La historia de los artefactos itinerantes
de la Plataforma de las Águilas
y los Jaguares de Chichén Itzá, México

The History of Itinerant Artifacts
from the Platform of the Eagles
and Jaguars, Chichen Itza, Mexico

Daniel Grecco Pacheco
Universidad Estatal de Campinas, Brasil

Adam T. Sellen
Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales,
Universidad Nacional Autónoma de México

Resumen:Este artículo intenta presentar la historia de la circulación de un conjunto de objetos arqueológicos recuperados en el siglo xix por los exploradores Augustus Le Plongeon y Alice Dixon Le Plongeon en una ofrenda proveniente de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares de Chichén Itzá, México. Al estudiar este conjunto de artefactos, analizamos las trayectorias e itinerarios de circulación de los objetos para comprender la materialización de subjetividades, memorias y elementos sociales en las piezas, así como para percibir usos y reutilizaciones realizadas a través del tiempo y en contextos diferentes. Para ello, utilizaremos el concepto del “itinerario” de los objetos, que trata de captar su complejidad a través de su propia dinámica, y en el desarrollo de tal argumento adoptamos como metodología la arqueología de archivo. Creemos que mediante el uso de dicho enfoque será posible recuperar historias, memorias y cuestiones sociales relativas a los objetos antiguos y así contribuir a una mejor comprensión e interpretación del pasado.

Palabras clave: Le Plongeon, Chichén Itzá, Plataforma de las Águilas y los Jaguares, itinerarios de objetos, mayas.


Abstract:This article intends to present the history of the circulation of a set of objects recovered in the nineteenth century by the explorers Augustus Le Plongeon and Alice Dixon Le Plongeon in an offering from the Platform of Eagles and Jaguars, Chichén Itzá, Mexico. We will analyze the trajectories and itineraries of these objects and seek to understand the materialization of their subjectivity, memories and social elements, as well as perceive uses and reuses made throughout time and in different contexts. To do this, we will use the concept of object itineraries that aims to capture the complexity of the artifacts by tracing their own dynamics. For the development of such an argument, we adopt archival archaeology as a methodology to retrieve the information about the stories of the objects. We believe that by using such an approach it is possible to recover stories, memories and social issues that have been materialized in ancient objects and thus contribute to an understanding and interpretation of the past.

Keywords: Le Plongeon, Chichén Itzá, Platform of Eagles and Jaguars, itineraries of objects, Mayas.

Recepción: 15 de marzo de 2018.
Aceptación: 7 de mayo de 2018.
DOI: 10.19130/iifl.ecm.2019.53.958.


Daniel Grecco Pacheco. Brasileño.Licenciado en Historia por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo y maestro en Historia del Arte por la Universidade Estadual de Campinas, Brasil. Actualmente se encuentra adscrito a la Universidade Federal de Minas Gerais. Sus líneas de investigación se enfocan en la historia de las civilizaciones mesoamericanas, la historia de la arqueología en América, el arte y la arqueología maya y mesoamericana, la iconografía y la cosmología. Su proyecto actual de investigación es “Entre ch’ul e jamalal: a materialização das relações entre diferentes espaços ontológicos maias nos envoltórios de tecido”, y entre sus publicaciones se encuentran “Itinerarios, usos e ressignificações. A historia do Rey Tigre de Le Plongeon”,“Glória à México! Glória à la Ciencia! Glória à Yucatán! Arqueologia, política e disputas no México pós-independência” y ”Novos tempos, novas narrativas: As trajetórias das peças da oferenda da Plataforma das Águias e Jaguares de Chichén Itzá, México”
daniel_gpacheco@yahoo.com.br

Adam T. Sellen. Mexicano. Licenciado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Toronto, Canadá, y doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. Es investigador titular del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la misma Universidad en Mérida, Yucatán. Sus principales temas de investigación son la historia de la arqueología mexicana y el coleccionismo arqueológico. Su proyecto actual se titula “Posada La Sorpresa en Mitla, Oaxaca: puerta de acceso a 150 años de arqueología mexicana”. Entre sus últimas publicaciones se encuentran Real Fake? The Story of a Zapotec Urn (coeditor), “Historia del coleccionismo arqueológico en la península de Yucatán durante el siglo xix” y The Orphans of the Muse. Archaeological Collecting in Nineteenth-Century Oaxaca.
adamtsellen@gmail.com



Introducción

Este artículo presenta el análisis de un conjunto de artefactos mayas descubiertos por una pareja de exploradores, Augustus Le Plongeon y Alice Dixon, a finales del siglo xix en la Plataforma de las Águilas y los Jaguares, en Chichén Itzá, México. El objetivo principal de esta investigación fue recuperar el contexto arqueológico y las trayectorias seguidas por los objetos tras su descubrimiento. Para ello, fueron ubicados y se reunió una gran cantidad de información sobre dichas piezas en diferentes lugares, como bibliotecas, archivos, hemerotecas, archivos de museos y fototecas en México y los Estados Unidos. El presente trabajo ayudó a recuperar la trayectoria de los objetos en diferentes etapas de su historia, y con esto fue posible percibir usos, reutilizaciones, resignificaciones, memorias y subjetividades presentes en ellos a lo largo de tales itinerarios. La metodología adoptada resultó ser una herramienta importante para la realización de trabajos futuros con piezas de museos que provienen de un contexto arqueológico no conocido, muchas veces recuperadas sin las técnicas actuales de la arqueología profesional y científica.

Además, esta investigación propone el rescate del material producido por los pioneros en los estudios de Chichén Itzá, la pareja Le Plongeon, cuya visión ha sido clasificada como excéntrica o exótica por diferentes estudiosos; no obstante, muchos aspectos de su investigación y legado apenas han sido explorados (Desmond y Messenger, 1988; Desmond, 2009; Sellen y Lowe, 2009; Schávelzon, 1985; Braswell, 2003). A partir de los escritos y materiales producidos por dichos exploradores, se busca dar voz a este legado trabajando con un tema que responde a lo que creemos ser el propio papel del historiador, el de rescatar memorias y eventos olvidados.


Trayectorias e itinerarios de objetos: cuestiones teóricas y metodológicas

Al proponer un análisis de las trayectorias e itinerarios seguidos por los objetos descubiertos en la Plataforma de las Águilas y los Jaguares utilizamos un marco teórico proveniente de los estudios antropológicos de los años ochenta y noventa, centrado en nuevas interpretaciones sobre la cultura material. Esta corriente de pensamiento se enfocó en cuestiones relativas a la materialidad de los objetos, materializaciones y manifestaciones de los elementos de la cognición humana en los objetos (Joyce y Gillespie, 2015: 5; Olsen, 2010: 9). El énfasis en la materialidad ha llevado a una mayor atención por parte de los estudiosos en analizar los artefactos por medio de sus valores sociales y significados, y no únicamente a partir de atributos esenciales o tecnológicos. De esta manera, se abre la posibilidad de reflejar los procesos cognitivos generados a partir de la interacción recursiva entre las personas y las cosas, lo que permite considerar a los objetos como entidades dinámicas de historia social.

Los estudios llevados a cabo por esta corriente teórica comenzaron a destacar la idea de que los movimientos sufridos por la evidencia empírica también llevan consigo preguntas acerca de su materialidad, además de pensar en las cosas como partes integrales de relaciones y subjetividades en lugar de ser instrumentos de significados generados a partir de un sujeto anterior (Olsen, 2010).

