El Emblematum Liber (1531) de Andrea Alciato fue el principal libro de emblemática en Europa. Gracias a su éxito editorial fue publicado y traducido en mnumerosísimas ocasiones y con distintos formatos. Como un best seller de la época, la obra también influyó en los lectores novohispanos: religiosos, intelectuales y pensadores lo adoptaron rápidamente como una referencia principal en la confección de sus trabajos. Sabemos que Alciato se leyó en la Nueva España ya que se cita en varias obras, pero también porque existen ejemplares del jurista italiano (del siglo XVI y XVII) que pertenecieron a distintas bibliotecas conventuales novohispanas. Actualmente, tales ejemplares se encuentran resguardados en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México. Así, el objetivo del presente artículo es, por un lado, poner de relieve la importancia que tuvo la lectura de los emblemas de Alciato en la Nueva España y, por otro, describir los distintos ejemplares localizados en la Biblioteca Nacional por medio de su materialidad.
Detalles del artículo
Cómo citar
Méndez López, N. F. . (2026). Un best seller antiguo: los libros de emblemas de Alciato en la Biblioteca Nacional de México. Riqueza bibliográfica e importancia en la Nueva España. Literatura Mexicana, 37(1), 83-104. https://doi.org/10.19130/iifl.litmex/37.1.2026/095FC00W176
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Biografía del autor/a
Nancy Fabiola Méndez López, Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Bibliográficas
Egresada de la licenciatura de Letras Hispánicas de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Maestra en Humanidades por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, en la especialidad “Filología medieval, áurea e hispanoamericana de los siglos XVI al XVIII”. Doctora por el El Colegio de México (generación 2017-2021) y Posdoctoranda en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM. Sus líneas de investigación son la poesía de Carlos de Sigüenza y Góngora y la Emblemática. Participó en numerosos congresos, coloquios y conversatorios. En 2023 organizó el Conversatorio “Dulce, canoro cisne mexicano. Evocar la vida y obra de Carlos de Sigüenza y Góngora”, que se llevó a cabo en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, el 15 de agosto de 2023.
Citas
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Introducción
En la colección Fondo de Origen del Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México se resguardan valiosos materiales bibliográficos, provenientes de bibliotecas que pertenecieron a comunidades regulares y seculares novohispanas. Algunas de las joyas preservadas en dicho grupo documental son los libros de emblemas, impresos en Europa (específicamente en España, Italia, Francia, Bélgica y Alemania), la mayoría, traídos a tierras americanas para su consulta y estudio, es decir, libros viajeros. Particularmente, se destaca la existencia de los libros de emblemas de Andrea Alciato, lo cual resulta de especial interés, pues se trata del iniciador del género que alcanzó una fama notable en los siglos XVI y XVII.1
Los libros de emblemas son repertorios eruditos, fuentes primarias de consulta para los escritores y creadores de los programas iconográficos que, casi un siglo después, fueron representados en distintos momentos de la vida social, intelectual y artística de la Nueva España. Y es que el género editorial de los libros de Alciato fue un éxito, desde la editio princeps titulada Emblematum libellus (Augsburgo: Heinrich Steyner, 1531) hasta publicaciones tardías, por ejemplo, Emblemata cum facili et compendiosa explicatione (Madrid: Pantaleonis Aznar, 1781). Según Sagrario López Poza “el libro de emblemas de este jurisconsulto milanés fue uno de los éxitos editoriales más destacados en la historia de la imprenta: a finales del siglo XVII se habían producido 171 ediciones de la obra no sólo en latín, sino en francés, alemán, italiano, español e inglés” (2016: 8).2 Es sugerente cómo dicha vorágine libresca permeó en la tradición emblemática hispánica y, por lo tanto, novohispana, campo de estudio de nuestro interés.
Sello de la Biblioteca Nacional de México.
