Edith Negrín. <em>Letras sobre un dios mineral: el petróleo mexicano en la narrativa</em>. México: El Colegio de México / Universidad Nacional Autónoma de México, 2018.
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  • » Publición impresa: Jul-Dec 2019

El volumen Letras sobre un dios mineral: el petróleo mexicano en la narrativa, de la doctora Edith Negrín, inaugura la colección “Estudios sobre Energía”, del programa que se desarrolla en El Colegio de México y que, según reza la noticia de la contraportada, “tiene como propósito publicar investigaciones originales y de gran relevancia relacionadas con el sector energético, analizado desde diferentes enfoques disciplinarios dentro de las ciencias sociales y las humanidades”. Este libro es un estudio sobre las variadas formas en que la literatura, no sólo mexicana, sino también de autores ingleses y estadounidenses, ha tratado la problemática del petróleo mexicano en diversos ámbitos y a través de una secuencia de etapas históricas a lo largo del siglo XX. La literatura fue testimonio, denuncia, épica y tragedia de una industria que fue el sustento económico fundamental del Estado mexicano por más de ochenta años de gobiernos posrevolucionarios. El panorama incluye, por un lado, a autores de lo más conservadores que acometen una feroz defensa de las empresas del imperio inglés, como es el caso de Evelyn Waugh y su Robbery Under Law: The Mexican Object Lesson (1939), en el que el novelista británico “demuestra en una lección práctica” que el gobierno mexicano robó, protegido por sus leyes a los pobres empresarios súbditos de su Majestad, la Reina, so pretexto de mejoras laborales. Por otro lado, también desfilan los fervorosos intelectuales bolcheviques que defendieron la gesta heroica de la nacionalización de la industria, como sucede en la novela de José Mancisidor, El alba de las simas (1955), que es una especie de versión tropical del realismo soviético al estilo de la célebre obra de Nicolai Ostrovski, Así se templó el acero; en ambas creaciones el proletariado es “firme en la desgracia, leal en la amistad y fiel en el amor”.

De inicio se comentan tres narraciones escritas por estadounidenses que muestran las diversas facetas del pensamiento imperialista de principios del siglo XX. El primer ejemplo es una serie de reportajes de la autoría de Jack London, fechados en 1914. Tampico es la ciudad petrolera que visita el autor de Colmillo Blanco y queda impresionado del progreso que, según él, ha dejado en la selva tropical el avance de la industria petrolera:

Quedé impresionado, no había soñado siquiera que nuestros aventureros trabajaran tanto […] Continuamos río arriba y, a orillas del cauce, se alineaban cada vez más terminales y tanques: la terminal de la Corona, la del Águila, sobre ambas riveras del cauce; junto, los grandes y macizos edificios de la Estándar Oil. Y ante mí, desfilaban los nombres de las compañías: National Petrolum, Waters-Pierce, Gulf Coast, La Huasteca, Combustibles Mexicanos, Magnolia Petrolum Interantional, East Oil… (London citado por Negrín: 41).

Estos reportajes, como bien señala Negrín, tienen un lado oscuro que John Kenneth Turner denunció en su momento. Resulta que la estancia de London en Tampico fue patrocinada por los empresarios del petróleo, y que la pluma comprada del reportero y novelista hizo un elogio desmedido de la parte empresarial y dejó una lamentable imagen del pueblo mexicano, principalmente de los mestizos a quienes juzga “mentirosos, deshonestos y traidores”. El destino castigó el desatino ético y político de London, “en el puerto tamaulipeco contrajo una aguda disentería bacilar” y, sentencia Negrín: “Ni su salud, ni su prestigio político, ni la calidad de su escritura se recuperarían de lo que su esposa Charmain calificó como ‘el fracaso mexicano’” (43).