A partir de este momento, los antropólogos Igor Kopytoff y Arjun Appadurai proponen un análisis que tome en cuenta una biografía de los objetos o su vida social (Appadurai, 1986). El foco principal de estos dos autores fue percibir la trayectoria total de una mercancía desde su producción, intercambio, distribución y consumo, haciendo uso de términos que aluden a una vida social de los objetos. Recientemente otros autores han ampliado esta noción de circulación proponiendo el uso de conceptos y la metáfora de “itinerarios” para trazar la trayectoria de los objetos en sus diferentes momentos y así identificar la materialización de memorias e historias, considerando cambios y permanencias, usos y reutilizaciones, que añaden nuevos significados a las piezas (Joyce y Gillespie, 2015: 11; Holtorf, 2002).

Estas cuestiones han sido utilizadas en nuestro análisis de las trayectorias de los objetos de la ofrenda de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares de Chichén Itzá, donde es posible identificar que la identidad material atribuida a las cosas no es únicamente una propiedad esencial, sino el resultado de relaciones específicas entre las personas y objetos que, durante sus trayectorias, pueden resultar en alteraciones de significado y de uso.

La metodología utilizada para la investigación se fundamenta en estudios centrados en la historia de las colecciones. Este enfoque sugiere la creación de una red para el levantamiento del mayor número de informaciones posibles sobre la historia del objeto a ser analizado. Con ello, se propone la utilización conjunta de fuentes de archivo, colecciones arqueológicas, anotaciones antiguas, estudios biográficos de personajes que tuvieron relación con el objeto en cuestión, uso de fotografías antiguas y noticias de periódicos, además de un detallado análisis del contexto en que se encontraron los objetos (Urcid y Sellen, 2008: 177; Velasco, 2015: 371), para reconstruir sus trayectorias de circulación a lo largo de sus historias en diferentes lugares y momentos.


La ciudad de los itzáes y la pareja Le Plongeon

Chichén Itzá fue una de las ciudades más importantes y destacadas en toda el área mesoamericana. Situada en las tierras bajas septentrionales de la península de Yucatán, la ciudad tuvo un largo período de ocupación, con su apogeo durante el período Clásico Terminal (800-1050 d.C.), cuando asumió un papel de liderazgo en el control de las rutas comerciales, en la influencia política y el control regional (García Moll y Cobos, 2009: 41). El lugar del descubrimiento de la ofrenda, la Plataforma de las Águilas y los Jaguares, se encuentra en la parte norte de la ciudad en un área conocida como la Gran Nivelación, construida durante el Período Clásico Terminal, cuando el centro de Chichén Itzá pasó a ocupar este lugar (Cobos, 2001: 255).

La plataforma es una estructura radial con formato cuadrangular compuesta por cuatro fachadas, con taludes y tableros, así como paneles con figuras en bajo relieve, decoración también en la cornisa y cuatro escaleras que cuentan con la cabeza y el cuerpo de la serpiente emplumada. El templo está situado cerca del Tzompantli, del Templo de los Jaguares, del Gran Juego de Pelota, de la Pirámide del Castillo y de la Plataforma de Venus. La primera y única excavación realizada en la Plataforma de las Águilas y los Jaguares fue hecha por la pareja Le Plongeon en 1875. En la primera mitad del siglo xx la plataforma sufrió dos intervenciones para su restauración y conservación, la primera realizada en 1931 por el gobierno mexicano con un equipo del entonces Departamento de Monumentos Artísticos e Históricos de la Secretaría de Educación Pública y la coparticipación de la Institución Carnegie de Washington, E. U., y la segunda en 1951 con un equipo del Instituto Nacional de Antropología e Historia 1 encabezado por el arqueólogo Jorge Ruffier Acosta, quien finalmente la restauró completamente (Acosta, 1951) (Figura 1).

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Figura 1. Plataforma de las Águilas y los Jaguares, Chichén Itzá.
Fotografía: Daniel Grecco Pacheco, 2015.


Augustus Le Plongeon (Figura 2) nació de padres franceses en la isla anglonormanda de Jersey en 1826, pero más tarde se naturalizó estadounidense (Desmond y Messenger, 1988: 2). Durante su vida le atrajeron la aventura, el mar y el extranjero, y en sus viajes, en los que inlcuso naufragó dos veces, conoció gran parte de América, Australia, Hawai y Tahití. Siempre curioso y abierto a todo, se inició en la práctica de varios oficios, como la medicina y la fotografía, y se dedicó a los estudios arqueológicos; en todas estas ocupaciones Le Plongeon se formó a sí mismo.

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Figura 2. Augustus Le Plongeon, 1886.
Foto cortesía del Fondo Ruz Menéndez, CEPHCIS-UNAM.


Después de hacer algunos viajes a América del Sur acompañó al famoso arqueólogo Ephraim G. Squier en sus expediciones a las ruinas incas en 1863. En 1872 Augustus viajó a Londres y se casó con la joven Alice Dixon, escritora inglesa y experta en técnicas fotográficas, con quien iba a pasar siete años explorando México en condiciones muy difíciles. Debemos mencionar que Alice, lejos de ser solamente una fiel seguidora de su esposo, fue una verdadera pionera en los estudios mayas (Desmond y Litvak, 2001). La pareja Le Plongeon utilizó la fotografía de colodión, un proceso que tenía más sensibilidad a la luz y permitía producir un mayor número de copias. Con técnicas novedosas para la época, realizaron más de 2400 fotos, con varias secuencias y panoramas multipaneles. Augustus, admirador de las teorías difusionistas del francés Charles Etienne Brasseur de Bourbourg para explicar los orígenes de las antiguas civilizaciones, consideraba a América como el lugar de origen del mundo, y postuló que existían influencias mutuas y relaciones entre la cultura maya y la egipcia. Para verificar esta tesis, Augustus y Alice comenzaron su trabajo en Chichén Itzá en el año de 1875. No obstante, es necesario señalar que la pareja entró en el campo de la arqueología americana justamente durante una coyuntura crítica, cuando ésta empezaba a perfilarse como una disciplina académica, y una de las razones por la que sus interpretaciones infundadas sobre el origen de los mayas no fuesen bien recibidas por la comunidad intelectual (España, 2011: 640).

Después de estudios preliminares en algunas estructuras de la Gran Nivelación, en noviembre de 1875, la pareja Le Plongeon hizo su descubrimiento más destacado: la ofrenda de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares. Enterrado en este montículo semidestruido y cubierto de tierra y plantas, los exploradores encontraron un conjunto de objetos que después de su descubrimiento fueron llevados a diferentes destinos (Tabla 1).

Descripción: Imagen tabla 1

Tabla 1. Contenido de la ofrenda de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares
(Grecco Pacheco, 2017).


La trayectoria de los objetos: historias, usos y reutilizaciones

A fin de establecer una mejor organización para la presentación de nuestro estudio, los materiales de la ofrenda fueron divididos en grupos, pensando en las rutas que los objetos tomaron después de las excavaciones de la pareja, así como la naturaleza del material. El primer grupo consiste en la escultura de piedra caliza en forma de jaguar recostado; el segundo comprende los paneles y elementos decorativos que forman las fachadas de la plataforma; el tercer conjunto consiste en la escultura de piedra caliza conocida como Chacmool; el cuarto grupo está compuesto de piezas que hemos llamado “dispersas”, que fueron registradas por la pareja en el momento del descubrimiento, pero que más tarde tomaron trayectorias y destinos desconocidos; y el quinto y último grupo fue denominado “de objetos portátiles”, como conchas, lítica y pequeñas cuentas. Esto fue subdividido en dos series: las piezas donadas al Museo Americano de Historia Natural en Nueva York y las que fueron asignadas al Museo Peabody de la Universidad de Harvard en Boston.


