Jean-Jacques Wunenburger y la crisis de las imágenes ecológicas
Resumen:

Con estas líneas, en trazo muy esbozado, intentamos contornear un umbral a la problemática que Jean Jacques Wunenburger expuso recientemente en su curso “Imaginarios míticos y ecología”.1 La riqueza de las conferencias desarrolladas por el filósofo francés resultan, creemos, una significativa contribución para ayudar a la comprensión de la densa selva pululante de los ecologismos existentes.

Abstract:

With these lines, in a very sketched stroke, we try to contour a threshold to the problem that Jean Jacques Wunenburger recently presented in his course “Mythical Imaginaries and Ecology”. The richness of the conferences developed by the French philosopher is, we believe, a significant contribution to help the understanding of the dense pullulating jungle of existing ecologisms.

Keywords:
    • Mythical and scientific understanding of Nature;
    • alternative medicine;
    • zoocentrism;
    • poetics of the Earth.
Palabras clave:
    • comprensión mítica y científica de la Naturaleza;
    • medicina alternativa;
    • zoocentrismo;
    • poéticas de la Tierra.

Si algo caracteriza la imagen de la época (Weltbild) en que vivimos es, sin duda, la de un panorama que inexorablemente se desliza sobre la frágil película de hielo de una catástrofe ecológica de consecuencias crecientes e incalculables.

Una auténtica avalancha de miríadas de imágenes y discursos marcados con el rótulo de daños ecológicos, o alternativas “verdes”, productos “orgánicos” o “naturales”, se nos viene encima cotidianamente. Las toneladas de información emitidas desde los multitudinarios emisores de un mundo interconectado o global -índices de polución atmosférica, calentamiento global, aniquilación de especies animales y vegetales, contaminación por desechos, enfermedades inéditas, incluida la actual pandemia de covid-19, etc.- nos sitian y conminan por todos lados.

De esta manera, no es extraño que la mayoría de las situaciones sociales conflictivas devengan, inmediatamente, en polémicas ecopolíticas o biopolíticas, donde se dan cita intervenciones de todo tipo -tecnocientíficas, político/económicas, jurídicas, bioéticas, terapéuticas, filosóficas, religiosas, etc.-, enfrentamientos sin tregua o disparaderos de utopías y distopías, en las que capean polarizaciones y fundamentalismos que, tendencialmente, proyectan sus imaginarios unilaterales de la naturaleza hacia la reducción de la complejidad del fenómeno.

En medio de este panorama, no resulta pues fácil formular una plataforma, un proyecto ecológico a la altura tanto planetaria como regional, colectiva como individual, acorde con las dimensiones de la crisis. ¿Es posible el cultivo de un imaginario capaz de proveer, incentivar y orientar nuestras experiencias sensibles y afectivas, conscientes y racionales, respecto a las relaciones, ahora desgarradas, entre hombres y naturaleza?

Jean-Jacques Wunenburger, filósofo de la imaginación, aborda este contexto dilemático. Afirma:

El siglo XX centró sus preocupaciones en las relaciones injustas y violentas de los hombres entre sí (la lucha de clases y el advenimiento de una sociedad comunista ideal). El siglo XXI cambia sus metarrelatos (metarecit) y reinserta a la humanidad en el cosmos, queriendo denunciar y transformar la relación entre la humanidad y la naturaleza. Pareciera tratarse de una segunda ola del mito de la Edad de Oro o del (los) Paraíso(s) que se expresaría ahora en el advenimiento de la Sociedad sin trabajo y en armonía con la naturaleza. Aun cuando nuestras críticas y soluciones se alimentan de la racionalidad hegemónica, se benefician también de una hermenéutica del mito arcaico. No obstante, hay una novedad con relación al mito que proviene de la relación tecnocientífica dominante con la naturaleza: la representación progresista lineal del tiempo, heredada de los monoteísmos.

