Rosaura Martínez Ruiz, Mariana Hernández Urías y Homero Vázquez Carmona (coords.). <em>Pensar Ayotzinapa</em>. México, UNAM/Almadía, 2018

Pensar Ayotzinapaes un conjunto de nueve trabajos que reflexionan, con las herramientas de la filosofía y el psicoanálisis, sobre uno de los acontecimientos recientes más violentos, dolorosos e impunes de nuestro país. A lo largo de este ejercicio crítico y analítico los autores exploran temas como el duelo, el archivo, la cosificación y la importancia de incorporar en la teoría y la práctica la dimensión subjetiva de la política. Antes de referirme a los ensayos me gustaría contar cómo se construyó este volumen publicado por la Facultad de Filosofía y Letras y la editorial Almadía.

En la presentación, los coordinadores dicen que el grupo de trabajo, articulado en torno al proyecto “Filosofía y psicoanálisis como fronteras críticas de lo político”, tenía como objetivo “estudiar cómo el psicoanálisis freudiano fue central en el pensamiento filosófico del siglo xx para formular una crítica de la cultura” (7). El 26 de septiembre de 2014 ocurrió la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Raúl Isidro Burgos, y la ejecución de seis personas, entre ellas, tres normalistas. El hecho, que conmovió a muchos mexicanos en los últimos meses de 2014, también trastocó los objetivos iniciales de este seminario, cuyos integrantes optaron por plantearse la pregunta: “¿cómo pensar los acontecimientos de Ayotzinapa desde las fronteras entre el psicoanálisis y la filosofía política?” (8). Así, este libro es la respuesta, no concluyente, sino abierta, ante esa interrogante que resonó en cada uno de los integrantes de ese cuerpo colegiado.

Dejarse tocar por otro es ponerse en juego a sí mismo: rasgar los límites. Acercarse con el pensamiento a un evento cuya única certeza es la ausencia, sumada a las miles de desapariciones ocurridas desde que fue declarada la “guerra contra el narco”, implica una apuesta por la pluralidad y el pensamiento crítico, que no debieran separarse de la práctica académica. En el prólogo a Drama social y político del duelo, de la socióloga Carolina Robledo Silvestre -dedicado a estudiar la construcción del duelo en familiares de personas presuntamente desaparecidas por el Pozolero, en Tijuana-, Sergio Aguayo acuña el término “academia de trinchera”. El investigador subraya ahí la necesidad de escudriñar la realidad mexicana actual con las herramientas proporcionadas por las distintas disciplinas impartidas en las universidades. En este sentido, Pensar Ayotzinapa forma parte de esa biblioteca creciente donde estudiosos y especialistas se afanan por dar sentido a eventos fuera de toda lógica.

En el primer artículo de Pensar Ayotzinapa, “Tristeza de las generaciones sin maestros. Se necesitan maestros rebeldes”, Cuitláhuac Moreno Romero explora, a propósito del trabajo de la lingüista Julia Kristeva, las aristas de la palabra rebeldía. Posteriormente recuerda el rechazo sartreano para recibir el Premio Nobel, pues la anécdota muestra “lo que se juega es la necesidad de tener maestros que sepan mostrar el sentido (y sinsentido) de la rebeldía” (38). Lamentablemente, enfatiza el autor, ese tipo de maestros están ausentes porque los han desaparecido.

En el segundo artículo, “Entre la memoria y la justicia: Ricoeur y el relato testimonial”, Greta Rivara Kamaji apunta las implicaciones documentales y judiciales del testimonio. “Cuando se demanda la aparición con vida de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos, se solicita su testimonio para saber qué pasó ahí. [...] Son necesarios sus testimonios para hacer justicia” (60), para reescribir la “verdad histórica”. Lo cual implicaría justicia no solo para ellos sino para el resto de la sociedad. La verdad es un derecho.

Griselda Gutiérrez Castañeda, en Pensar Ayotzinapa, alude también a la llama­da “verdad histórica”, cuya “tesis de la de­sintegración de todo indicio y todo rastro de los cuerpos pretende borrar la muerte, la posibilidad de significarla, de inscribirla simbólicamente y, con ello, la imposición del silencio”. La autora compara esta postura oficial del gobierno de México con el acto de dinamitar la mina de cal usada como cementerio de los desaparecidos chilenos, perpetrado por Pinochet. Se trata de un doble crimen.

Por su parte, Juan José Abud Jaso, en “La masacre de Iguala: falta y pulsión de muerte”, aborda un tema tabú en la sociedad mexicana: el racismo. Lo cual explica la percepción negativa y cruel que un sector de la sociedad mexicana sentía hacia los estudiantes normalistas, algunos de ellos indígenas, todos pobres, hijos de campesinos.

“Ayotzinapa. Locas y fantasmas. Duelo y melancolía”, de Laura Echavarría Canto, parte del psicoanálisis para explicar la dificultad de completar un duelo. En el caso de los desaparecidos: se vuelven como fantasmas. La autora se remonta a la guerra sucia en México, en la que Rosario Ibarra de Piedra y muchas otras madres se convirtieron en las locas que no se resignaron a olvidar y exigieron la aparición con vida de sus hijos, muchos de ellos jóvenes.

