-Botey (“El motivo literario”, 240), y considero que el motivo se caracteriza principalmente por su recursividad. Por tal motivo, se asocia a una situación estereotipada, basada en constantes antropológicas.5
Finalmente, sigo las clasificaciones de Tomachevski y estimo que el rumor es un motivo asociado y dinámico. En otras palabras, la trama no puede hacer menos de éste, lo cual se ve reflejado en una acción. A estas divisiones aúno la realizada por Margery entre motivo principal y secundario, cualidad que “no es de ningún modo inherente a cada motivo, sino que se constituye una propiedad deducida siempre de la obra en cuyos contenidos se manifiesta” (“Sobre el ‘motivo literario’”, 23).6
Con base en esto, se verá que en el Roman de Thèbes el rumor es un motivo imprescindible basado en una acción humana específica y común —prevalente aún en nuestros días bajo la etiqueta de “chisme” —. Por otra parte, dependiendo de su importancia, éste pude ser principal o secundario, puesto que su presencia constante a lo largo de la historia lo convierte en un leitmotiv que resuena con mayor o menor fuerza. Ahora bien, para comprender cabalmente su función textual y moral, me parece pertinente revisar sucintamente la concepción del rumor en la época clásica y medieval, y su relación con la Fama.
Observaciones sobre el rumor en la tradición medieval
En palabras de Hans-Joachim Neubauer, los rumores:
sólo existen como acontecimientos colectivos y efímeros desde el momento en que son comunicables. Toda poética e historia cultural del rumor encierra por lo tanto una inevitable contradicción: el mensaje oral transmitido está siempre ligado a la actualidad y a la palabra dicha, por lo que el relato incontrolado perdura sólo en aquello en que no es idéntico a sí mismo: en los textos y testimonios escritos o de otra clase. De ahí se deriva la particular relación que mantiene la figura conceptual del ‘rumor’ con el contexto del que procede (Fama. Una historia del rumor, sin número de página).
Con base en estas observaciones se puede delimitar un par de consideraciones con respecto al rumor.
En primer lugar, los rumores son mensajes que se transmiten oralmente y tienen una condición de actualidad; y, segundo, su carácter colectivo y efímero los vuelven tanto anónimos como inestables. Por lo tanto, la veracidad del rumor siempre está en entredicho, ya que no hay una autoridad que avale la noticia que transmite y, además, ésta muta constantemente al no tener un medio estable de difusión. Se percibe ya el potencial peligro que puede traer la propagación de un rumor, mismo que se intensifica si se considera el ambiente y el tipo de contenido que esparce.
Ahora bien, la reflexión de Neubauerevidencia también que, por su propia naturaleza variable, el concepto de rumor depende de la época. A partir de esto y con el fin de observar los diferentes matices que han caracterizado al término, el literato alemán realiza un rastreo del rumor en las representaciones literarias y pictográficas desde la Antigüedad hasta el siglo XX, identificando que éste se encuentra en una relación importante con el concepto de la fama. De hecho, la dependencia de esta última con respecto al rumor ha sido un motivo desde la epopeya griega y romana, ya que son estas voces anónimas las que diseminan la buena o la mala fama, aspecto que cobraría un nuevo significado en la Edad Media bajo el principio del honor.
Para los objetivos del presente escrito, consideraré las características generales del rumor enmarcadas con anterioridad.7 Aunado a esto —con base en la premisa de la existencia de los diferentes matices que cada época dio a dicho término—, me parece pertinente ofrecer dos ejemplos de cómo tal fenómeno era visto durante la Edad Media. En éstos, el rumor está íntimamente relacionado con la Fama, siguiendo uno de los principales modelos clásicos: la Eneida de Publio Virgilio Marón.