Como lo han asegurado varios investigadores, los inicios de este género nos remontan a la reconstrucción de un particular contexto en el cual, por un lado, la coexistencia de corrientes artísticas y de pensamiento que permeaban en la época -el todavía utilizado ut pictura poesis de Horacio, las artes de la memoria, el neoplatonismo y el hermetismo- y, por otro, el desarrollo de la imprenta,3 fueron circunstancias socioculturales que actuaron como un campo fértil para la producción, distribución y lectura de los libros de emblemas, un fenómeno cultural y bibliográfico transcontinental cuyo lenguaje simbólico inauguró una nueva forma de conocimiento dirigido, en un principio, a un lector culto y especializado y, posteriormente, encaminado a su representación en espacios públicos, con fines propagandísticos y políticos. Tanto en el libro, leído desde el espacio cerrado de las bibliotecas o de las celdas, como en los programas iconográficos pintados en el exterior, al aire libre, la emblemática siempre tuvo un carácter erudito. Pero ¿cómo se conoce un libro de emblemas a primera vista? Para determinar esta categoría, es preciso revisar brevemente en qué consiste un emblema. En 1764, el iconólogo italiano Cesare Ripa lo definió como “una representación velada de las cosas cuyo objetivo es instruir por medio de figuras significativas que deben hacer brillar a los demás como un espejo y compartir, con sus enseñanzas, la más justa iluminación ya sea en las ciencias, ya sea en las virtudes morales” (323). De tal manera, según Peter M. Daly: “el emblema es una expresión importante de la vida cultural del Renacimiento y del Barroco, reflejó de una panoplia de intereses que van de la guerra al amor, de la religión a la filosofía y la política, de las ciencias al ocultismo, de los valores sociales a los saberes enciclopédicos y de la especulación seria al entretenimiento”(7). Así, un libro de emblemas se caracteriza por presentar una colección de los mismos que ocupan un espacio tipográfico y visual único en la página del libro.
Ahora bien, la estructura del emblema es la siguiente: imagine el lector una página en la cual se distribuyen en el espacio tipográfico un lema o mote, una pictura, un epigrama o poema (y, en algunos casos, una glosa escrita en prosa). Los tres elementos principales coexisten ubicuamente en la página y encierran un concepto o agudeza que el lector debe descifrar. Por poner un ejemplo, el emblema 16 titulado “Sobre viviendum, et non temeré credendum”, es decir, “Que hay que vivir sobriamente y no creer a la ligera” de Andrea Alciato consiste en lo siguiente, según palabras de Santiago Sebastián (Imagen 2):
alude concretamente a la templanza, gran virtud a la que se considera como semillero de las otras. Visualmente se hace referencia por medio de la hierba poleo y por una mano con un ojo en su palma. La explicación de esto último es para persuadir al hombre que no cree más que en lo que ve. Alciato cita al filósofo Epicarmo, gran maestro de la templanza, que aconsejaba no fiarse fácilmente de todos ni de todo cuanto nos dicen: un claro principio sacado de la vida práctica. La presencia de la hierba poleo se explica porque, habiendo un gran alboroto en Atenas, se pidió al filósofo Heráclito que calmase a la gente, y entonces subió a un lugar elevado y pidió una jarra de agua y echó dentro un poco de harina y poleo, y bebió, y sin decir una palabra se retiró. Diego López concluye al respecto: “Dioles a entender en esto que si hubieran vivido templadamente, no hubiera bandos, disensiones, ni alboroto entre ellos. Y porque muchas veces, los hombres semejantes a Heráclito, cuya virtud y crédito es tan conocido, hacen más con una sola palabra y con un ejemplo, que otros con largas oraciones” (Alciato: 47-48).
Esta estructura fue fundamental para el género pues, como puede notarse en la pictura, en la explicación del editor moderno y en el epigrama, en un solo dispositivo -es decir, en el iconotexto- se alude al sentido de la vista al observar la pictura y a la elocutio o lectura en voz alta del mote y del epigrama, dichos ejercicios enfocados a un solo fin: aprender por medio del entendimiento y resguardar en la memoria cada lección. Para comprender la importancia de la obra estudiada, a continuación, describo, por un lado, los inicios del género y, por otro, la función que tuvo este lenguaje intermedial en la sociedad novohispana.
