Patricia Castillo<em>. INFANCIA/DICTADURA. Testigos y actores (1973-1990)</em>. Santiago, Editorial LOM, 2019

Creo que este es uno de los libros más complejos y dolorosos que he leído. Leer sobre la infancia en la dictadura abre puertas insospechadas. Más aún si esto se escribe de la mano de otros testigos y actores, como lo hace Patricia Castillo. Un libro que no tiene forma de libro, sino de cuaderno, de esos que llevábamos en nuestros bolsones y que se iban ajando y desgastando a medida que transcurrían los meses. Es un “ataque al corazón”, se nos advierte desde el inicio, el que se busca en este cuaderno en cuya tapa una mano infantil dibuja un corazón asustado por un hombre con un cuchillo amenazante.

El libro se pregunta si los 1 080 menores de edad que fueron víctimas de cárcel y tortura en los años de dictadura (1973-1989), según el Informe Valech, no fueron muchísimos más. Los niños y las niñas que hablan aquí son también víctimas, porque, como dice Patricia, se les obligó no solo a entrar en el universo de violencia política de esos años, sino también a aprender un lenguaje que nunca debieron conocer. Me temo que aún no podemos dimensionar las consecuencias de tal enseñanza. Por eso la importancia de este libro y de las investigaciones que lo hicieron posible:

Los estudios sobre la transmisión del trauma entre generaciones […] no pueden sostener conclusiones universales respecto a síntomas […] pues con ello se desconoce el funcionamiento singular del trauma y nuestra necesaria ignorancia respecto a lo que en esa determinada vivencia se rompió. Tampoco es de fácil intuición lo que las generaciones subsiguientes construyeron con dicho fragmento de la historia de sus antepasados... (pie página núm. 4).

Entramos a un mundo de mucha incertidumbre.

La autora y sus preguntas

Debo decir aquí que conozco poco a Patricia; sé que es una joven psicoanalista, madre, académica e investigadora. Que estudió su pregrado en la Universidad Católica, que tiene una maestría en psicoanálisis de la Universidad de Buenos Aires, y un doctorado en Psicología en la Universidad París VIII. Sé también que ha investigado y escrito mucho sobre la infancia en la dictadura, y que en todos sus escritos, niñas y niños aparecen siempre como testigos, como actores que portan recuerdos y saberes. A partir de la lectura de este, su último libro, intuyo, sin embargo, que en su corazón guarda algo de ese sufrimiento que se dibuja en la portada.

En las primeras páginas del libro, la autora nos hace partícipes de este derrotero que la lleva a escribir y a preguntarse una y otra vez por la infancia en contextos de violencia política:

dónde estaba yo en ese tiempo tan difícil. Una forma de decirle a nuestros hijos que también se pueden hacer otras cosas con esa historia, que no sabemos qué es lo que realmente se hereda y que, de alguna manera, son libres (8).

Porque Patricia sabe que

esto no es algo que solo le hicieron a tus padres; tú no te das cuenta pero también te lo hicieron a ti. Nosotros vemos tus cicatrices y, es más, también las vemos en tus hijos (7). […] Lo único que yo tenía claro era que transformar el dolor en síntoma no nos estaba ayudando, solo era una forma más de ligar nuestro malestar social e histórico por la impunidad a un fenómeno individual. Una enfermedad (13).

En uno de los primeros pies de página (2), porque este cuaderno/libro está lleno de ellos, la autora nos comparte la tesis o hilo conductor de esta investigación y de la curatoría de los recuerdos infantiles:

En este camino, los niños y niñas se fueron transformando, ante mi mirada, en actores políticos, interlocutores plenos. Hoy pienso más en sus tácticas que en sus fragilidades, en sus formas de resistir y subjetivarse más que en los delitos que contra ellos se cometen. Dejé de subestimarlos... (6)

El cuaderno

Este libro tiene una particularidad: en él hay algo lúdico que facilita el tránsito por los testimonios del horror; es un libro que invita a ser leído desde cualquier punto, que invita a ser hojeado, desplegado, de atrás para adelante, de adelante para atrás. Y tal factura es importante. Porque habla de una cierta polifonía, en la que el lector también participa; pero a su vez habla de los múltiples fragmentos de los que se hace nuestra memoria, infantil y adulta. La pretensión de Patricia no es cerrar esta lectura, sino abrirla a una lectura dialógica. Complejo cuaderno/libro:

Un collage de gestos infantiles diversos, entre los que se cuentan aquellos con pretensiones literarias, periodísticas y etnográficas, […] se trata de un ejercicio de recolección de prácticas afectivas, de narraciones construidas para otros, para otros diversos, algunas veces donde los pequeños testigos se toman a sí mismos como otros, pero siempre en torno a un ejercicio que incluye la alteridad (27).