En el Libro IV de su poema épico, Virgilio narra la estancia de Eneas en Cartago, cuya reina, Dido, se enamora perdidamente del héroe. Ambos consuman su pasión en una cueva y, entonces, Fama esparce la noticia por toda Libia. Los versos 173-197 ofrecen una descripción, genealogía y alcance de esta diosa:
Al instante, la Fama va por las magnas urbes de Libia,
la Fama, el mal junto al cual ningún otro es más rápido;
vive en la movilidad y fuerzas adquiere marchando;
parva por el miedo primero, luego se eleva a las auras
y anda en el suelo y la cabeza entre las nubes esconde.
Por ira hacia los dioses la madre Tierra irritada
-última hermana, como cuentan, para Ceo y Encélado-,
la engendró, célere por los pies y las alas veloces,
monstruo horrendo, ingente, que cuantas plumas tiene en el cuerpo,
tantos ojos en vela; debajo (de decir admirable)
tantas lenguas; cuantas bocas suenan, yergue tantas orejas.
De noche vuela, en medio del cielo y la tierra, en la sombra,
estridente, y no entorna en el dulce sueño los ojos;
espía, en la luz, se sienta, o del sumo techo en la cumbre
o en las altas torres, y a magnas urbes aterra a menudo:
tan tenaz de falsía y error cuanto de verdad, mensajera.
Ésta entonces, con voluble discurso, a los pueblos colmaba
gozando, y a la par hechos y no hechos cantaba:
que había venido Eneas, de troyana sangre crecido,
al cual varón la bella Dido unirse dignábase;
ahora, en el lujo, entre sí, el invierno cuan largo es fomentaban,
olvidados de sus reinos, y de un ansia torpe cautivos.
Esto, doquier, la diosa horrenda difunde en bocas de hombres.
Sin parar, tuerce hace Jarbas el rey los caminos,
y enciende con dichos su ánimo y amontona sus iras (Eneida, IV, vv. 173-197, énfasis mío).8
La Fama, engendrada por la Tierra con un sentimiento de ira, es una diosa temible y nefasta, mensajera infatigable de todo lo que ve y oye, sin importar si es verdadero o falso. Sin embargo, es notable que la abstracción de este “monstruo horrendo” y divino se distancia del rumor diseminado por los seres humanos. De hecho, me parece que el verso 195 —el cual conforma una oración en sí mismo— da cuenta del fenómeno social como una herramienta propia de la Fama: la “diosa horrenda difunde en bocas de hombres” la unión carnal entre Dido y Eneas.
El paso de “boca a boca” es fundamental para comprender cómo se materializa y humaniza la divinidad de la Fama. De esta manera, el rumor adquiere características particulares, entre las que destaca su durabilidad en el tiempo, aspecto con el cual Simone Pinet distingue la una del otro: “Fama and nombradía have their stakes in the future and in longevity, while rumor’s investment is in the immediate” (“Rumor and noise”, 42). A lo anterior cabría agregar que su inmediatez permite observarlo como motivo, pues gracias al paso de “boca a boca”, Zeus —por medio de Jarbas— motiva que Eneas siga su viaje.
Siglos más tarde, durante la Edad Media, se recuperaron varias características de la Fama virgiliana, aunque matizadas. Así, el encuentro sexual entre Dido9 y Eneas es medievalizado en la mise en roman el Roman d’Enéas —Libro d’Eneas— y una vez que éste se culmina, se afirma:
Por el país va corriendo el rumor [fame] de que Eneas la ha deshonrado. El rumor [fame] es un ser extraño, que nunca descansa ni está quieto. Mil bocas tiene para hablar, mil ojos, mil alas con las que volar, mil oídos para escuchar cualquier novedad que pueda extender. Siempre está al acecho. No importa si sabe poco o mucho del asunto, pues convierte en grande la noticia pequeña y, a medida que la difunde, la hace aún mayor. Tanto de lo falso como de lo verdadero, hace de pequeños cuentos grandes historias, llenándolos de tantas mentiras que parecen sueños, y tanto lo va multiplicando que al final no queda nada de verdad. Al principio habla con prudencia y a escondidas y, según se va divulgando, el rumor se eleva de tono hasta descubrirse completamente (Libro d’Eneas, 81-82, ll. 1539-1566).10
Este ser monstruoso, que todo lo oye y todo lo ve, no discrimina historias por su importancia o veracidad, a todo le da voz con sus mil bocas, volviéndolo grande y lleno de mentiras. Se reitera la desconfianza, el horror y el cuidado que provocaba la Fama virgiliana, pero sin su divinidad —nótese que desaparece cualquier alusión a la genealogía divina de la diosa—. Además, es innegable su papel dentro del texto para motivar el desprestigio y el deshonroso suicidio de Dido.