Cómo podemos describir esta nueva dinámica híbrida

Las dificultades derivan de que la imaginación de la naturaleza está demasiado centrada en la oposición mito-ciencia, y en el enfoque meteorológico reductivo del cambio climático (Wunenburger, 2020).2

Habría mucho que decir para presentar, aunque fuese de modo mínimo, la trayectoria biográfico/intelectual de Jean-Jacques Wunenburger. La perspectiva transdisciplinaria de sus investigaciones sobre el complejo y polivalente campo de lo imaginario abreva fundamentalmente de las herencias tanto de Gaston Bachelard como de Gilbert Durand, y prolonga la restitución creadora del estatuto de la facultad de la imaginación como centro del psiquismo humano y clave antropológica de la cultura en tanto que productora de símbolos, realizada por ambos pensadores. A través de matizadas mediaciones que revelan la estilística de las “arborescencias” míticas de lo imaginario, nuestro filósofo JJW presta una cuidadosa atención a su devenir genealógico, al unísono de su dialéctica con las configuraciones históricas (Wunenburger 2005).3 Pasemos, pues, a enumerar esquemáticamente algunos de los tópicos de las cuatro intervenciones expuestas por J.-J. Wunenburger.

1) “Dos comprensiones de la Naturaleza: mítico-precientífica y explicación científica.”

Enfocando esta contrastación (mítica y científica), el filósofo busca derribar la obsoleta, pero todavía ideológicamente reinante, oposición tajante entre mythos y logos en la concepción de la naturaleza. La racionalidad científica de la naturaleza -inseparable del advenimiento de la modernidad, a fines del Renacimiento-, basada en el entendimiento de la naturaleza como res extensa, matematizable y sometida a modelos legales de regularidad, homogéneos y abstractos, independientes del alma y el espíritu, susceptibles de comprobación por dispositivos técnico/experimentales, ha descalificado sistemáticamente como falsos a los imaginarios míticos. Ha prevalecido respecto de estos últimos una negación, positivista e instrumental, que incluso niega la dimensión narrativo/comprensiva de las imágenes y las metáforas de empaque cosmogónico al interior de las mismas construcciones teóricas de los discursos científicos más avanzados.

La contestación ecologista al tratamiento de la naturaleza como objeto inerte de dominio tecnocientífico tiende, sin embargo, a menudo, a servirse de las visiones mítico/cosmológicas de la naturaleza, hibridándolas con componentes de la racionalidad moderna; por lo regular, ignora su complicada genealogía (premoderna), así como la especificidad de las modalidades polimorfas propias del pensamiento mítico para develar los fenómenos. De acuerdo con el pensamiento mítico, afirma Wunenburger: “la naturaleza es aprehendida desde una perspectiva globalmente animista, las materias, sustancias y sucesos no se reducen a sus atributos visibles, sino que están animados desde su interior por fuerzas sobrenaturales… como entidades que fusionan materia y espíritu” (Wunenburger 2020). La multiplicidad de los fenómenos -plenos de numen- del universo no se disocia analíticamente, sino que se entreteje en una vasta red de analogías y símbolos que correlacionan el macrocosmos con el microcosmos, obedeciendo a una causalidad común de orden sagrado. Es en este marco donde se dirime tanto la diferencia entre los relatos de tipo demiúrgico y creacionistas, como entre los imaginarios politeístas “paganos” y los monoteísmos de inspiración bíblica.

De esta manera y coincidiendo, también, con las investigaciones de Kurt Hübner, Wunenburger va argumentando sobre la necesaria revalorización del estatuto cognitivo que poseen las visiones míticas, sus lenguajes, procedimientos, profundidad y coherencia, como vía de acercamiento a la verdad de una “totalidad inconmensurable para nuestras capacidades de inteligencia finita” (Wunenburger 2020).

2) “La Naturaleza en las medicinas alternativas.”

Mientras la medicina científica ha sido elaborada, desde el siglo XVII, a partir de la analogía cuerpo-máquina, las medicinas alternativas reivindican más bien la comparación entre organismo y naturaleza. Bajo este último paradigma epistemológico, que se niega a reducir la vida a un mecanismo anatómico -en el sentido de Descartes- para explicar y curar el cuerpo, se esconde una tesis realista, según la cual el cuerpo vivo individual es manifestación, expresión y parte de la naturaleza como cosmos (Wunenburger 2020).