De allí que la manufactura de este cuaderno no sea azarosa, ni nazca de un simple afán estético y de diseño gráfico. Las claves están en los fundamentos del fragmento y del quiebre, tal como lo señala Patricia en otro pie página (4): “Ni la prisión política, ni el exilio, ni la tortura son situaciones que construyen experiencia; de hecho, son fracturas de la misma”. Fracturas que se nos entregan a través de la reproducción fiel de la letra de puño y letra aún sin pulir, los recortes y las pegatinas con las que adornábamos nuestros cuadernos y diarios; los recortes de prensa y los dibujos infantiles.

Pero hay algo más en esta manufactura que respeta fielmente la textura del cartón, del papel, de la gráfica del horario y el nombre en la portada del cuaderno. Aquí hay también mucho de historia como la tapa de una libreta que reza en letra mayúscula: “ESTA LIBRETA DE COMUNICACIONES ES REPARTIDA GRATUITAMENTE A LOS ALUMNOS DE ENSEÑANZA FISCAL”. (128). Enseñanza fiscal, hoy se diría enseñanza pública, que ciertamente no es lo mismo. Habría que preguntarse si algo se nos perdió o qué se ganó en este sutil cambio de lenguaje.

La investigación

Este libro es también un buen ejemplo de cómo opera la imaginación de la investigadora en la construcción teórico-epistemológica. La autora nos muestra generosamente el largo y complejo camino que debió recorrer para llegar a responder las preguntas que la inquietan. Partiendo de una cierta suspicacia por los términos psicológicos con los que se nombra la realidad, Patricia se pregunta:

¿A quién le sirven estos discursos? ¿Por qué los investigadores no se preguntan respecto al poder siniestro de la psicopatología en términos ideológicos? ¿Por qué nunca piensan en las consecuencias que los titulares efectistas tienen sobre las personas? La subjetividad siempre está en diálogo con esos significantes, identificándose, diferenciándose, asumiéndolos o rechazándolos, pero no es sin efectos, nunca es sin efectos (4).

De este ejercicio autocrítico con la dis­ciplina y las propias experiencias, Pa­tricia avanza hacia la construcción de “un relato sobre la dictadura que escapa a las cuestiones dicotómicas, y excede por mucho la experiencia que mis padres pudieron/quisieron producir y transmitir” (25). Y entonces comienza la búsqueda que bien podría ser leída también como una prolija y creativa bitácora de investigación y compromiso ético:

Solicité todo lo que creí podría estar relacionado con la experiencia de los niños y niñas en dictadura. Ya había visto ... Me había maravillado… Había presentido… Durante meses revisé archivos […] hicimos un llamado abierto […] La respuesta no se hizo esperar […]. Siempre más en el intersticio que en la literalidad. Eso me lo enseñó mi práctica como psicoanalista.

Lo innominable:

Sentí que había quedado grabado en esas piezas de museo algo que sobrepasaba la literalidad y hospedaba un conjunto complejo de emociones que no encontrarán jamás un término preciso para ser nombradas (8).

Pero hay algo más que investigación en este ejercicio polifónico. En los términos de Bourdieu, podría afirmar que Patricia y su equipo asumen la tarea de una sociología reflexiva que no solo objetiva su participación en la definición del problema, también hace del ejercicio de la comunicación de los resultados, un ejercicio reflexivo y ético. Una tarea tan compleja como la realización del estudio:

[…] de alguna manera, el efecto subjetivo de reconstruir esta historia nos obligaba a pensar en otra forma de comunicar los resultados […]. Era cuestión de organizar una exposición, pero ¿quién sabía hacer una exposición? […]. No queríamos que la gente fuera al museo a condolerse con la parte más triste de nuestra infancia (20). Fue así que de esta investigación nace el primer archivo histórico de producciones infantiles que existe en Chile, y que será resguardado en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (17).

Las voces

Finalmente, ¿qué nos deja este libro como resultado de investigación? Ciertamente, como Patricia afirma, la mirada en torno a las niñas y los niños ha ido transformándose. Hoy, ciertamente, ellos son sujetos de derecho. Pero no estoy tan cierta de que ellos hayan logrado hacerse protagonistas de nuestra compleja historia, como afirma la autora. Me temo que el hacerse sujetos de derecho no garantiza su actuación ni protagonismo, es decir, el respeto a esos derechos. Ellos siguen siendo sistemáticamente violentados. Quizá en parte -como bien se señala en este libro-, porque aún hay algo enigmático en el espacio que ocupan en nuestra sociedad la infancia y su subjetividad: ¿Qué piensan? ¿De qué hablan? ¿Qué saber portan y qué hacen con él? ¿Cuándo esos saberes pueden transformarse en acciones políticas? Estas son algunas de las preguntas que aquí se busca responder. Citando a Giorgio Agamben (2004), la autora concluye que

los testigos infantiles y sus enunciaciones responden a un relato, muchas veces desafectado, pues de alguna ma­nera fueron quizá los únicos que se salvaron del desarme de la realidad que constituyó el golpe de Estado (25).