Por otro lado, en “La casa de la Fama”,11 Geoffrey Chaucer ofrece una interesante visión sobre el rumor. Aquí el término se funde con el de la Fama alegorizada en un espacio que recibe todas las palabras y sonidos —el rumor— del mundo gracias a fenómenos naturales explicados por un águila al poeta durante su viaje onírico. El personaje menciona lo siguiente:
Te he explicado, si te has enterado, cómo la palabra o el sonido por su naturaleza intrínseca tiende a moverse hacia arriba —esto te lo he probado perfectamente por la experiencia—, y ese mismo lugar al que todas las cosas tienden a ir tiene su particular localización, lo que prueba, sin duda, que la morada natural de todas las palabras, de todos los sonidos, sean buenos o malos, se encuentra en el aire […]. Y este lugar del que te hablo, allí donde la Fama quiere morar siempre, está situado en medio de los tres: el cielo, la tierra y el mar, donde mejor se conserva el sonido. Luego ésta es mi conclusión: que cada palabra de cada hombre, como te he dicho al principio, se eleva siguiendo su tendencia natural hasta el lugar de la Fama (89-90).
Nuevamente la indiscriminación de recoger todas las palabras —los rumores—, sin importar su proveniencia o si son verdades o mentiras se pone en evidencia. En este caso, además, se vuelven determinantes para la creación de un bien más preciado que la vida en la Edad Media: la Fama.
Si se toma en cuenta que estos textos tenían una finalidad didáctica, es fácil imaginar su interpretación: alertar al individuo sobre el “qué dirán” y cómo puede ser beneficioso o perjudicial para la honra individual, con consecuencias incluso mortales. Esto, por supuesto, visto bajo un plano alegórico, el de la Fama. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando este fenómeno se materializa en la corte y en el campo de batalla como el “boca a boca” de la Eneida? Es justo lo que revisaré a continuación en el Roman de Thèbes, en donde la Fama deja de ser una diosa temible o un laberinto alegórico, para convertirse en el fenómeno social del rumor, del cual se explota su capacidad para mover los ánimos y decisiones de los personajes, convirtiéndolo en un leitmotiv estructural, cuya intención es enfatizar sus peligros.
El rumor en el Roman de Thèbes
Como consecuencia del programa cultural impulsado por la dinastía Plantagenet, durante los siglos XII y XIII se concretó la mise en roman de la matiére antique; es decir, las traslationes de textos clásicos latinos a la lengua vulgar predominante en la corte de Enrique II: el anglonormando. El Roman de Thèbes, el Roman de Troie y el Roman d’Eneas conforman las piedras angulares de dicha vulgarización y divulgación de las auctoritates —principalmente las de Estacio, Homero y Virgilio, respectivamente— y se convierten en puntos de referencia para las tradiciones literarias europeas.