El jaguar reclinado: la creación de la esfinge americana

El primer objeto analizado es la escultura de piedra caliza en forma de un jaguar reclinado sin cabeza (Figura 3), que fue encontrado por los Le Plongeon en la superficie del montículo cubierta de escombros y plantas. Los estudios que se han ocupado de esta escultura son pocos. Además de algunas referencias en las obras de Desmond y Messenger (1988), Sellen y Lowe (2009), contamos con registros fotográficos en los estudios de Teobert Maler (1932) y Alfred Maudslay (1889-1902), y sólo un artículo específico sobre el objeto, la publicación de Daniel Schávelzon (1985), El Jaguar de Chichén Itzá, un monumento olvidado, que constituye una breve presentación de la historia de la escultura y un análisis iconográfico.

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Figura 3. Escultura del jaguar recostado. Fotografías: Adam Sellen, 2017.
Museo Regional de Antropología de Yucatán,
Palacio Cantón, Mérida, México.


El objeto está hecho de piedra caliza, probablemente de alguna fuente local, ya que es abundante la ocurrencia de canteras, sitios de extracción de piedra caliza en el área de Chichén Itzá (Cobos, 2000: 123). Y aunque no haya una datación precisa de la escultura se puede asumir, mediante estudios que discuten la cronología del sitio y teniendo en cuenta su ubicación espacial al ser descubierto, que la pieza hubiese sido manufacturada entre los años 1000 y 1100 d.C., cuando la Gran Plataforma había alcanzado su tamaño actual (García Moll y Cobos, 2009: 60; Braswell y Peniche, 2012: 250). La escultura tiene forma de jaguar, pero falta la cabeza, tiene dos agujeros en la espalda, uno profundo y otro superficial. En su parte frontal está decorada con figuras en relieve con formas de flores de tres pétalos y medias lunas, y la parte dorsal presenta con elementos geométricos que parecen representar escamas o plumas. Las piernas en el lado derecho del cuerpo están dobladas y acostadas sobre la base. La figura está reclinada, en una posición que muestra al jaguar reposando sobre su costado.

Esta escultura fue el primer objeto citado por Alice en su diario sobre las excavaciones en la plataforma, además de un registro fotográfico y un dibujo del artefacto en una posición que Augustus creía que la escultura debía ocupar originalmente en la plataforma. Después de estos registros del momento de su descubrimiento, los informes sobre la escultura fueron escasos. En una carta de 1877, enviada por Juan Peón Contreras, director del Museo Yucateco, a Agustín del Río, gobernador del estado de Yucatán en aquella época, se cita el descubrimiento del Chacmool junto a una escultura en forma de tigre reclinado, también de piedra, sin cabeza, a poca distancia del sitio.2 Teobert Maler, en su texto Impresiones de viaje a Cobá y Chichén Itzá, publicado en 1932, también presenta indicaciones de la ubicación espacial de la pieza después de su hallazgo. Maler relata la presencia de la escultura del jaguar en la vecindad del montículo donde fue descubierta (Maler, 1932: 50-51).

La consulta de estos documentos y la falta de datos sobre la ubicación de la pieza durante las primeras décadas del siglo xx nos llevaron a la hipótesis de que desde 1875, cuando se descubrió la pieza, hasta 1950 (después del trabajo de restauración en la plataforma), la escultura habría sido abandonada en alguna parte en el sitio de Chichén Itzá. Después de la segunda fase de las obras de la plataforma en la década de 1950, un equipo del INAH probablemente decidió llevar el objeto al Museo Regional de Antropología de Yucatán, el Palacio Cantón de Mérida, donde aún se almacena en su bodega. Desde el momento en que fue descubierto, el jaguar reclinado jugó un papel prominente en la búsqueda de Le Plongeon para probar su teoría sobre los orígenes de la cultura maya y sus relaciones con los egipcios.

Tan pronto la pieza fue desenterrada, Augustus cambió su significado colocando una cabeza de piedra caliza de forma humana, que claramente no pertenecía originalmente a ella, ya que las marcas de las partes rotas son diferentes (Figura 4).

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Figura 4. Jaguar reclinado con cabeza humana (Le Plongeon, 1886: lám. 5).
Foto cortesía del Fondo Ruz Menéndez, CEPHCIS-UNAM.


En sus informes, el propio Le Plongeon afirma haber encontrado la cabeza en algún otro lugar del sitio (Salisbury Jr., 1877: 76). Poniendo esa cabeza en la estatua, la intención de Augustus era crear una narración que acomodara su historia sobre los antiguos gobernantes de Chichén Itzá, así como reafirmar la relación entre la antigua cultura maya y los egipcios. Específicamente, Le Plongeon afirmó haber encontrado la esfinge americana, compuesta de un cuerpo felino y una cabeza humana, haciendo referencia y comparaciones directas con la gran esfinge egipcia de Giza, junto con la invención de una historia que tuvo como protagonistas a la reina Móo y al príncipe Coh. Durante el trabajo realizado en el Templo de los Jaguares, antes de la excavación de la plataforma, Augustus identificó a estos personajes como antiguos gobernantes de Chichén Itzá (Le Plongeon, 1900; Desmond y Messenger, 1988: 30-32). La escultura fue asociada al príncipe Coh y bautizada como Chaac Mool: chaac, “tormenta o poder irresistible”, y mool, “la pata de un animal carnívoro”, traducido en su totalidad por Le Plongeon como “leopardo” (Le Plongeon, 1900: 157). Esta interpretación creada para el objeto se inspiró en la historia de la esfinge egipcia como un intento de reafirmar la conexión entre estos pueblos. La construcción puede ser percibida tanto por el material fotográfico tomado en el momento del descubrimiento de la pieza, como en grabados y dibujos posteriores, con una reconstrucción de cómo se utilizaría la escultura del jaguar y la Plataforma de las Águilas y los Jaguares. Además, Le Plongeon y Alice Dixon habían publicado artículos en periódicos de la época reafirmando estas teorías. En un periódico de la Ciudad de México se presenta un informe sobre los estudios y descubrimientos realizados por Le Plongeon en Chichén Itzá y se menciona que entre otros objetos se descubrió “un tigre con cabeza humana”.3

La idea de la existencia de una pieza en forma de felino con una cabeza humana continuó circulando más allá de ese momento inicial del descubrimiento. Años después, en el siglo xx, otro periódico publicó un extenso artículo de Alice sobre las teorías de Augustus y sobre la escultura del jaguar reclinado, titulado The Mayas of Yucatán and The Egyptians.4 Después de presentar algunas pruebas que, según Alice, atestiguarían esta relación entre mayas y egipcios, en la tercera página del artículo cita la similitud de la historia de la princesa Móo y el príncipe Coh con la de Isis y Osiris en Egipto, ambos relatos con el mismo escenario: la pasión entre hermanos que resulta en un final trágico.

La narrativa propuesta por la pareja demuestra la importancia que el jaguar reclinado ha tenido en la construcción de sus teorías sobre los orígenes de la civilización maya. Con esta resignificación dada a la pieza, el jaguar reclinado jugó un nuevo papel durante esta etapa de su itinerario; un papel que fue más allá de su ubicación espacial y temporal, ya que estaba asociado y relacionado con la escultura de la esfinge erigida en el antiguo Egipto. Es interesante notar cómo este momento de su itinerario le imputó una posición de protagonista al recrear las relaciones en las que estaría involucrada la pieza, un destacado papel que poco a poco se perdió. La refutación de las excéntricas ideas de Le Plongeon en torno a ella parece reflexionar sobre el papel de la escultura, ya que en los años siguientes a su descubrimiento fue abandonada en una parte del sitio de Chichén Itzá. Esta situación la relegó a un plano secundario que tuvo como destino la bodega del museo Palacio Cantón junto con otras 9,000 piezas. De esta manera, como es señalado por Schávelzon (1985), en las últimas etapas de su itinerario, el jaguar se convirtió en una pieza olvidada.


