La esencia está en filmar expresivamente
y emplear la forma más sencilla y económica posible
para expresar lo que deseamos.
Serguéi Eisenstein
Las revoluciones son un hecho, no solo político, social y económico, sino, sobre todo, un hecho cultural, que eso sea así está relacionado con los propósitos esenciales de ese mismo cambio. La revolución saharaui no es una excepción, por ello, el proceso revolucionario saharaui ha experimentado profundos cambios culturales. En el Sahara, a partir del desencadenamiento de la revolución del 20 de mayo, todas las formas de expresión artística han ido transformándose, evolucionando y enriqueciendo la personalidad cultural de este pueblo.
Desde los inicios de la lucha de liberación, el pueblo saharaui y su vanguardia política, el Fpolisario, son conscientes de que el cine (entre todas las artes) es un medio de comunicación colectivo muy poderoso para difundir e imponer conceptos políticos, sociales y culturales superpuestos a las otras formas artísticas tradicionales ya existentes.
Es por ello que el pueblo saharaui ha comprendido esta forma artística como una necesidad propia de la naturaleza de un pueblo en evolución emancipadora, como pueden ser otras formas artísticas: la música, la danza, la poesía, el teatro, entre otras muchas. Esto se refleja en los múltiples intentos de fomentar el arte cinematográfico, que se remontan a los inicios de la lucha de liberación.
En esta lucha, la cinematografía saharaui surge como una necesidad revolucionaria, un arma necesariamente valiosa en el combate político-propagandístico. Las primeras experiencias cinematográficas ven la luz en el fragor de la guerra de liberación. Este es el único y extraordinario antecedente. La irrepetible experiencia de recoger el testimonio de los momentos más encarnecidos de la lucha con la cámara en mano.
Por ello, en los primeros meses de 1976, se crea un departamento de fotografía y cine en la central de la comisaría política del Ejército de Liberación Saharaui, el cual tenía como principales objetivos la captación, conservación y difusión de las más relevantes acciones de este ejército y del pueblo saharaui. Los equipos técnicos de este departamento eran rudimentarias cámaras de 16 mm, la mayoría de las veces donadas por organizaciones solidarias. A pesar de esta escasez de medios se logró acumular un rico archivo fílmico. Además de realizar cuantiosos documentales y reportajes, que junto con los realizados por amigos de este sufrido pueblo -como el cineasta mauritano-francés Mohamed Hindo y su documental “Tenemos toda la muerte para dormir” o la cineasta libanesa Joselin Saad y su filme “El Sahara no se vende”-, lograron romper el cerco informativo impuesto por el invasor marroquí y sus aliados. No podemos seguir sin antes recordar a jóvenes compañeros cineastas del citado departamento que sacrificaron sus vidas en aras de este pueblo y de la cinematografía, entre ellos los recordados Abidin Kaid Saleh, Abdalahe Lahbib, Hamada “Zahafi”, Muley Sein “Kueider”, Chej Bohteh y Said “el sonidista”, entre otros muchos.
A partir de la década de los ochenta del siglo pasado, aún con la necesidad de crear y fortalecer los cimientos de una genuina cinematografía saharaui, se realizó buena cantidad de documentales que reflejaban la evolución tanto del conflicto como de la incipiente cinematografía. Entre estos podemos citar los más significativos: “Un siglo de resistencia”, “10 años de lucha”, “La artesanía en el Sahara”, “Forjadores de futuros”, “La rasd, una realidad irreversible”, entre otros. Todos estos documentales tenían como objetivo informar a la opinión pública internacional de la situación de conflicto en que vive el pueblo saharaui.