De estas obras, el Roman de Thèbes, a partir del exhaustivo trabajo filológico de Léopold Constans a finales del siglo XIX,12 ha llamado particularmente la atención de la crítica que se afanó por continuar el trabajo ecdótico de la compleja tradición textual, así como en descubrir las fuentes del traductor anónimo, para develar el funcionamiento de los diversos métodos empleados en la vulgarización, entre los que destaca la medievalización de la tradición clásica.13 El análisis de elementos que sufren dicho proceso permite al crítico comprender tanto las necesidades y rituales de la época como dilucidar los métodos políticos y religiosos con los que se educaba sentimental y socialmente a los miembros de las cortes medievales, principalmente la de los Plantagenet.14 Entre estas enseñanzas, me detendré en las que se refieren al rumor y cómo éste se configura en un leitmotiv estructural que advierte extratextualmente a la autoridad sobre sus alcances. Para demostrar tal hecho, me centraré únicamente en tres episodios fundamentales, a pesar de que son numerosos los momentos en los que este motivo está presente y cuyos efectos varían notablemente, lo que lo vuelve ora principal ora secundario.
a) El rumor en la corte de Fócide
Como han notado sus diferentes editores y críticos, el Roman de Thèbes no sigue su hipotexto latino y realiza una amplificatio al inicio de la narración para dar cuenta de la historia de Edipo.15 Ésta, además de explicar los antecedentes de la guerra entre Eteocles y Polinices —clara función textual—, cumple el objetivo moralizante de advertir al público sobre el determinismo y el repudio hacia el incesto (Gracia, “Introducción”, 9-10).16 Es justo aquí cuando el rumor aparece por primera vez como motivo.
Edipo, salvado por el rey de Fócide y tratado como si fuese su propio hijo, despierta la envidia de los servidores del rey, lo que crea una situación de crisis en la corte de Fócide, pues ven en el extranjero a un enemigo del orden político y comienzan los murmullos:
Se os encontró en el bosque, expulsado de otra villa, de otra ciudad. Este no es vuestro reino, sino que nacisteis en otro lugar. Estos no son vuestros parientes, de los que podríais tener protección; no tenéis aquí padre ni madre, tampoco primo, hermana o hermano. Os habéis enorgullecido demasiado cuando ni sabéis dónde habéis nacido; pero la puta que os colgó del roble, os lo dirá (33).17
Este diálogo colectivo representa a “Todos los servidores de la casa” (33; “Tuit li serjant de la meson”, v. 149), no es por tanto una sola voz que pueda ser identificada y a la que se le pueda cuestionar y exigir una réplica.
Lo anterior es un rumor de agresión con un individuo como objetivo.18 Para esto, se parte de una verdad que se va distorsionando con mentiras por medio de omisiones y adiciones de detalles para perjudicar y difamar al príncipe tebano, el cual, efectivamente, no pertenece a Fócide y fue abandonado en un árbol. Sin embargo, se modifican los motivos para agredir moralmente al objeto del rumor, al que llaman “hijo de puta”. No se sabe si estas imprecisiones se deben al desconocimiento de toda la situación o a una manipulación hecha adrede. En realidad, poco importa esto ante la relevancia que dichos murmullos adquieren al enunciarse como una verdad objetiva.
Pese a lo anterior, Edipo no puede terminar de creer en lo que dicen de él, porque pone en juego su honra. Es un rumor fértil que provoca ansiedad en el individuo.19 De hecho, Edipo no “sabe qué decir ni qué hacer para rebatir a los muchachos; no puede beber ni comer, tampoco sabe cómo vengarse” (33),20 y finalmente la incertidumbre lo impulsa a salir de Fócide para preguntar a Apolo sobre su origen, sobre la credibilidad de dicho rumor. El dios del oráculo que “da respuesta en una gruta a cualquier cosa que se dude” (33)21 termina de mover los engranajes que el rumor esparcido por los servidores había ya puesto en marcha. Se desatan entonces la serie de pecados que marcará fatídicamente el destino de la ciudad de Tebas.