Águilas, jaguares, personajes reclinados y serpientes emplumadas

El segundo conjunto de piezas que será tratado en este artículo son los elementos figurativos de las fachadas de la plataforma, los paneles en bajo relieve con figuras de águilas, jaguares, personajes reclinados y serpientes emplumadas que decoran las alfardas de las escaleras de la estructura (Figura 5). Estos objetos tuvieron gran importancia durante el proceso de estudio y análisis del sitio que realizó la pareja Le Plongeon, ya que, a partir de indicaciones iconográficas en los murales y grabados de Chichén Itzá, Augustus y Alice estuvieron en busca de un individuo designado “señor leopardo”, a quien encontraron encarnado en la escultura del jaguar reclinado sobre un templo también con decoración de jaguares (Dixon, 1884: 239). Las piezas hechas de piedra caliza que decoran las fachadas forman un total de 56. Actualmente faltan dos paneles con imágenes de jaguar y algunas placas que forman el cuerpo de las serpientes emplumadas que decoran las escaleras. Los objetos están divididos en cinco tipos diferentes de figuras, dos paneles en la parte superior de la fachada, tres en el centro y otros dos paneles y dos esculturas en cada una de las escaleras de la plataforma. La recuperación de la historia del itinerario de estas piezas fue algo problemática, pues no fue posible encontrar información detallada de la trayectoria de cada uno de los objetos.

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Figura 5. Piezas de la fachada de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares, Chichén Itzá.
Fotografías: Daniel Grecco Pacheco, 2016.


Los registros de la bibliografía consultada sobre los paneles de piedra caliza se refieren principalmente a su iconografía y forma. Algunos estudiosos han utilizado este material durante el análisis de la plataforma, pero superficialmente, con descripciones básicas. El primer registro de los objetos proviene del relato de Alice Dixon Le Plongeon sobre sus actividades en Yucatán. En sus escritos, afirma que Augustus había descubierto “un montículo con losas talladas” con referencia a los paneles en bajo relieve: “The slabs represented tigers, and macaws eating human heart. This mound is not far from the tiger monument. We took it to be a mausoleum” (Desmond, 2009: 117).

En el texto de Alice, también hay información relevante acerca de la manera en que el sitio fue dejado después de los trabajos de excavación, con los objetos “caídos en los cuatro lados del montículo” (Desmond, 2009: 137) (Figura 6). Esto nos llevó a suponer que tal vez los paneles habían sido abandonados cerca de la plataforma en ese primer momento, lo que es reforzado por un registro de Alice que afirma que Augustus intentaba sacar las piezas de allí, pero fracasó, y por tanto las dejaron en Chichén Itzá (Desmond, 2009: 142). También en los registros fotográficos tomados por la pareja en el momento del descubrimiento, y en otros realizados por Maler casi diez años después, se muestra que los paneles con jaguares, águilas y personajes recostados estaban todavía en el mismo lugar cerca del montículo excavado.

Descripción: Imagen 6

Figura 6. Plataforma de las Águilas y Jaguares, Chichén Itzá en 1876. Sentada a la derecha, Alice Dixon.
Foto cortesía del Legado Seler, Instituto Iberoamericano del Patrimonio Cultural Prusiano, Berlín.


En los informes de la primera intervención de restauración hecha en la plataforma por el gobierno mexicano en 1931, hay información importante sobre una de las placas en bajorrelieve con la figura de un jaguar. El arqueólogo Martínez Cantón (1931: 8) afirma que una de las placas fue llevada al antiguo Museo Arqueológico de Yucatán, hoy Museo Palacio Cantón. En los informes de la segunda y definitiva intervención en la Plataforma de las Águilas y Jaguares hecha por Jorge Acosta (1951), se describe que algunos de los paneles en bajorrelieve se encontraron dispuestos ordenadamente en el suelo, dejados por los arqueólogos que habían trabajado en la plataforma en la década de 1930. Acosta también señala que los arqueólogos notaron que faltaban tres de las ocho lápidas con figuras de jaguares que completaban la fachada. Una fue llevada al Palacio Cantón, otra al Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México, y de la tercera no se conoce su paradero. Las ocho cabezas de serpientes que pertenecen a las escaleras de la plataforma estaban todas localizadas en diferentes partes del sitio y fueron recolocadas durante la restauración. Acosta afirma que muchas de estas piezas estaban cerca de la plataforma, y que algunas habían sido llevadas a la antigua hacienda de Chichén Itzá por el arqueólogo estadounidense Edward H. Thompson (Acosta, 1951: 5-6).

Del itinerario de los objetos aquí discutidos destacan dos momentos importantes en la construcción de significados e interpretaciones sobre la historia de Chichén Itzá y sobre la Plataforma de las Águilas y los Jaguares: al principio, el descubrimiento de los paneles con figuras de jaguares y águilas, así como de un personaje reclinado armado con elementos de guerra, llevó a Augustus Le Plongeon a excavar el montículo porque tales objetos se relacionaban con la historia que había confeccionado sobre el príncipe Chaac Mol y la reina Móo. Al ver estas piezas, el explorador asumió que el montículo tendría una conexión con los personajes retratados en los murales del Templo de los Jaguares. La figura del jaguar que lleva el corazón en la boca es interpretada específicamente por Le Plongeon como una representación del príncipe Chaac Mol como jaguar, practicando un acto de canibalismo con enemigos muertos en batallas. La reina Móo, en cambio, sería representada como una guacamaya, grabada en los paneles sosteniendo un corazón en sus garras (Le Plongeon, 1900: 88). Según el explorador, estos animales podrían estar en un acto de devorar o lamer un corazón humano. Las cabezas de serpientes emplumadas fueron consideradas por Le Plongeon como figuras que hacían menciones a los gobernantes mayas, llamados por él “Cans” (serpientes en la lengua maya yucateco). La figura de un personaje reclinado en los paneles en bajorrelieve fue interpretada por Augustus como el propio príncipe Coh, que llevaba ropa de guerrero y portaba armas en sus manos (Le Plongeon, 1900: 155). El explorador también relacionó esta imagen con la de la escultura del jaguar reclinado, que sería una faceta del príncipe Coh, que incluía las marcas de las heridas que causaron su muerte, representadas por los agujeros encontrados en la parte posterior de la pieza.

En el siglo xx, con nuevos estudios en el área maya y la presentación de nuevas ideas, la iconografía de estos objetos sirvió a varios autores que trabajaron el sitio de Chichén Itzá para construir interpretaciones sobre el uso y función de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares, monumento nombrado por tales objetos. Los itinerarios de estas piezas también nos muestran cómo su interpretación ha cambiado en el tiempo y espacio.


La gloria del “Rey Tigre” de Le Plongeon

La próxima pieza que será analizada es la escultura descubierta por Augustus y Alice que se convirtió en una de las obras del arte precolombino más famosas del mundo. Este artefacto asumió diferentes posiciones en distintos momentos de su existencia, inspiró movimientos culturales, fue motivo de disputas internacionales y nacionales en México, y terminó inspirando a artistas contemporáneos. Se trata de un personaje antropomorfo reclinado con las piernas flexionadas y que lleva un recipiente en su abdomen. Tal objeto fue nombrado por Le Plongeon como Chaacmol (Figura 7), un nombre que lo acompaña hasta hoy y que se utiliza para designar estatuas de la misma forma que se han descubierto en otras partes de Mesoamérica. Al igual que el jaguar reclinado, la escultura del Chaacmol también fue manufacturada con piedra caliza, probablemente de alguna fuente local. Hasta la fecha la pieza carece de un estudio detallado de análisis físico y químico. La escultura fue pulida y pintada, y algunos pequeños restos de la pintura original todavía son posibles de observar.