En 1993, se produce el primer filme de ficción en los campamentos de refugiados saharaui. Película realizada por la cineasta canaria María Miro, titulada “Los baúles del retorno”, que narra las esperanzas de retorno a sus hogares de origen de la población refugiada, al comienzo del alto al fuego y del proceso de paz. En 2003, se realiza una segunda película titulada “Cuentos de guerra saharaui”, filme de argumentación bélica que refleja las difíciles vivencias de la juventud saharaui durante el éxodo y las primeras ofensivas del ejército saharaui. Es necesario decir que estos dos filmes son producciones mixtas hispano-saharauis, tanto en la parte técnica como en la artística.
A pesar de todo lo citado, lamentablemente, no se ha podido consolidar una institución que sostenga una infraestructura básica que permita desarrollar el proyecto cinematográfico. Los jóvenes creadores saharauis aparecen y desaparecen eventualmente, en su mayoría aniquilados por la ausencia de los medios elementales, la marginación creativa y las múltiples dificultades de todo tipo que deben sortear.
Desgraciadamente, con la situación de “no guerra, no paz” en que se encuentra este pueblo, desde el alto el fuego iniciado en el año 1991, la experiencia siempre en evolución del proyecto cinematográfico saharaui se ha ido extinguiendo hasta su práctica desaparición debido, especialmente, a los siguientes motivos:
1. La poca o débil cultura cinematográfica existente en la sociedad saharaui. (Recordemos que, en el Sahara, como en todo el continente africano, la expresión cultural gira en torno a una tradición oral.)
2. La no existencia de una política-estratégica, clara y precisa, orientada al desarrollo de este arte.
3. Las necesidades prioritarias de la población refugiada en otros campos: la sanidad, la enseñanza, la alimentación, etc., no permitieron gastos en un arte que en cierta medida era desconocido para la inmensa mayoría de la dirigencia política y de la población.
4. Los pocos recursos humanos y técnicos para fomentar este arte.
5. La proliferación de trabajos fílmicos realizados por extranjeros sobre el conflicto saharaui, que ocuparon el espacio de información política que correspondía al incipiente proyecto cinematográfico saharaui.
Con la creación del Festival Internacional de Cine del Sahara (Fisahara), y su forma sui géneris de enfocar la cinematografía de una forma tan festiva, por primera vez en un campamento de refugiados, se ha ayudado a una mayor comprensión y sensibilización de este arte. Las actividades de Fisahara han fortalecido y arraigado una nueva forma de ver la cinematografía en la sociedad y, en especial, en las nuevas generaciones, que ven en esta forma de arte un nuevo vehículo para expresar sus inquietudes.
Un elemento importantísimo de esta nueva percepción se debe a que el festival organiza en su seno una multitud de talleres que abarcan todas las ramas del haber de la producción cinematográfica, y que tienen una gran aceptación entre los jóvenes. Además llevan a cabo una amplia programación de proyecciones de películas que llevan a los campamentos de refugiados nuevas temáticas y técnicas en este campo.
Permítanme expresar algunas propuestas e inquietudes de cómo podemos desarrollar una auténtica cinematografía que surja de la realidad social y política de nuestro pueblo, sin caer en los anteriores errores.
¿Por qué urge crear una cinematografía saharaui? Porque el cine, desde sus inicios, ha sido un arte de masas que se ha dirigido indistintamente a todos los estatus de la sociedad. Por ello, si los saharauis quieren llevar su mensaje de derecho a subsistir como pueblo a un público más amplio deben utilizar los elementos de expresión-comunicación que ese público entiende más. Por ello, la creación de obras cinematográficas realizadas con una visión netamente saharaui es cada vez más necesaria.
Además, por la situación actual en la que vive nuestro pueblo, necesitamos plantearnos nuevas formas de comunicación y expresión, no solo para apoyar, sino para propiciar los nuevos cambios sociales que están surgiendo en los campamentos de refugiados, sobre todo en los sectores jóvenes. Y el cine, por sus especiales características, al ser el arte más expresivo y más sintetizado que se conoce actualmente, puede jugar un rol importantísimo y decisivo en estos cambios sociales.