La introducción del rumor en este hecho inaugural me parece clave para comenzar a entenderlo como leitmotiv en la obra, porque, al lado del destino, éste se convierte en uno de los principales motivos que desencadenan no sólo la tragedia incestuosa entre Edipo y Yocasta, sino la mismísima guerra fratricida, es decir, de todo el argumento del roman. En otras palabras, es un motivo asociado, dinámico y, en este caso, principal, ya que justifica estructural, lógica e incluso psicológicamente las razones por las que Edipo sale de una corte en donde era caballero y protegido del rey. Se mantiene así el continuum lógico de la diégesis y las acciones del actante (Segre,Avviamento all’anilisi del testo letterario, 119).
b) El rumor en la corte de Tebas
El desarrollo del leitmotiv rumor en el episodio que analizaré a continuación comparte algunas de las características antes mencionadas: es un motivo asociado y dinámico, pero no es principal. Sus alcances no son tan determinantes en el desarrollo del argumento, pero sí enfatiza los alcances perniciosos que un rey puede experimentar a causa del rumor y no sólo esto. El fragmento ejemplifica cómo el fenómeno social puede nacer también de los mismos errores cometidos por el líder político.
Tideo, príncipe de Calidón, esposo de Deípile —hija del rey Adrastro— y aliado de Polinices, se convierte por voluntad propia en el mensajero que recuerde a Eteocles que debe ceder el trono de Tebas a su hermano, puesto que el año acordado está por vencerse. Consciente de los acontecimientos que se han desarrollado en la corte de Adrastro —gracias a un rumor—,22 Eteocles desea mostrar su fuerza y en consecuencia manda matar en un acto desleal a Tideo. Los hechos y el destino favorecen al aliado de Polinices, quien asesina a numerosos nobles de la corte de Tebas y perdona la vida a uno de ellos que manda de mensajero. Éste cumple su misión y se da muerte en la corte de Eteocles como forma de mostrar su honor ante la felonía de su rey. Tanto el mensaje oral como la acción del mensajero se esparce en toda la ciudad y trae consecuencias negativas:
La sangre brota con tal violencia que ensangrienta completamente al rey y a los barones que están cerca, dejando sus briales manchados de sangre. Después salen y divulgan las noticias, que no son buenas ni gratas.
Cuando la noticia se divulga, todo el mundo habla en la calle de ello pues, una vez en las calles, ya no se puede ocultar […].
Caballeros y burgueses, villanos y cortesanos, acusan al rey de traición y dicen que es justo que rinda cuentas por lo ocurrido. Juntos van ante el rey y le preguntan, alarmados, qué ha hecho con sus seres queridos y dónde pueden ir a buscarlos, a qué país (66).23
Aquí no hay una manipulación de la verdad como ocurrió con Edipo. No se dice en ningún momento que durante el intercambio se cambie el mensaje, sólo que las noticias no “son buenas ni gratas”. Esto podría hacer dudar de su valor como rumor; sin embargo, posee otras dos características importantes: el mensaje se transmite anónimamente —es primero un conjunto representado por los barones del rey y después por toda la ciudad, caballeros, burgueses, villanos y cortesanos—, cuya voz colectiva transmite la infamia del rey, y pone en entredicho su honor, exigiendo justicia. Este rumor —que podría llamarse objetivo, en tanto fiel a la noticia original— provoca que “más de trescientas mil personas” se movilicen y con esa fuerza incluso los burgueses y villanos, que tan poco papel tienen en la historia,24 pueden hacer escuchar su voz y sus quejas ante Eteocles. Se pierde entonces incluso la distancia entre los diferentes estamentos y se conforman como una unidad, pues el rumor tiene un importante poder de cohesión entre individuos incluso dispares (Los rumores, 57).
El peligro que el rey corre en ese momento es innegable: toda Tebas está en su contra, pues no ha podido ocultar o manejar la noticia y por ello debe ceder a la petición de su pueblo sin mostrar su soberbia e iracundia tan características. El rumor, como un enorme eco, ha expuesto los errores del mandatario, ante lo cual sólo puede señalar “el valle donde yacen muertos los valientes” (66) (“le val / ou gisoient mort li vassal”, vv. 1987-1988). Su acción tranquiliza al pueblo y puede continuar su mandato, por lo que este rumor en específico no tiene más repercusiones en la trama como el anterior. No obstante, es innegable que el rey que escuchara este fragmento debió comprender la amenaza latente en ese conjunto de voces rebeldes y exigentes. Diegéticamente, el rumor podrá tener un papel secundario en este pasaje, pero su importancia extratextual es indiscutible.
c) El rumor en el Olimpo
La intensidad que adquiere el leitmotiv rumor en este último pasaje es muy similar al anterior, pero el ambiente es diferente ya que pasa a un plano divino. El rumor llega a la corte del Olimpo precedida por Júpiter, en donde los dioses comienzan a dividirse entre el bando tebano y el griego, cuya lucha llega a un punto crítico después de que ambos han perdido guerreros importantes.