Descripción: Imagen 7

Figura 7. Escultura del Chaacmol, de la ofrenda de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares, Chichén Itzá, en 1876. Sentada a un lado, Alice Dixon.
Foto cortesía del Legado Seler, Instituto Iberoamericano del Patrimonio Cultural Prusiano, Berlín


Hasta la fecha, alrededor de 55 esculturas interpretadas como “Chacmool” se han encontrado en toda Mesoamérica. Aunque presentan algunas características comunes, se puede percibir una gran variación regional y temporal en cuanto a su forma. Además del ejemplar encontrado en la Plataforma de las Águilas y los Jaguares, se han recuperado otras 16 esculturas de este tipo en Chichén Itzá, y la gran mayoría de ellas proviene de la parte norte de la ciudad. Cinco de ellas fueron encontradas en una posición arquitectónica, situadas en las entradas de los vestíbulos o antecámaras, en posiciones centrales de los edificios. Otras fueron halladas enterradas en o cerca de estructuras monumentales (Miller, 1985). Hasta la fecha ha sido posible observar sólo una probable referencia a un Chacmool en una fuente etnohistórica; aparece en la Crónica Mexicana, obra de 1598 escrita por Fernando Alvarado Tezozómoc, un noble tenochca. En este documento se menciona el uso de la pieza no entre los mayas, sino entre los mexicas para un ritual de sacrificio de cautivos de guerra que marcaba una gran ceremonia para conmemorar la inauguración de la ampliación del Templo Mayor de Tenochtitlan en 1487 (Alvarado Tezozómoc, 2001: 307; López Luján y Urcid, 2002).

Los itinerarios de la escultura descubierta por la pareja Le Plongeon en la Plataforma de Águilas y los Jaguares se iniciaron el 20 de diciembre de 1875 cuando Augustus, con la ayuda de los obreros mayas que lo acompañaban, transportó la pieza al poblado de Pisté. Allí, el Chaacmol quedó escondido por más de un año en un arbusto a orillas del camino que conectaba con el pueblo de Dzitás. Durante este tiempo, otras acciones intelectuales sobre la escultura la hicieron destacar. El primero de ellos fue el cambio en la ortografía del nombre Chaacmol por parte de Stephen Salisbury Jr., presidente de la American Antiquarian Society y patrocinador de Le Plongeon. Salisbury modificó la designación de la pieza, de Chaacmol a Chac-Mool, un término maya para designar al puma. Salisbury justificó este cambio al afirmar que la nueva forma de ortografía obedecía y seguía una manera más usual y actual de referirse al término (Salisbury Jr., 1877: 80). En la segunda etapa de su itinerario se desató una batalla en el campo de las ideas, cuando la escultura fue objeto de una intensa disputa sobre los derechos de propiedad. Fue a partir de ese momento que comenzó la fama del Chacmool en territorio mexicano. Por primera vez en la historia de la arqueología mexicana una pieza arqueológica del país fue disputada legalmente por el gobierno (Tripp Evans, 2004: 134).

Desde la retirada de la pieza, cuando Le Plongeon se dio cuenta de que se trataba de una escultura perfectamente conservada, y que se asociaba con un importante personaje de la historia maya, el arqueólogo mostró su interés en llevarla a una feria internacional en la ciudad de Filadelfia. Estaba convencido de que con ella justificaría el patrocinio que recibió de la American Antiquarian Society (Desmond y Messenger, 1988: 41; Tripp Evans, 2004: 134). Además, la pieza fue para él algo único y uno de los objetos arqueológicos más importantes de la historia americana, a la par de las grandes obras maestras de la historia de la humanidad.

Entonces, ocurrió uno de los hechos más importantes de la vida de Le Plongeon: la batalla legal con el gobierno mexicano para llevar la estatua del Chacmool a los Estados Unidos. Esta historia estuvo marcada por disputas y por la materialización de un naciente sentimiento nacionalista que empezó a circular en el México independiente y que vio en su patrimonio histórico y arqueológico las raíces de la futura identidad del país que se estaba creando (Navarrete, 2009: 67). Con la intención de llevar la escultura y otros objetos a los Estados Unidos, Le Plongeon solicitó al presidente mexicano, Sebastián Lerdo de Tejada, permiso para embarcarlos. Después de un largo retraso y basado en la ley de 1827, el gobierno mexicano, ya bajo el mando del general Porfirio Díaz, negó la solicitud y la pieza fue confiscada por el gobierno yucateco en marzo de 1877 por orden del general Protasio Guerra. La siguiente etapa de la trayectoria del Chacmool está relacionada con disputas políticas domésticas ocurridas en México a fines del siglo xix. La principal fue la pugna entre el centralismo y el federalismo (Reed, 2014: 36). Pero antes de eso llegó la gloria máxima del Chacmool, una fama acompañada por un gran movimiento cultural que el objeto provocó en el estado de Yucatán.

Con la confiscación de la escultura realizada por el gobierno yucateco, la élite del estado decidió impulsar el sentido del orgullo local del pueblo de Yucatán como símbolo de su pasado glorioso. Así, se preparó una gran ceremonia para marcar la entrada del “Rey Tigre” a Mérida, lo que provocó una conmoción regional (Desmond y Messenger, 1988: 42). Aunque permaneció por poco tiempo en la ciudad de Mérida, la escultura del Chacmool movió la vida cultural y social de sus residentes en ese momento. Los periódicos de la época registraron todos los pasos para su llegada a Mérida, con la organización de una gran ceremonia, así como informaciones diarias sobre las rutas recorridas:

A las ocho del día de mañana deberá hacer en entrada a esta ciudad el inteligente director del Museo Yucateco J. P. P. Contreras la estatua del Rey Chacmool que el sabio Mr. Le Plongeon extrajo de las ruinas de Chichén Itzá [...] Apenas se ha tenido noticia de la aproximación del Chacmool con entusiasmo entre todos los vecinos de la ciudad por lo cual los que inscriben a invitación de otras muchas personas han tomado a su cargo solemnizar la entrada de la estatua invitando a todos los amantes de las glorias de Yucatán.5

Este fragmento de un folleto enviado a los habitantes de Mérida en febrero de 1877 muestra toda la expectativa y el clamor popular provocados por la fiesta organizada para recibir la escultura. El título del texto enfatizaba la demostración del orgullo nacional y regional gracias a una estrecha asociación entre la ciencia y la construcción de la identidad nacional mexicana. El texto hace uso de una retórica cargada de palabras del orden de “¡Gloria á México! ¡Gloria á la Ciencia! ¡Gloria á Le Plongeon! ¡Gloria á Yucatan!”.