Yo me atrevería a agregar que en los niños más que desafección, lo que en ellos encontramos es la obstinada búsqueda de una cierta verdad. Y en esa búsqueda, los adultos, ciertamente, no estamos a la altura; ni antes ni ahora.

Las voces de los niños y las niñas son tan diversas que costaría tipificarlas: como en las fotos de las ruinas de La Moneda, los niños no escatiman esfuerzo si se trata de descubrir lo oculto. Tal como esos dos niños empinados sobre las perforaciones y escombros de los muros, observan con atención desde su pequeña altura. Así como observan, ellos escriben y preguntan. Si nos detenemos en sus diarios de vida o en las preguntas, descubriremos sin gran esfuerzo que hay dos fórmulas que se repiten insistentemente: aquello que los sociólogos denominan “triangulación de información y fuentes”, y la pregunta del por qué. En ambos caminos, los niños buscan sin tregua, comprender, explicar para encontrar el hilo de la trama.

Un ejemplo de estas preguntas incómodas y sin respuesta nos lo entrega la carta que los educadores del Colegio Rubén Darío escriben el 18 de junio de 1987, a propósito del asesinato del padre de Lucien, Ignacio Valenzuela Pohorecky. La carta es devastadora, sobre todo porque allí se registran meticulosamente las preguntas que los niños hacían en el patio del colegio al enterarse de lo ocurrido a su pequeño compañero: “¿Qué pasó? ¿Cómo pasó? ¿Por qué? ¿Pueden llevarse a mi mamá?”

Comparto cuando Patricia parafrasea al escritor peruano José Carlos Agüero y concluye que “la historia desde la perspectiva de los niños y las niñas puede coincidir con una historia sin héroes, una historia de personas. Llenas de errores, luchas, resistencias, culpas y tensiones. De imperfectos” (26). Podemos decir que la historia de los niños también es una historia donde los principios básicos del lazo social no se cumplen, porque la historia de los adultos es una historia de silencios, de fragmentos y de escombros; donde ellos deben aprender a excavar y a “pegar” con amalgama para poder unir en un relato. En esa tarea, la comprensión no se resuelve jamás. Esta es la más dolorosa lección que les hemos dado como sociedad adultocéntrica. De allí entonces que “el horror no pueda tener narradores, no hay experiencia del horror, solo ruptura, fragmentación y desconcierto, […] sin memoria de un tiempo en el que las cosas funcionaban de otra manera, con otras reglas (25). Aprender de ese lenguaje y de las búsquedas de los niños y las niñas es la invitación que ciertamente se desprende de este bello libro de Patricia Castillo. No podemos sino concluir que la violencia de Estado es un acto de fuerza cuyo movimiento no solo afecta el lenguaje e introduce nuevos términos; también silencia la posibilidad de un relato a múltiples voces. Y los niños y las niñas nos lo recuerdan como gavilla en el ojo.

Bibliografía
  • Patricia Castillo. INFANCIA/DICTADURA. Testigos y actores (1973-1990). Santiago, Editorial LOM, 2019
Historial:
  • » : 23/04/2020» : 2020Jan-Jun

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.


Copyright (c) 2020 Interpretatio. Revista de hermenéutica

Interpretatio. Revista de Hermenéutica, vol. 5, núm. 1 (marzo-septiembre, 2020) es una publicación semestral editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, Ciudad de México, C. P. 04510, a través del Seminario de Hermenéutica del Instituto de Investigaciones Filológicas, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, Ciudad de México,  C. P. 04510, teléfono: 56 22 72 50 ext. 49256, URL: https://revistas-filologicas.unam.mx/interpretatio,   e-mail: interpretatio@unam.mx. Editor responsable: Dr. Rafael Mondragón Velázquez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo del Título: 04-2018-020113383800-30, ISSN: 2448-864X. Responsable de la última actualización de este número: Mtra. Consuelo Méndez Tamargo, Seminario de Hermenéutica del Instituto de Investigaciones Filológicas, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Alcaldía de Coyoacán, Ciudad de México, C. P. 04510, teléfono 56 22 72 50 ext. 49434. Fecha de última modificación: 20 de marzo de 2020.

El contenido de los textos es responsabilidad de los autores y no refleja forzosamente el punto de vista de los dictaminadores o de los miembros del comité editorial de la revista. Se autoriza la reproducción de la revista (no así de las imágenes) con la condición de citar la fuente exacta y de respetar los derechos de autor.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.