Emblema XVI “Que hay que vivir sobriamente y no creer a la ligera” del ejemplar publicado en Nájera, en 1615. Se alude a la templanza y busca persuadir al hombre que no cree más que lo que ve.
Los inicios del género editorial comienzan con el interés que mostró Alciato por la Antología planúdea y por los epigramas griegos, debido, principalmente, a una intelectualización de la imagen realizada por el humanismo, es decir, la relectura y reinterpretación de la cultura egipcia, específicamente, del lenguaje jeroglífico. La primera publicación de Alciato tiene una historia muy particular y la forma en la que circuló en los años posteriores confirma que la existencia del emblema fue adquiriendo poder gracias a su configuración. No se tiene la certeza de que Alciato haya intervenido en la inclusión de las picturas de la editio prínceps, aunque se sabe que el jurista italiano había colaborado en un proyecto en el que se realizaba la traducción de epigramas griegos. Gracias a este trabajo, recopiló 104 epigramas con título, elaborados por él mismo, los cuales fueron el regalo de Navidad a su amigo Konrad Peutinger (humanista y anticuario alemán, hombre muy poderoso en la época), de tal manera que fueron los editores los encargados de incorporar las imágenes a los epigramas:
El erudito milánes planteó una edición de 99 emblemas a modo de epigramas, influenciado sin duda por la Anthologia Graeca de Máximo Planudes (1260-1330), editada por primera vez en 1494 donde se recogen los citados epigramas bizantinos elaborados en el siglo x. El impresor, Heinrich Steyner, que no el autor, consideró ilustrar cada emblema (104) y para ello fue comisionado el entallador Jorg Breuil (González de Zárate: 12).
Así, el éxito editorial de los libros de emblemas se debió a una colaboración conjunta entre traductor (y creador), mecenas, editor (y hombre de negocios). La fórmula emblemática, aunque algo ineficaz en un principio, debido, entre otras cosas a la disposición tipográfica de los tres elementos del posteriormente llamado emblema triplex, pronto se desarrolló en distintos talleres tipográficos, con una función pedagógica muy clara y dirigida a los lectores de la época.
La publicación del Emblematum Liber se dio en medio de un contexto cultural y libresco muy interesante en el que Aldo Manuzio es el principal protagonista por haber sido el impresor de dos obras fundamentales para la filosofía, el hermetismo neoplatónico y, por ende, para la cultura simbólica europea: por un lado, con la impresión del incunable titulado Hypnerotomachia Poliphili, de Francesco Colonna, mejor conocida como el Sueño de Polífilo, publicada en 1499 en Venecia4 y, por otro, los Hieroglyphica de Horapolo, impresa por primera vez en Venecia, en 1505. La trascendencia de dichas obras ejemplifica el ambiente libresco de la época y, sobre todo, nos muestra claramente los intereses de los personajes humanistas que liderearon el campo del conocimiento e implantaron una nueva forma de leer la antigüedad. Por ejemplo, Alciato, interesado en la literatura epigramática griega, traductor y creador; Aldo Manuzio que no sólo tenía una preferencia por textos griegos sino también perseguía en sus ediciones el concepto de la gramática y el ejercicio filológico, incluso el anticuario y bibliófilo Konrad Peutinger y su financiamiento económico para la fijación de estas inquietudes de los humanistas del siglo XVI. Cabe destacar la gran labor de dichos personajes, no sólo para su época con la recuperación del conocimiento de la Antigüedad, sino también para esos nuevos ojos que permitieron una reapropiación de valores y formas y que heredamos como sociedad moderna. En palabras de Francisco Rico, es gracias a ese humanismo que la cultura, las artes y el lenguaje pudo reinterpretarse y renovarse.5