La llegada del Chacmool a Mérida el 1 de marzo de 1877, reportada por el Periódico Oficial, describe que su entrada fue realizada al son de la banda militar y acompañada por una procesión compuesta de oficiales, miembros de la élite de la sociedad yucateca, niños de las escuelas de la ciudad y personas comunes. Las calles estaban llenas de espectadores para contemplarla.6

Tal uso de la estatua del Chacmool por parte del gobierno yucateco también parece apuntar a un intento de agregación social basado en la reafirmación de las raíces identitarias, divididas en ese momento por el conflicto entre blancos e indígenas conocido como la Guerra de Castas. Esta guerra se desarrolló en el territorio yucateco desde 1847 hasta 1901, y constituyó una fuerte lucha de la población indígena contra los abusos y la situación marginal que sufría desde la época de la invasión europea y que siguió durante todo el período colonial en la región. Asimismo, se sumó a ello una disputa política sobre la autonomía estatal frente al gobierno centralista de México. La independencia del país a principios de la década de 1820 llevó al establecimiento de un sistema centralizado en la organización política mexicana, donde los estados eventualmente se convirtieron en departamentos administrativos y sus gobernadores fueron nombrados y no elegidos (Reed, 2014: 36). Dicha situación disgustó a la clase dirigente de Yucatán acostumbrada al ejercicio del poder local. Desde el establecimiento del sistema colonial, la élite yucateca siempre había mantenido cierta autonomía, a lo que se agregó la grave situación social de la rebelión maya.

Además de las cuestiones políticas y bélicas, la llegada de la estatua del Chacmool a Mérida también provocó un gran movimiento cultural. Durante las fiestas del desfile de la pieza en la capital del estado se elaboraron poesías, textos literarios, música y obras de arte para acoger la importancia del llamado Rey Tigre. Juan Peón Contreras, director del Museo Yucateco, poco después de la llegada del artefacto a Mérida, ordena una copia de yeso y una pintura al óleo con la imagen del Chacmool.

Además, fue escrita una poesía por Isabel Cirerol, estudiante de una escuela de Mérida, titulada Chac-mool, en la que exaltaba la importancia de la pieza no sólo para la ciencia, sino también para la propia constitución de la patria mexicana. La poesía fue recitada en el momento en que entró la estatua a la ciudad:

Chac-mool

Salud, hermosa estatua de las ruinas,

Obra grandiosa de una antigua raza

Tú que has sido, tal vez, en otros días

De mil pueblos la imagen venerada;

Tú que has visto pasar tantas edades,

Y cruzar tantas épocas lejanas,

Al rigor implacable de los tiempos

También fueron tus glorias olvidadas,

Y rodó por el suelo tu grandeza,

Y cayó el pedestal dónde te ostentabas...

Pasáronse los siglos... y entretanto

Has vivido entre escombros sepultada.

Plugo á la ciencia con su luz divina

Penetrar en tu lóbrega morada,

Y del seno profundo de la tierra

Para admirar al mundo te levanta

¡Gloria al viajero que llegara un día

Allá en Chichén à colocar la planta,

Y llegar á la patria un monumento

Digno de las naciones ilustradas:

Y al noble joven que corrió afanoso

A transportar la colosal estatua...!

Para vosotros gratitud eterna

A nombre de la ciencia y de la patria.7

Aun en el campo de la cultura, el Chacmool también inspiró la creación de una obra teatral con fines políticos por parte de José Martí, filósofo, escritor, poeta y mártir de la independencia cubana contra el dominio español. Comprometido en la lucha contra el imperialismo europeo en el continente americano, el filósofo mostró un gran interés por las antigüedades locales, hecho que motivó la creación de una obra literaria bajo el nombre de Chacmool. Con la pieza como telón de fondo, Martí la usó para discutir temas políticos e identitarios del continente americano en boga (Melgar, 2005: 38).

Estos hechos nos llevaron a pensar que en ese momento la estatua del Chacmool tenía una importancia más allá de su materialidad y contexto antiguo, y se insertó simbólicamente en el ambiente cultural por medio de varias obras literarias que la alabaron. La escultura fue exaltada por la élite yucateca y llegó a ser una pieza clave en el programa de construcción de la identidad regional. Asimismo, el artefacto correspondía a la ficción racista que ellos habían construido de la historia indígena, que rechazaba el argumento de que los mayas contemporáneos eran descendientes directos de los mayas del periodo Clásico pues, según algunos de ellos, los vestigios antiguos del estado provenían de una cultura extranjera (Sellen, 2013: 285). Sin embargo, el entusiasmo por el Chac­mool pronto dio lugar a la frustración, ya que la escultura fue otorgada como regalo al general Porfirio Díaz, recién declarado presidente de la República, por el gobernador provisional Agustín del Río.

Rastreando su ruta final, el Chacmool fue trasladado a la capital del país en mayo de 1877, en un hecho simbólico que también denotaba una victoria del centralismo frente a la autonomía yucateca. La llegada al Museo Nacional representó una nueva resignificación de la escultura, considerada ahora como una pieza de gran importancia para la constitución de la historia de la nación, en un contexto más amplio.

Al inicio del siglo xx, con un momento de crisis dentro de la historia del arte y la insatisfacción con sus expresiones e instituciones, muchos artistas comenzaron a recurrir a centros de tradiciones no europeas para buscar inspiración para sus obras (Mattos, 2014: 259). En tal contexto, los objetos del arte precolombino fueron fuentes recurrentes de inspiración. Entre estos artistas sobresale el escultor británico Henry Moore, que hizo uso extensivo del arte del México antiguo para construir sus obras. Reclining Figure, uno de sus trabajos más famosos de los años cincuenta, se inspira en la figura del Chacmool.

El Chacmool permaneció en el antiguo Museo Nacional hasta la inauguración del moderno Museo Nacional de Antropología en 1964, cuando la pieza siguió su último itinerario a las nuevas instalaciones, donde se exhibe actualmente. Con los avances en los estudios y los posteriores descubrimientos de otras piezas similares en diferentes partes de esta región, la escultura obtuvo aún más notoriedad. Hoy el Chacmool ha ganado la atención del público formando parte de varias rutas turísticas de miles de visitantes que recorren diariamente el museo y se ha convertido en una pieza icónica mesoamericana.


Las piezas dispersas de la ofrenda

El siguiente grupo hace referencia a algunas piezas de diferentes materiales, pero que se presentarán conjuntamente, ya que fueron mencionadas en registros de fuentes antiguas pero han sido olvidadas con el paso de tiempo. Para su estudio fue fundamental una investigación de los textos y fotografías que registraron tales materiales al momento del descubrimiento.

El conjunto consta de dos urnas de piedra caliza de forma circular, dos placas de cerámica lisa y una pieza tubular de jadeíta pulida. No fue posible encontrar informes detallados sobre las características físicas de las piezas. A pesar de que éstas no cuentan con registros detallados, es de remarcar que algunas de ellas fueron de gran importancia para las narraciones creadas por Le Plongeon sobre la historia de la antigua civilización maya.

El registro más antiguo de estos artefactos proviene de los relatos de Alice y Augustus sobre las excavaciones en la plataforma. Las primeras piezas de este conjunto de las que tenemos noticias son las dos urnas de piedra caliza. La urna más pequeña habría sido encontrada junto con un grupo de objetos líticos y dos placas planas de cerámica en la base de la estatua del Chacmool. La pieza estaba pintada de ocre amarillo y en su interior se encontró una cuenta redonda de jadeíta extremadamente pulida (Salisbury Jr., 1877: 70). Durante los trabajos de la pareja en la plataforma, cerca de la cabeza del Chacmool se encontró otra urna, de tamaño más grande y también hecha de piedra caliza. En el interior de ella había un poco de polvo, lo que llevó a Augustus a pensar que serían las cenizas del príncipe Chaac Mol, así como una jadeíta de forma tubular que el explorador regaló a Alice (Desmond y Messenger, 1988: 35). Los informes de Alice dicen que la urna más grande estaba pintada en su interior de un color rojo, similar al color de la sangre. Este hecho llevó a la pareja a pensar que podría tratarse de sangre seca. Augustus pronto identificó este objeto como una urna canópica, que contendría las cenizas, la sangre y el corazón del príncipe Chaac Mol, una alusión no tan precisa a los antiguos vasos egipcios que fueron producidos en una serie de cuatro y empleados en el proceso de preservación de distintas vísceras, para ser enterrados junto a los difuntos momificados. Esta asociación con el mundo egipcio por parte de la pareja Le Plongeon se ilustra en un artículo escrito por Alice para The London Magazine a principios del siglo xx, un texto comparativo entre mayas y egipcios, donde se reafirma la equívoca tesis de Augustus de que los mayas originaron la civilización egipcia (1910: 128).

