Pedro García-Caro. After the Nation. Postnational Satire in the Works of Carlos Fuentes and Thomas Pynchon. Nota preliminar de Jean Franco. Evanston, Illinois: Northwestern University Press, 2014.

Contenido principal del artículo

Daniel Castañeda García

Resumen

After the nation es un trabajo de literatura comparada1 que parte de algunos postulados básicos de la teoría o la sociología de la posmodernidad, sobre todo de aquellos que predican la caída de los grandes relatos de la modernidad (Jean-François Lyotard, La condición posmoderna). Su cometido principal es caracterizar a dos autores, mexicano uno, estadounidense el otro, como ejem- plos paradigmáticos de lo que el autor denomina “sátira postnacional” (post- national satire). 

Detalles del artículo

Cómo citar
Castañeda García, D. (2015). Pedro García-Caro. After the Nation. Postnational Satire in the Works of Carlos Fuentes and Thomas Pynchon. Nota preliminar de Jean Franco. Evanston, Illinois: Northwestern University Press, 2014. Literatura Mexicana, 26(2), 139-143. https://doi.org/10.19130/iifl.litmex.26.2.2015.794
Sección
Reseñas

After the nation es un trabajo de literatura comparada1 que parte de algunos postulados básicos de la teoría o la sociología de la posmodernidad, sobre todo de aquellos que predican la caída de los grandes relatos de la modernidad (Jean-François Lyotard, La condición posmoderna). Su cometido principal es caracterizar a dos autores, mexicano uno, estadounidense el otro, como ejemplos paradigmáticos de lo que el autor denomina “sátira postnacional” (postnational satire).

Carlos Fuentes y Thomas Pynchon, dirá Pedro García-Caro, son creadores de obras que ponen en crisis justo aquello de lo que hasta ahora han sido nombrados representantes: la nación. A pesar de que tradicionalmente se piensa lo contrario, su ficción es portadora de una fuerte sátira, de una evidente parodia, de la constitución, desarrollo y mitificación del estado mexicano, por un lado, y del imperialismo de la nación estadounidense.

Para demostrar esta hipótesis de interpretación, García-Caro se vale tanto de algunas categorías de corte sociológico y literario, como del análisis de ciertas obras, tal vez las más representativas en el tema de la nación y la identidad, de Fuentes y de Pynchon.

A partir de las ideas de Eric Hobsbawm y Terence Ranger en La invención de la tradición, García-Caro realiza una deconstrucción (a la derrideana) de la idea de “nación”; ellos afirman que, más que esenciales, las tradiciones nacionales son “inventadas” (invented) y “producidas en masa” (mass produced), además de que el pasado siempre es observado como una suerte de prehistoria del presente.

La idea de fondo es la de equiparar nación con Estado, formulando toda una parafernalia discursiva para mostrar la congruencia entre uno y otro. Esta coherencia se extiende hasta el desarrollo histórico de la nación: se rescatan o ponderan todos aquellos sucesos del pasado que muestran la inevitable evolución y proyección hacia el futuro, ocultando todo aquello que salga de dicho paradigma teleológico.

En México, el cometido principal fue el cultivo y la promoción de los mitos fundacionales, que devinieron pilares inviolables de la nación, inmunes a los procesos históricos reales, que, a diferencia del nacionalismo homogeneizante, son complejos y muchas veces azarosos, heterogéneos y críticos. Lo indígena se tomó como pasado épico (ignorando su vigencia) para construir un imaginario “mexicano” por vías de lo narrativo (literatura de la Revolución) y lo pictórico (el muralismo de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco). Aun cuando los elementos de formación de “lo mexicano” fueron diversos, la mirada era hacia la creación de una identidad nacional hegemónica y centralizada, cuyos valores eran los de la industrialización y la homogeneización social, inculcados mediante los programas educativos y la lengua española (9). En torno a estas cuestiones es como García-Caro interpretará la obra de Fuentes.