En “¿Cuánto vale esa vida? El caso Ayotzinapa y el fenómeno de la cosificación”, Mariana Hernández Urías despliega categorías analíticas de Butler y Lukács para exponer cómo ocurre el proceso de la cosificación y cuál es la relación de los estudiantes y el discurso universitario en ello. La autora plantea que en el mercado laboral neoliberal el proyecto de las escuelas normales rurales es una anomalía, pues su propósito no es formar maestros que se inserten en el mercado laboral; por ello las vidas de los estudiantes normalistas valen menos que otras. Esta lógica voraz, necropolítica, no deja fuera a estudiantes como los de la UNAM. La conclusión es dolorosa: “El discurso universitario se adapta a estas medidas funcionando bajo la misma lógica de autocosificación; así sirve, lo quiera o no, a los intereses del Estado y del mercado” (146).

Mariflor Aguilar Rivero, en “Informar mata: Construcción social de la autodevaluación y el heroísmo”, compara la figura de Antígona con los normalistas y con

todos aquellos que aún se atreven a ejercer sus derechos y cuestionar y criticar la injusticia social son héroes en el triple sentido de oponerse a la fuerza del poder, de buscar salir de los roles asignados de marginados y excluidos y, todo esto, a la luz de la heroicidad trágica de encontrar la autenticidad anticipando su propia muerte (156).

“Decir el acontecimiento: Ayotzinapa”, de Homero Vázquez Carmona, plantea la imposibilidad de decir el acontecimiento en términos derridianos, pero también la urgencia de reescribir, reinterpretar, la construcción discursiva en torno a los hechos. El autor no propone en ningún momento construir un discurso en favor de uno u otro actor; apela, por el contrario, a la ecuanimidad.

El último de los artículos, “Ayotzinapa: verdad y duelo”, de Rosaura Martínez Ruiz, aborda nuevamente el complejo tema del duelo. La autora define la verdad como “lo opuesto al engaño” (180), dada la peligrosidad de hacer historia y política basados en el engaño. Martínez Ruiz propone que el pepenador de la historia -concepto tomado de la filósofa Ana María Martínez de la Escalera- y el psicoanalista son los encargados de recolectar “los signos olvidados”, “las huellas” y, no menos importante, de darles sentido. La única forma de hacer historia honesta es hacerla democráticamente; por ello, la autora desde el comienzo de su texto llama a discutir, en el sentido más constructivo del término, sobre la búsqueda de justicia, manteniendo como principios la tensión y la oposición.

Algunos autores plantean abiertamente, de otros se deduce, que uno de los motivos de este esfuerzo tiene que ver con una dimensión restaurativa. En el proyecto inicial se planteaba abordar categorías psicoanalíticas y filosóficas, en buena medida procedentes de pensadores europeos, si bien, algunos, artífices de un pensamiento descentrado. La lectura de estos artículos revela las limitaciones para pensar un hecho concretamente mexicano -de raigambre latinoamericana- con herramientas ajenas a este tipo de horror. Ello no supone una carencia en el libro; antes bien subraya la urgencia con que los autores -profesores y académicos universitarios- se dieron a la tarea de pensar la figura del desaparecido. Así como los ilustradores se apresuraron a dibujar, los escritores a escribir, los periodistas a documentar, los cineastas a filmar, los nadie a gritar, los todos a exigir justicia. Lo importante es no dejar espacio al silencio ominoso, al olvido ciego. Muchos nos dejamos tocar por la herida Ayotzinapa; ello implicó dolor y enojo, pero también alegría de sabernos juntos. De ese tiento surgieron las marchas, el llanto, las palabras, los rostros pintados, las esculturas, las palabras pequeñas, las mantas, la escucha, los libros, las colectas, los videos, las notas de prensa, las palabras pequeñas juntas, música. Estos pensamientos también acon­tecieron ahí.

Bibliografía
  • Rosaura Martínez Ruiz, Mariana Hernández Urías y Homero Vázquez Carmona (coords.). Pensar Ayotzinapa. México, UNAM/Almadía, 2018
Historial:
  • » : 23/04/2020» : 2020Jan-Jun

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Interpretatio. Revista de Hermenéutica, vol. 5, núm. 1 (marzo-septiembre, 2020) es una publicación semestral editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, Ciudad de México, C. P. 04510, a través del Seminario de Hermenéutica del Instituto de Investigaciones Filológicas, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, Ciudad de México,  C. P. 04510, teléfono: 56 22 72 50 ext. 49256, URL: https://revistas-filologicas.unam.mx/interpretatio,   e-mail: interpretatio@unam.mx. Editor responsable: Dr. Rafael Mondragón Velázquez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo del Título: 04-2018-020113383800-30, ISSN: 2448-864X. Responsable de la última actualización de este número: Mtra. Consuelo Méndez Tamargo, Seminario de Hermenéutica del Instituto de Investigaciones Filológicas, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Alcaldía de Coyoacán, Ciudad de México, C. P. 04510, teléfono 56 22 72 50 ext. 49434. Fecha de última modificación: 20 de marzo de 2020.

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