La jadeíta tubular aparece en algunas de las publicaciones sobre la ofrenda hechas por la pareja. Alice menciona el descubrimiento de la pieza en un texto de su diario escrito el 15 de noviembre de 1875: “There was also an oblong green jade bead, highly polished (The same I had later, set in gold, in Mexico, and use it as a brooch)” (Desmond, 2009: 127). El objeto aparece también en fotos antiguas publicadas en los libros de Alice: Here and There in Yucatan: Miscellanies (1886) y Queen Móo’s Talisman (1902).8

Además de estos registros, también fue posible localizar algunas referencias de las piezas presentes en documentos fotográficos en momentos posteriores a las excavaciones. El primer registro de las urnas aparece en las fotos tomadas por Teobert Maler alrededor de 1886, unos años después del trabajo de la pareja en el sitio, evidente en una foto que pertenece a la colección de Eduard Seler del Instituto Iberoamericano de Berlín. La misma pieza aparece en una foto tomada por Alfred Maudslay alrededor del año 1889 durante sus investigaciones en Chichén Itzá.

De las cinco piezas que componen este conjunto que decidimos llamar “piezas dispersas”, no encontramos información acerca de las dos placas de cerámica, excepto la mención hecha por Alice y Augustus en el momento de la excavación del montículo, y su paradero actual se desconoce; posiblemente se trataba de las tapas o cubiertas de las urnas. Las dos urnas encontradas junto al Chacmool y la jadeíta pulida tubular aparecen en otros informes escritos además de documentos fotográficos. Sin embargo, tales registros terminan a finales del siglo xix.

En adelante discutimos los itinerarios de los dos objetos. La urna más grande fue utilizada por los Le Plongeon para justificar su narrativa sobre el origen de los mayas y la historia del príncipe Coh, ya que, según esta interpretación, la urna contenía los restos mortales de este personaje y, por tanto, Augustus estaba convencido de que este lugar fue su tumba. El hecho de que el interior de la urna estuviese pintado de rojo refuerza aún más el uso del objeto para la narración creada; no obstante, como no tenemos imágenes ni otra descripción sobre el objeto no fue posible confirmar la coloración de su interior.

El otro aspecto del itinerario de esta pieza se refiere a un posible desplazamiento físico, reportado por Alice. En los escritos del 27 de noviembre de 1875 en su diario, la fotógrafa informa que una urna descubierta en el montículo habría sido llevada de Chichén Itzá a Pisté por seis trabajadores. Pero en el camino el objeto cayó y se dividió en dos mitades (Desmond, 2009: 134). A medida que el relato termina con la descripción de la mutilación de la pieza podríamos suponer que el objeto fue abandonado. Otra posibilidad es que los fragmentos fuesen entregados o recogidos posteriormente por el doctor Juan Pío Manzano de Valladolid, y luego donados al Museo Yucateco en 1880 (Sellen, 2013: 288). No obstante, el paradero actual de estos fragmentos se desconoce.

La última pieza es la mencionada cuenta tubular de jade, que pronto llamó la atención de la pareja por la gran calidad de su manufactura. En el momento del descubrimiento, Augustus decidió entregar este artefacto a Alice, que empezó a utilizarlo como un broche, un objeto de suerte. Este adorno significaba para el par de exploradores una conexión espiritual de Alice con la reina Móo. La pieza llegó a ser conocida como el talismán de Alice o “talismán de la reina Móo” y terminó siendo el título de un libro publicado por la fotógrafa en el año 1902. Además, inspirada en el objeto, y por el libro, Alice compuso una canción llamada The Lover’s Song, from Queen Móo’s Talisman, sobre una profunda relación entre dos amantes. Actualmente se desconoce el paradero de tal objeto, pero en el epílogo del libro Yucatan Through her Eyes, Desmond (2009: 329) afirma que la pieza probablemente fue arrojada al mar junto con el cuerpo de Alice después de su muerte en 1910.


Lítica y conchas de la ofrenda

El último grupo de objetos comprende los pequeños artefactos líticos y conchas que subdividimos en dos conjuntos, las piezas que fueron donadas al Museo Americano de Historia Natural en Nueva York y al Museo Peabody de la Universidad de Harvard. En estos conjuntos predominan puntas de lanza hechas de diferentes tipos de piedras, pequeñas cuentas, un objeto esférico de piedra verde pulida que fue encontrado en una de las urnas antes mencionadas y pequeñas conchas y esferas de piedra caliza.

A partir de un estudio de fuentes antiguas e investigaciones recientes, fue posible llegar a algunas conclusiones sobre los tipos y cantidades de objetos de piedra de la ofrenda. Sin embargo, se evidenciaron algunas divergencias respecto al número exacto de piezas encontradas en el Museo Americano de Historia Natural según algunas fuentes (Desmond, 2009: 127; Desmond y Messenger; 1988: 35; Sellen y Lowe, 2009: 58). En cuanto a las piezas que están en el Museo Peabody, a partir de datos presentes en algunos estudios (Sievert, 1992, Coggins y Shane III, 1989; Sheets, Ladd y Bathgate, 1992), fue posible verificar que las ocho piezas de este museo se agruparon con materiales extraídos del Cenote Sagrado de Chichén Itzá. Esta información fue fundamental para el inicio del mapeo de estas piezas, que probable y originalmente habrían pertenecido a la ofrenda descubierta por la pareja Le Plongeon en la Plataforma de las Águilas y los Jaguares.

Los objetos líticos que se encuentran en el Museo Americano de Historia Natural están compuestos por 24 piezas bifaciales esculpidas, dos cuchillos de sílex incompletos de color café y café oscuro, 18 puntas de lanza foliáceas de calcedonia blanca con retoques denticulados, algunas con restos de pigmento rojo, así como cuatro puntas de proyectil de piedra verde bifaciales biseladas (Figuras 8 y 9).

Descripción: Imagen 8

Figura 8. Piezas de la ofrenda que pertenecen al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, Estados Unidos. Números de catálogo: 30.0/1946 / 30.0/1958 / 30.0/1964 / 30.0/1943.


Descripción: Imagen 9

Figura 9. Piezas de la ofrenda que pertenecen al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, Estados Unidos. Números de catálogo: 30.0/1945 / 30.0/1945b.


También forman parte del conjunto una pieza de jadeíta pulida de forma cilíndrica, cuentas de concha anaranjadas, un grupo de pequeñas esferas de piedra caliza en forma de botones, dos pequeñas piedras verdes y pequeñas conchas (Figura 10).

Descripción: Imagen 10

Figura 10. Piezas de la ofrenda que pertenecen al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, Estados Unidos. Números de catálogo: 30.0/1939 / 30.0/1938 / 30.0/1937 / 30.0/1935 / 30.0/1941.