Los dioses de quienes depende toda Grecia estaban, junto con los de Tebas, arriba en el aire, con su maestro —el señor Júpiter— para preguntarle su parecer sobre aquella guerra y saber si sería posible la paz, ya que lo tenían por su señor […]. Sin embargo, en grupos de dos o tres discrepan en secreto. Discuten por su pueblo; les pesará mientras vivan. Ciertamente preferirían morir como el resto de la gente; preferirían morir y con la muerte dar fin a su dolor —perder el entendimiento y la sabiduría— que vivir por siempre sumidos en el dolor. Surge entre ellos una grave discordia que no se concilió rápidamente; pero que cada cual cesa para que su señor no monte en cólera. Júpiter les amonesta y reprende, y les explica claramente la cuestión; les dice que el destino de las cosas no lo pueden cambiar la nieve ni las heladas (203-204).25
El rumor en este caso no permea calles de una ciudad entera pero su presencia en “grupos de dos o tres” separa y crea discordia entre los dioses.
En esta ocasión, no es un solo mensaje el que se transmite, sino varios que se hacen en “secreto” y cuyo contenido se desconoce, aunque se sabe que son opuestos entre ellos —incluso entre los mismos dioses de Tebas o Atenas—. Se puede suponer, por tanto, que los mensajes son opiniones sobre la situación de la guerra, sobre cómo se debería de proceder. La reunión, que había sido para conocer el parecer de Júpiter y solicitar la paz entre ambas ciudades, pierde su objetivo por los rumores, mismos que deben ser detenidos por aquel al que consideran su señor: Júpiter. Éste, a diferencia de Eteocles, no cede dócilmente a las peticiones de sus súbditos, sino que impone su voz sobre el resto con firmeza y autoridad: el trágico destino de ambos ejércitos ya está trazado y nada cambiará su curso.
Por tanto, el leitmotiv rumor es aquí también un motivo asociado y dinámico, pero también podría considerarse que es indirectamente principal, pues al silenciarlo y detener sus efectos perniciosos en la corte de Júpiter se termina de definir el final de la guerra entre griegos y tebanos. Expuesto de otra forma, el motivo del destino —representado por Júpiter— se impone sobre el del rumor —visto en el resto de los dioses—. De lo anterior, resulta iluminador que la tarea de silenciar el rumor para terminar con la discordia y preservar el destino y el orden recae única y exclusivamente en Júpiter, el señor de la corte del Olimpo a quien temen los demás dioses. Así, mientras el episodio del rumor en la corte de Tebas alerta del peligro inminente del rumor a los reyes, Júpiter les sirve de ejemplo sobre cómo actuar ante éste.
En suma, con diferentes tonalidades a lo largo del Roman de Thèbes, el leitmotiv rumor avisa de los peligros y de las formas en las que el gobernante debe tratar con un fenómeno social común en las cortes. A esto es importante agregar cómo todos los elementos medievalizados construyen una diégesis con la cual el individuo medieval y, más aún, los señores medievales se sintiesen identificados. De tal guisa, tanto Enrique II como todos los reyes y señores feudales que escucharan el roman podían comprender cómo el rumor era un fenómeno presente no sólo en las cortes de Fócide, Tebas o incluso de Júpiter, sino también en las propias y cómo debían imponer su autoridad para evitar que éste moviera tanto a los nobles como al mismo pueblo en su contra.26
Citas
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