Yanna Hadatty Mora, Norma Lojero Vega y Rafael Mondragón Velázquez (coords.). <em>Historia de las literaturas en México. Siglos XX y XXI. 1. La revolución intelectual de la Revolución mexicana (1900-1940)</em>. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Coordinación de Humanidades. Instituto de Investigaciones Filológicas. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Facultad de Filosofía y Letras, 2019.
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  • » : Jul-Dec 2020

Las espléndidas páginas que el lector encontrará en este libro reúnen diecisiete capítulos, además de una sección titulada “Discusión”, un apartado de textos de presentación, una muy útil cronología que va del final del Porfiriato a la Posrevolución y una introducción que sirve de brújula para la lectura del volumen y para la comprensión de la literatura de este periodo.

Se trata de un libro que forma parte de un proyecto por demás necesario y que todos los amantes y estudiosos de la literatura celebramos ampliamente: la cuidadosa concepción y redacción de seis tomos dedicados a reflexionar sobre los momentos y episodios más importantes y paradigmáticos en la historia de las literaturas en México. Cabe destacar la palabra “literaturas” en plural, pues, desde el título, este magno proyecto deja clara la diversidad que caracteriza nuestras letras y la problemática, explícita en el prólogo, de cómo historiar las muchas literaturas mexicanas.

Este proyecto surgió de la reflexión de un grupo de académicos de la UNAM que luego sumaron las voces de académicos de otras instituciones y latitudes para generar un diálogo rico y plural sobre aquello que caracteriza las literaturas mexicanas, sus agentes y circuitos, sus dinámicas de producción, de gestión y de consumo, así como las trincheras teóricas y críticas desde las cuales podemos situarnos para leer una continuidad literaria que se renueva, se vuelve ruptura, se amalgama con otras muchas y es intensamente heterogénea.

En este proyecto se deseó capitalizar que la literatura no es una práctica ni una disciplina aislada, sino que está inmersa en un contexto social y cultural del cual se nutre y al cual retroalimenta.

La revolución intelectual de la Revolución mexicana (1900-1940) es el título individual del volumen que aquí nos ocupa y que es el primero de la colección antes mencionada. ¿Cómo articular un libro en torno a este periodo sin caer en los lugares comunes ni en la lectura canónica, plana, del campo cultural y literario? ¿Cómo proponer una lectura transversal que dejara entrar miradas nuevas y frescas al tiempo que abordara los temas ineludibles, los que no podían quedar al margen de un proyecto que pretende historiar un periodo y el cauce de una disciplina?

Los coordinadores de este libro lograron un libro equilibrado, propositivo y bien entretejido en el que página a página se va perfilando la historia —las muchas historias— de nuestras letras: de la prensa popular y la literatura proletaria al teatro de revista, pasando por movimientos y grupos obligados como el Ateneo, Contemporáneos y el estridentismo, y transitando por la construcción de identidades, imaginarios y sociabilidades, este libro narra, desde la polifonía de sus múltiples autores, la construcción de una República de las Letras, de una nación intelectual que no es posible deslindar de la construcción política y cultural de la Revolución y la Posrevolución.

“Este volumen da cuenta del proceso de internacionalismo revolucionario que atrajo las miradas interesadas de intelectuales de toda América Latina en estas décadas, y permitió que México funcionara como espacio eje de articulación de la tradición literaria latinoamericana” (6). Me parece importante destacar estas palabras de los coordinadores del volumen pues dejan ver, entre otras cosas, el porqué la literatura mexicana ha sido un referente para otras literaturas del continente, lo cual me parece destacable porque este proyecto, a mi juicio, arroja mucha luz sobre la literatura contemporánea, no solamente mexicana, sino iberoamericana o incluso universal.

Me parece que uno de los muchos aciertos del libro es haber dedicado la primera sección y el primer capítulo a reflexionar sobre un tema que no muchas veces merece atención en libros concebidos desde las disciplinas literarias: la materialidad. En este capítulo se pone énfasis en la cara material, en el componente físico, de la producción literaria que tuvo lugar entre 1900 y 1940, lo cual lo convierte en una especie de historia de la edición, la visualidad y las dinámicas de producción de las obras en este periodo, una serie de temas que muchas veces quedan obviados u olvidados y que, no obstante, son una arista indiscutible de la historia literaria.

En las páginas siguientes, el libro queda dividido en cinco secciones: “Antiguo régimen y procesos emergentes”; “Manifestaciones de la revolución intelectual”; “Otras voces, otros ámbitos”; “Discusión”, y “Cronología”. En la sección “Antiguo régimen y procesos emergentes”, que incluye cinco capítulos, se reflexiona sobre procesos y dinámicas de las literaturas de comienzos del siglo XX y cómo éstos se fueron asentando. Los autores reflexionan sobre impresos populares, la prensa popular, el teatro de revista, el Ateneo como proyecto intelectual y la figura del periodista como intelectual en la Ciudad de México en las primeras décadas del siglo pasado.

La sección “Manifestaciones de la revolución intelectual” es la más nutrida de todas, con once capítulos. Esta sección se vincula directamente con el título del libro y proviene del epígrafe que orienta todo el volumen, las palabras de Arqueles Vela, publicadas en El Universal Ilustrado en 1924: “Toda revolución, para que sea completa, tiene que ser también intelectual”. Es precisamente esta revolución, la intelectual, la que los coordinadores del libro han querido poner en primera fila a través de la reflexión sobre conceptos como campo literario y nación, al plantear las relaciones de México y la nación americana, así como las concepciones que de sí mismos tenían los intelectuales mexicanos. En esta sección se abordan los grupos literarios más influyentes de la época: Contemporáneos y estridentistas, pero también hay espacio para el contrapunto necesario de manifestaciones y grupos marginales y marginados como los representados por la literatura proletaria o las mujeres en el campo literario y de temas abordados con menos frecuencia como la literatura para niños y la narrativa cristera. Evidentemente, no podía faltar un capítulo que abordara la novela de la Revolución mexicana y su importancia en la construcción política y cultural de una tendencia narrativa, como lo indica el título del capítulo, pero también de una mirada de nuestro país.

En este libro están presentes los temas que marcaron las páginas de la historia de la literatura mexicana y que el lector esperaría encontrar en un libro dedicado precisamente a historiar las letras producidas en nuestro país. Sin embargo, me parece que tanto los coordinadores como los autores de cada capítulo tuvieron la lucidez y el acierto de encontrar ángulos originales y lecturas renovadas. Así, el lector se topará con muchos descubrimientos que no me atrevo a revelar aquí por no echar a perder una lectura que sin duda dotará al lector de muchas respuestas, pero también de muchas nuevas preguntas sobre nuestras literaturas. No dudo en afirmar que este libro es ya, a tan sólo unos días de su publicación, un referente obligado para aquellos interesados en las literaturas mexicanas, en sus procesos y efectos, en su historia y en su evolución.

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