Este último horizonte, propio de la medicina alternativa, se desdobla y conjuga, por un lado, con una postura “panpsíquica” -la naturaleza no es solo materia, sino que depende de un principio psíquico inmanente (Anima Mundi)-; y, por otro, con una postura de valorización moral de la naturaleza, aceptada como buena de por sí y para los vivientes.

La contestación médica alternativa critica a la medicina moderna el que esté organizada por un intervencionismo invasivo o violento de los organismos, utilizando un sofisticado instrumental quirúrgico y terapias basadas en fármacos químicos industrializados que interfieren y bloquean los procesos espontáneamente sanadores inherentes a una naturaleza supuestamente benevolente, donde se percibe un eco de lo que los antiguos, desde Hipócrates, llamaron vis medicatrix naturae; plantea que, más que procurar la sanación de los cuerpos, los enferma, provocando devastadores efectos secundarios. De la misma manera, tampoco deja de cuestionar el tratamiento frío, anónimo y despersonalizado que la medicina científica da a los pacientes considerados como máquinas en mal estado.

Para abordar esta coyuntura antitética, el filósofo, despliega un fascinante recorrido genealógico a través de las distintas vertientes naturópatas occidentales: desde los alquimistas, pasando por la Natur-philosophie romántica y la escuela teosófica de Rudolf Steiner -sin prescindir de los préstamos hechos por la medicina china y el imaginario taoísta-, hasta llegar a las corrientes actuales, con sus terapias “blandas” o “suaves” (homeopatía, herborística, acupuntura, hidroterapia, nutriología, masajes, musicoterapia, etc.), donde las contradicciones con la medicina institucional -hundida en una crisis crónica, ya diagnosticada por Iván Ilich- se extreman.

Wunenburger problematiza dos peligrosos equívocos: el primero, es el del borramiento del carácter ambivalente de los procesos naturales, en los que también operan irregularidades, inversión de efectos, accidentes y catástrofes imprevisibles; y el segundo, la confusión del par “naturaleza-artificio” con el par “técnica suave-técnica violenta”. Ambos malentendidos impiden, por una parte, la necesaria y complicada articulación de los procesos médicos tradicionales y alternativos con los adelantos de la medicina científica; por otra, contrarrestar el paradigma de control y manipulación de los organismos vivos que priva, generalmente, en la hegemonía de la medicina moderna o alopática.

3) “Zoocentrismo o la alternativa animalista: fuentes, expresiones, desafíos.”

En el interior del general cuestionamiento contemporáneo a la violencia de la civilización tecnocientífica occidental -de cuño eurocéntrico, ejercida, hacia su exterior, contra otras civilizaciones y, hacia su interior, como explotación intensiva de los nichos ecológicos y la biodiversidad de las especies- se da cita una “doble polarización de imaginarios colectivos”; dice J.-J. Wunenburger:

unos, basados en las promesas de una tecnología limpia y controlada, que mejoraría a la humanidad (a través de la informática, la digitalización y la robótica), hasta anunciar la era del ‘post-humano’; otros, los tecnófobos -que acusando al prometeísmo de haber impuesto al cosmos los deseos ilimitados de la especie humana-, pretenden poner un límite a la dominación de la humanidad sobre el planeta, comenzando por la revisión de las relaciones hombre-animal, de acuerdo con una gradación de reivindicaciones que llegan a subordinar la humanidad a la animalidad (2020).

Si, por un lado, es cierto que la civilización occidental, al heredar la visión del mito bíblico del Génesis, promovió el saber y el poder de la humanidad sobre la naturaleza, que luego fue continuado por el prometeísmo del Humanismo renacentista y la Ilustración moderna, concibiendo al animal como una “máquina sin lenguaje”, ahondando así la brecha hombre-animal; por otro lado, también surgieron corrientes tendientes a contrapesar esta escisión, como san Francisco de Asís que, sin cuestionar la jerarquía del monoteísmo, reconsideró al animal como “espejo analógico” de la Creación y del Creador.4 Al respecto, no hay que olvidar que muchas civilizaciones antiguas y tradicionales consideran a ciertos animales como dotados de poderes sobrenaturales, sacralizan la coexistencia con ellos y ofrendan su sacrificio. La no-violencia frente al animal es también otra postura, adoptada por el jainismo hindú y por el pitagorismo griego, que unieron la prohibición de matar lo viviente con el vegetarianismo.