Lectura de Alciato en la Nueva España y su importancia
Alciato se leyó en la Nueva España en épocas tempranas gracias al Omnia Domini Andreae Alciati Emblemata, impreso por la Compañía de Jesús, en el Colegio de San Pedro y San Pablo por Antonio Ricardo y editado por Vincencio Lanuchi, en 1577. Existe un ejemplar en la British Library, según la noticia de Ignacio Osorio, a pesar de que Alciato ya era estudiado en la Nueva España, ninguna de las ediciones que circulaban eran de ayuda a los novohispanos: “la de Daza Pinciano, además de rara para 1577, no incluía el texto latino de los epigramas; la del Brocense, aunque reciente, resultaba de difícil adquisición” (veáse Osorio: 199). La temprana publicación jesuita es “la primera impresión del Liber emblematum en el mundo hispánico” e incluye 211 emblemas, aunque sin pictura (199). Así, desde los primeros años del siglo XVI, la mano jesuita impulsó el estudio de este tipo de libros, sobre todo por ser un poderoso instrumento de la propaganda contrarreformista y enseñar, mediante la erudición humanística, las virtudes morales que debían seguirse y los vicios de los que el hombre debía alejarse. Los emblemas fueron tan importantes para los jesuitas que la Ratio Studiorum de 1599 “señala la obligación de los estudiantes de poética de ejercitarse en este género literario” (Osorio: 198). Por último, se sabe que este tipo de lecturas permeó en la biblioteca del Colegio de San Pedro y San Pablo, así lo comenta Bárbara Skinfill quien destaca que “todas las ediciones del Emblematum liber que hay en esta biblioteca proceden del siglo XVI” (483).6 Probablemente, la Compañía de Jesús fue pionera de la producción emblemática hispánica y novohispana gracias al empeño e interés que mostraron para traer a la imprenta este tipo de materiales y por incluirlos en sus programas básicos de enseñanza.
Ahora bien, Alciato también se imprimió en algunos libros escolares de la época, tengo noticia de dos de ellos. Primero, en el Florilegium ex amoenissimis tam veterum, quam Recentiorum Poetarum hortulis collectum. Et SS. Beatiss Virginis Sponso Iosepho Dicatum. Auctotum, qui in eo continentur sylabum, aversa pagina dabit, impresa en México, por Francisco Salbago, en 1636. En la Sala Mexicana del Fondo Reservado contamos con tres ejemplares, al parecer de la misma edición. Uno de ellos está encuadernado en pergamino, mide 14.5 cm de alto por 10 cm de ancho, tiene una marca de fuego del Convento de San Agustín y aunque la portada, los paratextos y las hojas finales presentan mutilaciones, el ejemplar está completo (imágenes 3, 4 y 5) En el índice titulado “Syllabus auctorum in hocflorilegio contentorum”, Alciato aparece en el folio 100, se trata de una selección de 49 emblemas que incluyen sólo mote y epigrama. En segundo lugar, el humanista y gramático español Francisco Sánchez de las Brozas, mejor conocido como El Brocense, publicó su Opera Omnia: una cum eiusdem scriptoris vita y fue impresa en Génova, en 1766. La obra consta de cuatro volúmenes, claramente dirigidos a estudiantes. En el Tomo Tertius, seu operum philologicorum se localizan todos los emblemas de Alciato y se incluye el mote, número de emblema, epigrama y una breve glosa. De estos dos ejemplares cabe resaltar la ausencia de las picturas, muy probablemente debido a los excesivos costos de los grabados en la imprenta novohispana y a la falta de planchas, con las cuales pudieron haber reproducido las picturas que aparecieron en las publicaciones europeas, fenómeno que se observa en otro tipo de libros y grabados, es el caso de la portada de Dialéctica resolutio cum texto Aristotelis (impresa en 1554, por Juan Pablos) de Alonso de la Veracruz, primer filósofo novohispano.7
Portada del Florilegium ex amoenissimis tam veterum, impreso en México, en 1636.