El siguiente caso que se analiza es el de la novela popular -pulp fiction- The Fifth Ace (El quinto as), de la autora Douglas Grant, también estadounidense como London y que en 1918 escribió esta historia de crimen, amores tormentosos y mucha violencia que se desarrolla en un irreal puerto de Tampico, que parece más un pueblo del oeste que una zona petrolera de principios del siglo XX. El pasquín no deja de ser una curiosidad de la literatura de masas plagada de errores históricos, lingüísticos y políticos en donde vale más la pátina de exotismo que la calidad literaria.

El caso de la novela Tampico, de Joseph Hergesheimer, es más interesante. Obra publicada en inglés en 1926 y traducida al español en 1929, es una novela de intriga internacional protagonizada por un alto empleado de las compañías petroleras de Tamaulipas que sobrevive a las agresiones del perverso pueblo mexicano. El personaje central de la trama es el mismo puerto petrolero que es “una tierra poblada de amenazas misteriosas”. Creación de una imaginación novelesca, el Tampico de la novela es una especie de ciudad del mal, característica del registro de novela negra de la novela de Hergesheimer, cuyo héroe Govett Bradier se encarga se salvar los intereses de Wall Street en suelo mexicano.

En 1927 aparecieron las primeras obras mexicanas con tema petrolero. En esta primera fase encontramos la visión conservadora que lamenta que el espacio bucólico de la provincia mexicana fuera pervertido por el avance implacable y cruel del progreso de la era industrial. Un caso interesante es el de la pieza estridentista Panchito Chapopote. Retablo tropical o relación de un extraordinario sucedido de la heroica Veracruz, que Xavier Icaza publicó en 1928. La autora señala algo de suma importancia que tienen como característica las obras que tienen como tema el petróleo: éste no es sólo un combustible que se extrae con mucho trabajo humano de las entrañas de la tierra sino que es parte de la identidad nacional. Así lo demuestran obras como el drama Oro negro, de Francisco Monterde, la novela La hermana impura, de José Manuel Puig Casauranc o Mapimí 37, de Mauricio Magdaleno, en donde el campo de cultivo se transforma en campo de explotación y en donde lo mismo brota la hermandad del obrero que la miseria humana.

Después de disertar brevemente sobre la importancia de la obra del escritor socialista Upton Sincler y sus reportajes de 1927 sobre las compañías petroleras californianas, la autora analiza con detalle la novela Rosa Blanca (1929/1940) de Bruno Traven como una obra fundamental para conocer la situación de explotación y corrupción antes de la expropiación cardenista de 1938. Leyendo la historia de las condiciones de trabajo de las zonas petroleras se entiende la acción emprendida por el general Cárdenas y nos queda un sentimiento de tristeza al contemplar la brecha de vicio, corrupción y crimen que ha dejado tras de sí la industria nacionalizada, que parece que tuvo muchas coincidencias con los monopolios internacionales y que llevó al fracaso el proyecto original del que surgió Pemex.