Sin embargo, en las expresiones contemporáneas de defensa de los animales se plantea una fuerte tendencia de “antiespecismo”, movimiento que busca instaurar una “nueva ontología del animal” -Philippe Descola le denomina “giro ontológico”-, que vendría a abolir el estatuto privilegiado de la humanidad. Esta tendencia, a su vez, se bifurca en dos versiones: una posición “antropocéntrica integradora” y otra posición “biocéntrica”, sostenida esta última por la extrema deep ecology, que plantea que el ser humano debería abstenerse de marcar a la naturaleza con su huella violenta y egocéntrica, y desaparecer a largo plazo como una especie depredadora y profanadora.

Wunenburger analiza la fuerte doble influencia que impulsó la crítica animalista: la “unidad genérica de los seres vivos” planteada por el darwinismo -ese gran golpe al “narcisismo humano” (Freud)- que la genética del siglo ampliara con las investigaciones del adn; y los estudios etiológicos de Buy-tendijk y Konrad Lorenz, acerca de la “violencia interespecífica regulada”, que testimonia la riqueza sensorial y cognitiva de las capacidades animales, superiores instintivamente a los seres humanos, a los que no les queda otro recurso que construir la moral y el derecho.

La llamada “revolución animalista” abarca desde las reivindicaciones de derechos para los animales -promovidos al estatuto de cuasi-personas y un activismo político que trata de rebasar la oposición cultura-naturaleza, según Bruno Latour-, hasta un antihumanismo radicalizado, que puede derivar en un totalitarismo y fascismo verdes. Se hace, pues, necesario replantearse, con honestidad y prudencia, los riesgos y posibilidades del antiespecismo o ecología zoocéntrica, sus contrasentidos y sus perversiones.

4) “Gaston Bachelard, la poética de la tierra.”

En esta última intervención, J.-J. Wunenburger, profundo conocedor e intérprete de la obra de Gaston Bachelard (1884-1962),5 desarrolla finamente la doble dimensión que presenta el imaginario del elemento Tierra, al que Bachelard dedica dos de sus magnas “Poéticas”: La tierra y los ensueños de la voluntad (1947) y La tierra y los ensueños del reposo (1948).6 Wunenburger considera a este díptico de la ambivalencia simbólica sustancial de la tierra como una fuente inspiradora de orientaciones ecológicas. Acerca de lo imaginario en Bachelard, nos dice:

A través de lo que será una especie de enciclopedia simbólica de los elementos de la naturaleza [la tetralogía griega: agua, aire, tierra y fuego], Bachelard establece un marco teórico complejo que incluye, entre otras cosas, una tipología de la imaginación (valorada según la fuerza, el movimiento y los elementos materiales), apoyada en la bipolaridad principal del sujeto imaginante (extroversión agonística e introversión intimista) y en la ambivalencia de las connotaciones de las imágenes simbólicas. La composición de las imágenes de las cuatro materias cosmológicas, su coexistencia y combinación, aseguran, además, la densidad onírica de los objetos naturales o culturales. Los cuatro elementos arquetípicos de la materia constituyen, de hecho, las verdaderas raíces de nuestra imaginación, que encuentran en ellas la oportunidad de proyectar y sublimar sus más contradictorios afectos, conscientes e inconscientes (Wunenburger 2020).