Andrea Alciato en el Florilegium
Marca de fuego del Convento de San Agustín en el Florilegium, un ejemplar en 16º, al parecer con el objetivo de cargarlo en la faltriquera o bolsillo.
Por tales razones, es necesario el estudio del corpus de los libros de emblemas de Alciato como iniciadores del género debido a que fueron utilizados como fuentes eruditas y también como manuales para la enseñanza del latín y la poesía. Indagar en el probable camino que pudieron tomar los libros viajeros que llegaron de Europa para su consulta sería un primer paso para reconstruir la historia del libro. Además de localizar este tipo de influencias en las obras, la revisión de los materiales y las huellas de su lectura nos proporcionarán más datos sobre su uso y función en la Nueva España y sobre los lectores que pudieron haber utilizado este best sellerantiguo. Un primer paso para esta ardua tarea es la localización y registro de los ejemplares, el cual ofrezco en las siguientes líneas.
Portadilla de la edición de 1621. Note el lector la complejidad y belleza del marco. Este ejemplar tiene un exlibris en estampa de la Biblioteca Turriana.
Riqueza bibliográfica en la bn
“Contar con una colección de libros de emblemas es un privilegio del que no todas las bibliotecas disfrutan” (López 2021: 137), sin embargo, en la Biblioteca Nacional de México tenemos ese gran privilegio pues, como he dicho, existen varios ejemplares de libros de emblemática. Un vistazo, específicamente, a los libros de Andrea Alciato muestran el desarrollo del género y sus particularidades bibliográficas. Ya en 1986, en el Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de la Universidad de Valladolid, Rafael Gómez dio cuenta de la presencia de ocho ejemplares de los emblemas de Alciato en la Biblioteca Nacional de México y realizó una somera descripción de los lugares y años de publicación de los ejemplares encontrados hasta ese momento. Afortunadamente, 38 años después, se han localizado tres ejemplares más del jurista italiano, lo cual ayuda a mantener la esperanza de que se sigan encontrando materiales de Alciato8 (imagen 7)
Portada del: Omnia Andreae Alciati (Paris: Ioannem Richerium, 1589). Se trata de la edición más temprana con la que contamos en el fr de la bn.
Son doce los impresos que integran este corpus y fueron realizado en el periodo que va de 1589 a 1733, en distintos lugares de Europa. En general, la estructura de los libros de emblemas de Alciato es la siguiente: 1) Portada (en algunos casos la precede una portadilla con ilustraciones); 2) Paratextos (algunos pueden aparecer al inicio o al final de la obra): aprobaciones, licencias, suma de la tasa, marca de impresor, dedicatoria, prólogo al lector, poemas laudatorios, la vida de Andrea Alciato, apartados teóricos sobre el emblema o el símbolo y los índices (de lugares comunes, de cosas, de emblemas, de motes, de autoridades), erratas y 3) Doscientos once emblemas que pueden dividirse en los siguientes temas: dios y el factor religioso, las virtudes (fe, prudencia, fortaleza, concordia, esperanza, castidad), los vicios (perfidia, necedad, soberbia, lujuria, pereza, avaricia, gula), la naturaleza, astrología, amor, fortuna, honor, el príncipe, la vida y la muerte, amistad-enemistad, venganza, paz, ciencia-ignorancia, matrimonio y la maravillosa serie de los árboles.9 Cada concepto se construye mediante el mote, la pictura y el epigrama, además de la glosa. Específicamente en la glosa, el comentador alude a las fuentes del emblema, a las autoridades citadas y, en algunos casos, una breve explicación sobre la configuración de la pictura:
Clasificación de la BNM
Datos de publicación
Descripción material
Fondo de Origen (RFO 704.946 ALC. O 1589)
Omnia Andreae Alciati (Paris: Ioannem Richerium, 1589).
El ejemplar está encuadernado en pergamino, mide 18 cm y tiene apostillas impresas, un exlibris manuscrito en la portada y varias notas manuscritas a lo largo de las páginas. A pesar de que no se ve claramente la declaración de expurgo, hay varios párrafos del texto tachados.