Por ello, guiados por el propósito y la esperanza de crear una cinematografía netamente saharaui, debemos proponernos como objetivo fundamental la creación de una institución que sirva de base para el surgimiento de un movimiento cinematográfico nacional. Somos conscientes de que no tenemos formadas las bases, ni técnico-materiales, ni los cuadros profesionales y artísticos necesarios. El germen de la cinematografía saharaui parte de cero. Esperamos que poco a poco, con el apoyo y el compromiso de las autoridades y del organismo cultural correspondiente, vayamos desarrollando y fortaleciendo este proyecto embrionario, en forma lenta pero segura.
Desde el ministerio de cultura, como institución gestora, nos debemos plantear con precisión y máximo realismo la interrelación del cine con las restantes ramas de la actividad cultural, así como con el conjunto patrimonial de estas. Debemos plantearnos con seriedad el problema de la formación y calificación de cuadros como algo esencial: la formación de realizadores, guionistas, camarógrafos, editores, técnicos de sonido y demás funciones específicas de este campo. Porque esa formación es el elemento clave del éxito. Es por ello que desde nuestras instituciones y organismos culturales debemos garantizar las necesidades que se requieren para el desarrollo de esta cinematografía.
Es necesario, a su vez, que los nuevos creadores y artistas realicen un cine comprometido con la realidad de nuestro pueblo, un cine que, utilizando las nuevas formas expresivas, propicie e incida en los cambios sociales, culturales y políticos. Los nuevos creadores tienen que cuestionar las reglas vigentes de la sociedad, aportando nuevas formas de expresión, partiendo, por supuesto, de la identidad cultural de nuestro pueblo. Considero que, para enfocar un real desarrollo del cine saharaui, los nuevos cineastas deben surgir de la sociedad a la que pertenecen y de la situación en la que viven. Porque, en toda obra artística y en especial las obras cinematográficas, las condiciones sociales, culturales, políticas y económicas inciden de manera evidente. El cine saharaui tiene que ser un arma destinada a afianzar las aspiraciones de nuestro pueblo. Tiene que ser capaz de analizar y plasmar las condiciones de su historia, rescatar los valores y la identidad nacional buscando en las más genuinas tradiciones históricas y culturales y de esta forma incorporar la cinematografía al patrimonio cultural saharaui.
Los objetivos, a corto plazo, para crear este proyecto cinematográfico deben ser los siguientes:
1. Crear un centro de formación. Este primer objetivo se ha logrado parcialmente con el próximo inicio de la Escuela de Formación Audiovisual “Abidin Kaid Saleh”. El alumnado de dicho centro que finalice favorablemente el curso obtendrá el título de: Técnico superior en imagen y sonido: Diplomado en Cine, Video y Televisión. Para ello, tendrán que estudiar durante un año 10 módulos teórico-prácticos: producción, guion, dirección narrativa, dirección de fotografía, sonido en rodaje, dirección de actores, montaje, realización, dos módulos de fin de curso (en los que desarrollarán todos los conocimientos adquiridos durante el curso). Esta institución está concebida como un centro de formación y de producción donde los estudiantes puedan tener el soporte técnico necesario para la realización de sus futuros proyectos cinematográficos.
2. Fomentar foros de discusión y debate cinematográficos.
3. Plantear la posibilidad de crear un cine comunitario.
4. Crear y organizar centros de exhibición en las diferentes Wilayas, con la finalidad de promover y arraigar una cultura cinematográfica a través de proyecciones de películas tanto las de producción extranjera como las futuras nacionales.
5. Garantizar a través del Festival Internacional de Cine de Sahara (Fisahara) una participación en festivales internacionales de las futuras producciones cinematográficas saharaui.
Para concluir, considero que si se logran estos objetivos a corto plazo, la cinematografía saharaui podrá entrar en el proyecto cultural de nuestro pueblo con buen pie. Consiguiendo un nuevo arranque ideal, lograremos una cinematografía sólida, compatible con las necesidades actuales del pueblo saharaui.