El filósofo nos lleva de la mano a recorrer la doble senda de la imaginación complementaria en la que Bachelard utiliza originalmente las nociones jungianas de anima y animus: la de los ensueños del reposo, de fusión contemplativa o empática con las morfologías paisajísticas, protectoras telúricas en su engendramiento de formas de intimidad, suaves y acogedoras, de un onirismo de lo maternal y lo habitable que acogen y hacen de la tierra un hogar; y la de los ensueños de la voluntad, que entablan una lucha viril, cuerpo a cuerpo o “a manos desnudas” con la tierra, en una labor de modelamiento transformativo, que establece una dinamicidad en la que se prueba la libertad proyectante del homo faber contra las resistencias matéricas concretas, que le oponen toda la potencia de su alteridad y donde la Materia y la Mano deben estar unidas para dar el propio nudo energético. En la exploración de esta vía terrestre de la imaginación de la voluntad, propia del animus, Bachelard se encuentra -de modo análogo a las investigaciones que realizó el paleontólogo André Leroi-Gourhan- exaltando el trabajo propio del artesano preindustrial, sustentado en los biorritmos de la gestualidad corporal/psíquica del artesano y el artifex, en la transformación de la materia. Se opone radicalmente a la alienación del hombre subordi­nado a los dispositivos tecnológicos maquínicos diseñados para la compulsiva explotación de las sustancias terrestres y de sí mismo, ofreciéndonos a la vez una lección ecológica.

De esta manera, Wunenburger proseguirá matizando y ahondando en el juego de imágenes ritmoanalizadas, en esta convergencia y complementariedad de los esfuerzos ensoñantes del reposo y de la voluntad en la creación de formas, con la que el hombre se ha hermando con el cosmos unitario de la Naturaleza, “abriendo así la extensión del alma del mundo o del gran viviente”.

Notas al pie:
  • 2

    Wunenburger, Curso “Imaginarios míticos y ecología”, impartido on line del 24 al 27 de agosto de 2020, en <https://www.crim.unam.mx/web/node/3691>.

  • 3

    Véase Jean-Jacques Wunenburger (2005), La vida de las imágenes, traducción y notas Hugo Francisco Bauzá. Buenos Aires, Jorge Baduino Ediciones/Universidad Nacional San Martín.

  • 4

    La actual encíclica Laudato si’. Carta sobre el cuidado de la casa en común del papa Francisco, en un sesgo ecologista, busca ser un eco de aquella vertiente franciscana; documento que, por supuesto, debe ser hermenéutica y críticamente examinado.

  • 5

    Por ejemplo, Jean-Jacques Wunenburger (2014), Gaston Bachelard, poétique des images, Paris, Mimesis. AA. VV. (2006), Bachelard y la epistemología francesa, coordinador J.-J. Wunenburger, traducción María de los Ángeles Serrano. Buenos Aires, Nueva Visión/saic.

  • 6

    Gaston Bachelard (1996). La tierra y los ensueños de la voluntad, traducción de Ida Vitale. México, fce. Gaston Bachelard (2006). La tierra y los ensueños del reposo, traducción de Rafael Segovia. México, fce.

  • 1

    Organizado por el crim y el iifl de la unam, en el marco del proyecto de investigación “Imaginarios de la Naturaleza. Hermenéutica simbólica y crisis ecológica”, coordinado por la doctora Blanca Solares.

Bibliografía
  • AA. VV. (2006). Bachelard y la epistemología francesa, coordinador J. J. Wunenburger, traducción María de los Ángeles Serrano. Buenos Aires, Nueva Visión/SAIC.
  • Wunenburger, Jean-Jacques (2005). La vida de las imágenes, traducción y notas Hugo Francisco Bauzá. Buenos Aires, Jorge Baduino Ediciones/Universidad Nacional San Martín.
  • Wunenburger, Jean-Jacques (2014). Gaston Bachelard, poétique des images. París, Mimesis.
  • Wunenburger, Jean-Jacques (2020). Curso “Imaginarios míticos y ecología”, impartido en línea del 24 al 27 de agosto de 2020, en < Curso “Imaginarios míticos y ecología”, impartido en línea del 24 al 27 de agosto de 2020, en https://www.crim.unam.mx/web/node/3691 >.
Historial:
  • » Recibido: 02/09/2020
  • » Aceptado: 16/11/2020
  • » : 15/04/2021» : 2021Mar-Sep

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