Encuadernado en pergamino, mide 16 cm, tiene apostillas impresas, una marca de fuego del Convento de San Agustín y un exlibris manuscrito. Se trata de un libro expurgado, en la contraportada se lee “Expurgado segun el expurgo del año 1740 y conforme un edi. Maestro Nicolás Cárdenas, expurgador”.
Fondo de Origen (RFO 704.946 ALC.e 1600)
Emblemata: cum Claudij Minois ad eadem commentariis et notis posterioribus (Lugduni Batavorum: Gulielmi Rovilii, 1600).
Encuadernado en pergamino, mide 17 cm, tiene apostillas impresas y una nota manuscrita en la contraportada y una mancha de tinta que tapa una figura, al parecer se trata de un sello.
Antonio Mier y Celis (EAMC 704.946 ALC.d 1615)
Declaración magistral sobre los emblemas de Andrea Alciato con todas las historias, antigüedades, moralidades y doctrina tocante a las buenas costumbres por Diego López dedicado a Diego Hurtado de Mendoza (Nájera: Juan de Mongastón, 1615).
Encuadernado en pergamino, mide 23 cm, tiene apostillas impresas. En varias de sus páginas encontramos rúbricas y notas manuscritas. Tiene en la contraportada un exlibris en estampa “Donación del señor D. Antonio Mier y Celis”. En el paratexto “El rey” aparece la firma manuscrita de Diego López, traductor de la obra. Dedicatoria a Diego Hurtado de Mendoza. También incluye “erratas que es necesario enmendarlas” y poemas laudatorios.
Fondo de Origen (RFO 704.946 ALC.d 1615)
Declaración magistral sobre los emblemas de Andrea Alciato con todas las historias, antigüedades, moralidades y doctrina tocante a las buenas costumbres por Diego López dedicado a Diego Hurtado de Mendoza (Nájera: Juan de Mongastón, 1615).
Encuadernado en keratol color verde, mide 23 cm, tiene apostillas impresas. Este ejemplar tiene notas numerosas, notas manuscritas en las primeras páginas, aunque, en algunas ocasiones, desafortunadamente, el tiempo ha borrado la tinta café de algunos pasajes.
Fondo de Origen (RFO 704. 946 ALC. o. 1618)
Omnia Andreae Alciati V. C. Emblemata: cum commentariis (Paris: I. Richerij, 1618).
Encuadernado en pergamino, mide 18 cm, tiene apostillas impresas, una marca de fuego del Convento de San Agustín de Puebla y una nota manuscrita de expurgo “expurgado conforme al ex purgatorio deste año de 1631. Don Valverde de Horosco. Médico del Santo Oficio”. Tiene Privilegio del Rey y numerosos paratextos.
Fondo de Origen (RFO 704.946 ALC.e 1621)
Emblemata cum commentariis (Patavij: Petrum Paulum Tozzium, 1621).
Encuadernado en pergamino, mide 23 cm, tiene apostillas impresas y un exlibris de la Biblioteca Turriana. También una nota manuscrita que dice “Expurgado”. Contiene portada y portadilla, en la portada se incluye la insignia de la Compañía de Jesús y el texto de la glosa está a dos columnas. Contiene numerosos paratextos.
Fondo de Origen (RFO 704.946 ALC.e 1661)
Emblemata cum commentariis (Patavij: Pauli Frambotti Bibliopolae, 1661).
Encuadernado en pergamino, mide 23 cm, tiene apostillas impresas y una marca de fuego del Convento de Santa Ana Coyoacán. En el lomo del libro hay un tejuelo con el número 3. El texto de la glosa está a dos columnas. El ejemplar tiene una mancha significativa y fresca en la parte superior de las páginas.
Fondo de Origen (RFO 704.946 ALC.d 1670)
Declaración magistral sobre las emblemas de Alciato… (Valencia: Geronimo Vilagrasa, 1670).