En el ámbito estadounidense, la sátira postnacional se va a articular en dirección distinta. El nacionalismo en EUA se construyó a partir de la creación de discursos que lograran integrar esa masa heterogénea que eran sus habitantes, estadounidenses no por nacimiento sino por inmigración. “Americans had to be made”, afirma García-Caro recurriendo a la expresión de Hobsbawm (12). En apariencia, EUA posee una capacidad inagotable para redefinirse y para congregar en una visión las múltiples tradiciones de las que se compone. No obstante, en el fondo de esta creencia se encuentra el constante intento de oscurecer los errores históricos y el siempre recurrente repudio de otros discursos identitarios (tachándolos de regionales, arcaicos o fallidos), tratándose de erguir como una identidad hegemónica de dimensiones planetarias. Con estas miras, la historia de EUA es en realidad una manipulación discursiva de los hechos para ofrecer una visión teleológica de su curso, y así justificar sus ambiciones imperialistas y expansionistas. En la relectura que García-Caro hace de la obra de Pynchon, la crítica de dicho “American nationalist globalism” se vuelve evidente.

La estrategia que utilizarán ambos autores para deconstruir o conmover sendas construcciones nacionalistas será la “sátira postnacional”. En realidad, la mirada del autor es más amplia. Busca mostrar, sustentado en la reflexión de Mijaíl Bajtín (“Épica y novela”) que la novela como tal es un género inherentemente satírico que busca desestabilizar el género épico, con sus marcadas jerarquías sociales y sus estructuras de poder (14); que, en el caso concreto de After the Nation, se dirige hacia las épicas nacionalistas, re-narrándolas y re-actuándolas paródicamente: en sus obras, Fuentes y Pynchon “parade the voices of dissensus, the images of marginalized identities, the failed promises, the unfulfilled revolutions, and the cracks and contradictions of an impossible community […] they successively create a burnt museum of the satirized nation” (14).

Tres partes conforman el cuerpo del libro (cada una de las cuales analiza novelas concretas de ambos autores):

En la primera parte, el acercamiento es desde el escenario de la “ciudad”, que, para García-Caro, es un verdadero emblema de las contradicciones de la modernidad y, por lo tanto, de los nacionalismos mexicano y estadounidense: “[it's] a figure of modernity and its reverse, the composite location of the global modern, with its bourgeois cultural hegemonic trends, its enlightened rationalization of space and everyday life, its implied futuristic promises, but also of the many shapes of its entreched negation” (31).

En cuanto a Fuentes, la obra donde se aplica esta noción es La región más transparente (además de una breve mención a “Chac Mool”), y principalmente al personaje de Ixca Cienfuegos y, en segundo plano, Manuel Zamacona. En este caso, la ciudad de México es el espacio donde convergen críticamente las distintas capas de la historia, lo que resulta en un recuerdo constante de los proyectos fallidos de la modernidad, de su desarrollo inequitativo y de las omisiones o represiones en busca de homogeneidad.

En tanto Pynchon, la obra en que practica la exégesis es V., lo cual no evita que aborde otras novelas (Against the Day) y cuentos tempranos (varios de los contenidos en Slow Learner). Los personajes que desfilan por este análisis son varios, amén de algunos arquetipos que en la obra de Pynchon funcionan como antihéroes satíricos y subversivos, a saber, el cowboy y el judío errante. Principalmente se centra, empero, en Benny Profane, el padre Fairing y Herbert Stencil, así como en esa extraña entidad que es V. Aquí el escenario es Nueva York, cuyas alcantarillas (llenas de ratas y cocodrilos mutados) funcionan como un espejo paródico del “esplendor” de la ciudad: muestra la cara oculta de EUA, aquella que comparte en brutalidad y violencia con el colonialismo occidental. La posibilidad de que dicho submundo invada la ciudad es inminente.

La segunda parte revisa detalladamente en tres novelas (dos de Fuentes, una de Pynchon) la configuración mundial en el marco de la Guerra Fría; especialmente reflexiona sobre el fascismo (totalitarismo ideológico y cultural) que existe en el capitalismo (con autores emblemáticos de la Escuela de Frankfurt, mayormente Herbert Marcuse en Eros y civilización y El hombre unidimensional). En este panorama, el sujeto (que se ha convertido en consumidor) es incapaz de ubicarse a sí mismo en su propia realidad, donde los discursos nacionalistas funcionan como institucionalización de una visión sesgada: la de la burguesía o las élites en el poder.