La gesta épica de Lázaro Cárdenas fue el motivo principal de las novelas de José Mancisidor, Gregorio López y Fuentes y de Héctor Raúl Almanza, cuya narración Brecha en la roca considera Negrín que vale la pena reeditarse y difundirse. Por lo que se nos informa que la novela fue publicada en 1955 y el autor afirma que su propósito fue “condensar la epopeya de nuestra lucha por la independencia económica”. De Héctor Raúl Almanza sabemos que nació en San Luis Potosí en 1912 y que no fue un escritor profesional. Desde muy joven tuvo la oportunidad de viajar por el mundo con su familia. Se graduó como abogado en la UNAM y en 1955 ingresó al servicio diplomático mexicano. La trama de Brecha en la roca se desarrolla en Ébano, San Luis Potosí, en los años treinta del siglo XX. Sin lugar a dudas, es una novela social en donde se narra la organización obrera desde una óptica heroica a la manera del realismo socialista. La cumbre y el logro del trabajador petrolero es la fundación del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, que por fatalidades de la historia se convertiría en uno de los más corruptos de todos los tiempos. A la narración épica le siguió con el tiempo, la novela de la corrupción sindical, como lo encontramos en la novela Morir en el Golfo (1986), de Héctor Aguilar Camín, en donde se narra la trama política de las redes de las malversaciones de Pemex y sobornos de los gobiernos priístas a empresarios, líderes sindicales, periodistas chayoteros y mafiosos de toda índole. La riqueza del petróleo dio en los años setenta y ochenta del siglo pasado para eso y más. Fueron los años en los que el presidente José López Portillo pensaba administrar la riqueza que brotaría de los nuevos campos encontrados cerca de la costa de Campeche. La riqueza nunca llegó y los recursos se agotaron junto con los pozos de mar adentro. Si el tema parecía agotado en las novelas, como el crudo del Golfo, autores y obras como Los hijos del águila (1988), de Gerardo de la Torre y Quemar los pozos (1990), de David Martín del Campo dieron nueva vida al motivo de la explotación del aceite de piedra. Ambos autores, intelectuales de izquierda, rizaron el rizo de los tiempos de la expropiación y la nostalgia por las gestas heroicas del trabajador petrolero y de su líder Lázaro Cárdenas. No deja de ser significativo que estos autores exploten la nostalgia de un hecho tan lejano y tan pervertido por el poder político. Creemos que el tema parece tan quemado como los pozos de los que habla David Martín del Campo. Poco hay de novedoso en el tema del cardenismo que no hayan dicho los novelistas de los años cuarenta. A la distancia nos parecen obras demasiado retóricas, de un tema más cercano a la novela negra que a la épica sindical. Sin embargo, ahora que de nuevo la industria del petróleo volvió a manos de las mismas compañías que en los años veinte del siglo pasado explotaban los mantos petrolíferos de Tampico, Veracruz, las Huastecas y Tabasco, pronosticamos más novelas sobre la contaminante industria del hidrocarburo. Es posible que se escriba en años próximos la novela de las refinerías no construidas nunca y la llegada épica de un nuevo Tata Cárdenas. No está de más recordar un episodio histórico no consignado por Edith Negrín que encontramos en La vida en México en el período presidencial de Lázaro Cárdenas, de Salvador Novo. El poeta consignó la miseria humana de los lombardistas, que montados en los hombros del gigante festejaban, en la monumental marcha del 23 de marzo de 1938, los logros populares de la declaración de la nacionalización del petróleo hecha por el general Cárdenas la noche del 18 de marzo. Novo escribió que:

Los lomabardocompadristas de don Vicente se dedicaron a profetizar como su amo, revoluciones, atrevidas acciones radicales, irrealizables tácticas de lucha para el proletariado y demás universales formas de reivindicación de los explotados. Pero se da el caso, de que el gigante Cárdenas está dotado de una acometividad que supera la calenturienta imaginación del doctor Lombardo Toledano. V.L.T. lanza anatemas, brinda su vida en el Teatro de Bellas Artes por la causa del proletariado universal de hoy y de todos los siglos venideros, y el presidente Cárdenas, cuando menos se lo esperan, sigue adelante su campeonato de actos trascendentales. V.L.T. vive los instantes precisos de la realidad mexicana, los puros instantes, en tanto que Cárdenas almacena cuidadosamente momentos históricos; el primero marcha hacia el olvido y se pierde, enano junto a la personalidad del segundo, que se encuentra bien sentada en la posteridad (231).

¿Qué tanto la derrota del sindicalismo independiente que tenía originalmente el Sindicato de Trabajadores Petroleros del República Mexicana se lo debemos a la CTM fundada por Vicente Lombardo Toledano? Los historiadores ya contestaron, quizá algún día lo haga algún novelista, pero habrá de tener en cuenta lo que Marx escribió en El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Si llega una futura novela del petróleo tendrá que ser, necesariamente, una farsa, una tragicómica y un carnaval.

Bibliografía
  1. Novo, Salvador. La vida en México en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, José Emilio Pacheco (comp.), México: Instituto Nacional de Antropología e Historia / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1994.
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