Encuadernado en pergamino, mide 23 cm, tiene apostillas impresas y una marca de fuego del Convento de Santo Domingo. La edición se realiza a costa de Gerónimo Sánchez, mercader de libros. Algunos emblemas carecen de glosa.
Antonio Mier y Celis (EAMC 704.946 ALC.e ej. 2)
V. C. Andreae Alciati mediolanensis juris consulti Emblemata: cum facili, et compendiosa explicatione (Matriti: Joseph de Horta, 1733).
Encuadernado en pergamino, mide 15 cm. Exlibris en estampa “Donación del señor D. Antonio Mier y Celis”.
Fondo de Origen (RFO 704.946 ALC.e ej. 3)
V. C. Andreae Alciati mediolanensis juris consulti Emblemata: cum facili, et compendiosa explicatione (Matriti: Joseph de Horta, 1733).
Encuadernado en pergamino, mide 15 cm. El ejemplar está desencuadernado.
Fondo de Origen (RFO 704.946 ALC.e ej. 2)
V. C. Andreae Alciati mediolanensis juris consulti Emblemata: cum facili, et compendiosa explicatione (Matriti: Joseph de Horta, 1733).
Encuadernado en keratol café, mide 15 cm. Tiene una marca de fuego de San Fernando y dos marcas con tinta en la cabeza o corte superior y en el pie o corte inferior, se lee “Soy de el que” y “Libro de Em.” El ejemplar carece de portada
Brevísimo escrutinio del ejemplar de 1615
De los doce Alciatos a los que tenemos acceso, llama la atención la Declaración magistral sobre las emblemas de Andres Alciato con todas las Historias, Antiguedades, Moralidad y Doctrina tocante a las buenas costumbres de Diego López, dedicada a Diego Hurtado de Mendoza, caballero de la Orden de Santiago, impresa en Nájera, por Juan de Mongastón, en 1615.
Ejemplar de la Declaración magistral, impresa en 1615, en Nájera. Pertenece a la Colección Antonio Mier y Celis.
Se trata de la editio princeps de los comentarios en castellano de los emblemas de Alciato, dedicada al escritor y aristócrata Diego Hurtado de Mendoza (nieto del Marqués de Villena) y llevada a cabo por Diego López, alumno de El Brocense y profesor de humanidades que tuvo una gran influencia con la Universidad de Salamanca y con la Compañía de Jesús, en España. La obra es una de las tantas ediciones de Alciato, algunas veces traducidas y otras comentadas que proliferaron en la Europa del siglo XVI e inicios del siglo XVII.10
José Julio García Arranz, quien ha estudiado pormenorizadamente el impreso, asegura que “será la primera obra que ve la luz en las prensas de Nájera” (Martínez Sobrino: 106), aunque es una edición descuidada, lo cual se puede notar claramente en los numerosos errores de paginación del ejemplar del Fondo Reservado de la bn. Además “el papel utilizado es de peor calidad que el de otros libros impresos en el mismo taller y carece de filigrana” (106). En este punto cabe recordar dos de los paratextos del ejemplar titulados “Erratas” y “Erratas que es necesario enmendarlas”. En el primer caso, el traductor enlista las erratas de impresión (“Fol. 462.pa.2.li.28. Anima, Amica” o “Fol. 469. Pag. I. li.18. compact.compacta”) y llama la atención de las erratas inherentes al latín, pues indica una de las variantes del Dativo: “Y adviertase que algunas se leen bien o en el texto Latino o en la construcción, porque si en alguna destas partes estuviere Religione, en otra dira Religioni que ansi se ha de leer en Dativo y ansi en otras algunas, como Quaestione por Quaestioni, Sustinue por Sustine” (García: 105). En el segundo caso, el corrector (Maestro Sebastián de Lerio) indica las enmiendas que deben corregirse en una publicación posterior “con estas erratas está bien y fielmente impreso” y firma el 3 de abril de 1615, en Alcalá.