En el comentario de La muerte de Artemio Cruz, el discurso nacionalista encarna paródicamente en la figura todopoderosa del caudillo Artemio Cruz, cuya agonía sólo puede significar el fracaso de la política postrevolucionaria en su intento por institucionalizar ciertos símbolos nacionales (compresión y represión de la heterogeneidad) para construir una clase dominante. Aquí la categoría fundamental es la de “patriarcado”; en el caso de la Revolución mexicana, la transformación social es en realidad una continuidad: “a replacement of one oppressive elite by another” (93).

En el análisis de The Crying of Lot 49, se parte de la identificación estructural de dos discursos homogeneizantes o, más bien, dos versiones del mismo discurso (nacionalista) hacia el que va dirigida la sátira: por un lado está el mercado, con su constante bombardeo publicitario (principalmente a través de la televisión) y con su adecuación del gusto, que llega a constituirse como una verdadera colonización del inconsciente del sujeto (esta vez una colonización hacia el interior del país). Por otro, la alta cultura de los blancos (en oposición a los negros, principalmente, pero en general a toda marginalidad), que hace caso omiso de la existencia de la otredad; movimiento irónico, pues es precisamente el reconocimiento de la heterogeneidad lo que distingue a EUA como nación (al menos en su constructo nacionalista). Oedipa Maas (caracterización paródica del Edipo de Sófocles) es ese individuo perteneciente a la posmodernidad norteamericana que es incapaz de actuar críticamente sobre su realidad, especial e irónicamente a la luz de esa oleada política que fueron los movimientos por los derechos civiles en los sesentas.

La tercera novela revisada en esta parte es Cambio de piel. En este caso, el análisis previo de otras novelas se vierte ya no en una dimensión nacional, sino ahora occidental, que llega a alcanzar dimensiones globales o, por lo menos, panhispánicas. La idea central es que “the historical narrative in the novel portrays universal history as an incessant series of cycles of violence” (142); es decir, es una condición humana. La figura de principal análisis es el posible narrador, Freddy Lambert.

La tercera y última parte es una especie de colofón en la exposición de García-Caro. Curiosamente, deja los orígenes del problema hacia el final. Aquí, la sátira y la parodia estarán dirigidas a los mitos fundacionales de los nacionalismos decimonónicos, cuyo origen (la Ilustración de Voltaire, Rousseau, Diderot, que desembocó en los movimientos independentistas), será evidenciado como una continuación (y no un rompimiento) de la conquista, el pillaje y la violencia étnica y epistémica de las colonizaciones europeas del siglo XVI. La Ilustración, en lugar de cumplir su principal máxima, la libertad, se convierte en un nuevo dogma (Adorno y Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración).

La primer novela analizada es La campaña, de Fuentes, en la que, según muestra el autor, se satiriza la ingenuidad de los criollos y su entusiasta (pero fallida) importación de la filosofía y la política ilustradas. El personaje en el que se practica el análisis es Baltasar Bustos, el cual se entrega a una “campaña” a la vez heroica y a la vez satírica, así como don Quijote.

El capítulo final versa sobre la novela de Pynchon, Mason & Dixon. Esta ficcionalización de la historia rompe con la idea del “excepcionalismo” de EUA, es decir, con aquella imagen de esta nación como “a triunfant exception in a history of constant decline and depravation” (180), especial, pero no únicamente, en el yugo impuesto a indios y negros, que fue una verdadera “destruction of the human difference” (184). Las figuras que se analizan con particular interés son, por supuesto, Mason y Dixon (sin dejar de lado al narrador, el reverendo Cherrycoke), sobre todo en su transición de personajes históricos a personajes literarios.

Al final, Pedro García-Caro nos invita a vivir y a pensar más allá de la nación (“Beyond the Nation”), a ser capaces de elegir nuestra pertenencia, y a hablar de democracia en la medida en que dicha elección sea posible (202). En breve, a desarrollar una ética postnacional.

Pedro García-Caro es Profesor Asociado de Español en la Universidad de Oregon. Su principal línea de investigación, como este libro demuestra, es la relación entre las narrativas nacionalistas y los discursos de modernidad y progreso en Latinoamérica, eua y España, así como las nociones de hispanidad, mexicanidad o americanidad. De acuerdo con su filiación académica (pertenece sin duda a los cultural studies) podremos encontrar a través de este libro nociones de posestructuralismo, poscolonialidad, subalternidad, feminismo, incluso de ecología, aplicadas al análisis o comentario de las obras de Carlos Fuentes y Thomas Pynchon.