Según José Julio Arranz, tales desavenencias se deben a que el ejemplar se imprimió en un taller tipográfico “nuevo” o recién abierto. En cuanto a Juan de Mongastón, se sabe que perteneció a una dinastía de impresores que trabajó en las prensas de Logroño, Nájera y Haro, en el siglo XVII (García: 108). Ahora bien, como se nota en el ejemplar de la bnm, es seguro que fue revisado por Diego López, basta ver la rúbrica que coloca al final de la cédula del rey y en los folios 61v, 210v, 211r, 226r.
Rúbrica del traductor Diego López en la censura del rey.
Esta presencia refleja la constante revisión y corrección en una publicación temprana y primeriza, pero que tuvo una importancia vital para los lectores no eruditos gracias al comentario o glosa que se ofrece en castellano y que provee, mediante un lenguaje sencillo, las razones y argumentos de la historia o fábula referida en el emblema y, al mismo tiempo, en las apostillas impresas alude a las autoridades citadas, los pasajes de la mitología, algunos consejos que sintetizan la lección, la moralidad del emblema y los conceptos o virtudes desarrolladas y glosadas en su prosa. Cabe mencionar que incluye latines, aunque no abusa de ellos, por lo general los utiliza cuando cita versos de Horacio, Persio, Plinio, Virgilio y Ovidio, entre otros. De lo anterior se deduce que su traducción tenía claramente fines pedagógicos, como un manual o, mejor dicho, en palabras de José Julio Arranz, una miscelánea o florilegio:
El extenso comentario a los emblemas y la naturaleza diversa de las anotaciones de la Declaración de López son reminiscencias de dos grandes éxitos editoriales del Siglo de Oro: la Silva de varia lección, de Pedro Mexía, y el Jardín de flores curiosas de Antonio de Torquemada, compilaciones que suponen una ‘heterogénea mezcla de fábulas, adagios, lugares comunes, epigrafía, etimologías, sabiduría animal, teratología, mitología y heurematología’; ello explica que los comentarios a Alciato pudieran haber atraído a lectores de este tipo de obras, aunque el libro estuviera destinado inicialmente a un público más erudito (García: 108).
Es decir, como lo comentó José Pascual Buxó, la fuerte presencia de Alciato en España y en Nueva España se debió, principalmente, a sus comentaristas.11 En este caso, tenemos como ejemplo la singular y accesible traducción y glosa de Diego López, dirigida a un público que pudiera tener entre sus manos, en un solo libro, no sólo los emblemas (que de por sí encierran un mensaje barroco y erudito), sino también un repertorio, un almacén de conocimiento referente a un solo tema. Así, esta Declaración magistral (publicada en 1615) es de vital importancia para el desarrollo del género editorial, para la historia de la imprenta española y también para seguir indagando en las prácticas de lectura que, poco a poco, edificaron el pensamiento erudito novohispano y su posterior aplicación en la vida sociocultural.
Como se nota, en general, los libros de emblemas de Alciato presentan características materiales similares: la mayoría pertenecen al Fondo de Origen, algunos tienen exlibris en estampa y manuscritos, marcas de fuego y, particularmente, llama la atención la huella del expurgo que se nota en varios de los ejemplares, en muchas ocasiones, incluso, se detalla el año del índice utilizado para la revisión de los materiales. Además del análisis de los contenidos, es fundamental la revisión bibliográfica de estas obras para poder reconstruir las prácticas de lectura y, sobre todo, el camino que pudo haber tomado cada ejemplar. Ya que fueron “libros viajeros”, los libros de emblemas pudieron haber estado en varias manos, al menos así lo demuestra la marginalia que presentan y que podemos ver desde nuestro presente. El siguiente paso consiste, entonces, en el estudio pormenorizado de cada ejemplar con el objetivo de trazar, además de la historia del género y su importancia en la Nueva España, la historia cultural y la historia del libro, poniendo énfasis en los lugares de impresión, impresores, grabadores y en toda la red de actores que se involucraban para que un libro saliera a la luz de las prensas.