El conjunto del Museo Peabody está compuesto por ocho objetos: tres puntas de proyectil bifaciales, de piedra verde, dos puntas de proyectil de cuarzo, uno gris y el otro rojo y anaranjado (Figura 11). Estas cinco piezas son bifaciales con un lado biselado, probablemente dardos de átlatl (Sheets, Ladd y Bathgate, 1992: 162). Y finalmente, tres puntas de lanza de calcedonia blanca con restos de pigmento rojos, muy similares a las del Museo Americano de Historia Natural, tanto por la morfología como por la apariencia del material que las constituye. Estas piezas son foliares lanceoladas y tienen retoque denticulado (Coggins y Shane III, 1989: 39).

Descripción: Imagen 11

Figura 11. Piezas de la ofrenda que pertenecen al Museo Peabody, Boston, Estados Unidos. Números de catálogo: 10420C5291 pieza A / 10420C5291 pieza A / 1606720C5401 pieza B / 1606720C5401 pieza A.


Todas las puntas de proyectil están ricamente elaboradas, con cortes que denotan gran precisión de sus constructores. Al igual que los otros objetos descubiertos en la ofrenda, de ellos no se ha realizado ningún análisis físico o tecnológico sobre su constitución y origen. Sobre estos artefactos encontramos información más detallada en sólo seis de las ocho piezas del Museo Peabody, ya que se mencionan en publicaciones de los años 1980 y 1990, con estudios más específicos sobre la naturaleza del material (Sievert, 1992; Coggins y Shane III, 1984; Coggins, 1992). A pesar de la falta de información, podemos hacer algunas interpretaciones en el marco de los estudios sobre la circulación de la lítica y otros materiales en Mesoamérica. Una extensa investigación sobre el sitio apunta a una baja cantidad de lítica encontrada en Chichén Itzá, un hecho que contrasta con otros sitios de la Península de Yucatán donde este material es abundante. Una mayor cantidad de obsidiana encontrada en Chichén Itzá provendría de las fuentes de Ucareo-Zinapécuaro, ubicadas en Michoacán, en el Centro de México y pertenecientes al período entre 850 y 1050 d.C. (Braswell y Peniche, 2012: 256; Cobos, 1998: 919). Dichos materiales habrían llegado a la península a través de rutas terrestres y marítimas de larga distancia, marcando significativamente la circulación de objetos y la llegada de productos a Chichén Itzá durante su apogeo (Braswell, 1996: 1). Isla Cerritos, un importante sitio ubicado al norte de Yucatán a 100 millas de Chichén Itzá, sería el principal medio de entrada de obsidiana y otros materiales líticos del Centro de México al norte de la península (Braswell, 2003; Cobos, 2013: 56).

Los artefactos líticos elaborados en pedernal y los que probablemente pertenecen a un tipo de calcedonia serían de origen local. Yucatán tiene formaciones de piedra caliza con una alta concentración de pedernal (Espinosa Vázquez, 2013: 23). Las principales fuentes del material en la península estarían en la pequeña montaña de Ticul y en la zona norte junto a Chicxulub. Los estudios realizados por Alejandra Espinosa en el sitio de Aké, ubicado cerca de la ciudad de Mérida, señalan que la mayor cantidad de piezas hechas con pedernal sería de formato bifacial, un tipo de técnica que también predomina en el material de esta naturaleza encontrado en la ofrenda de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares. Investigadores como Kazuo Aoyama (2006) han identificado un crecimiento en la producción de cuchillos de obsidiana y puntas bifaciales de obsidiana y pedernal al final del Clásico Tardío en la región del Valle de Copán. Esto puede conducir a una idea de una competitividad creciente entre los pueblos de esta región en ese momento, algo que duraría hasta el período Postclásico.

Los objetos de piedra verde probablemente provienen de talleres y fuentes situadas a lo largo del valle del río Motagua en la parte oriental de Guatemala, el punto de partida de las rutas comerciales que han llevado este tipo de material a varios lugares de la zona maya (Cobos, 2013: 61; García Moll y Cobos, 2009: 232).

Con eso, sugerimos que parte de las piezas líticas descubiertas en la ofrenda de la plataforma vendría de otros sitios de la región mesoamericana y habrían llegado por rutas comerciales a la península de Yucatán. Tales objetos, con una gran importancia y valor comercial, de prestigio y simbólico dentro de las sociedades mesoamericanas, fueron base de la economía de algunos estados, además de que permitieron el fortalecimiento y crecimiento de algunas ciudades basadas en el control de la exploración, fabricación y circulación de artefactos líticos (Martínez Calleja, 2014: 168).

Las piezas que componen este grupo de objetos portátiles también desempeñaron un papel importante en las interpretaciones creadas por la pareja Le Plongeon. Según los informes del explorador, el material se encontró en diferentes partes de la ofrenda. Afirma que en el recipiente tallado en el abdomen del Chacmool fueron encontrados pedazos de dos cuchillos de pedernal, color café y café oscuro, cuentas de piedra verde y material orgánico que el explorador pensó que sería el corazón cremado del príncipe Chaac Mol.

Siguiendo con sus excavaciones, Le Plongeon reporta el hallazgo de 31 puntas líticas, incluyendo siete piedras verdes en la base del Chacmool. En el interior de una de las urnas fueron encontradas las pequeñas piezas de piedra caliza en forma de botones, pintadas de amarillo y con agujeros, además de una pieza de hueso, cuyo paradero actual se desconoce, y la gran jadeíta pulida en forma esférica. Algunos de estos objetos líticos fueron vinculados por Augustus a otra pieza que ya había sido reportada en el montículo, la escultura del jaguar reclinado. El explorador notó que la escultura de piedra, que representaba el aspecto felino del príncipe Coh, tenía agujeros en la espalda. Estos orificios fueron interpretados por él como signos de heridas que habrían causado la muerte de este personaje por parte de su hermano Aac. Las heridas habrían sido causadas por los objetos de piedra encontrados en su tumba, es decir, las puntas de proyectil de la ofrenda (Le Plongeon, 1900: 158).

Los artefactos líticos fueron separados de las otras piezas de la ofrenda algunos años después del hallazgo. Decepcionado por el rechazo del gobierno mexicano a la petición de llevar parte de la ofrenda a la exposición de Filadelfia, Le Plongeon envió algunos pequeños objetos y fotografías a los organizadores de esta feria. El material no llegó a tiempo para la exposición, pero fue adquirido por Salisbury Jr. para la American Antiquarian Society, incluyendo las puntas de proyectil. En un texto publicado en 1877, Salisbury Jr. informa sobre este episodio y llama la atención sobre la calidad de las piezas:

The relics are interesting specimens of pottery and of the ornaments or weapons that were found with the statue, whose excavation has been described by the discover himself. The jade points and Flints are very carefully wrought and suggest rather the idea of selection as symbols than of ordinary warlike implements. A portion or all of the articles mentioned, together with ashes, were found in a stone urn, and are shown on the opposite page (Salisbury Jr, 1877: 74).

Algunos de estos objetos fueron donados por Salisbury Jr. al Museo Peabody en el año de 1883. En esta investigación, localizamos tres de estas piezas donadas, que son puntas de proyectiles de piedra verde, bifacial.

A principios de 1890 la American Antiquarian Society conjuntamente con el Museo Peabody patrocinó las exploraciones arqueológicas de Edward H. Thompson, cónsul estadounidense en Yucatán. Con el apoyo del museo, Thompson dragó las aguas del Cenote Sagrado y recogió cientos de objetos de oro, cobre, jadeíta, madera, copal y obsidiana. El cónsul logró enviar clandestinamente una enorme cantidad de estas piezas a los Estados Unidos, y no fue acusado de robo a la nación sino hasta 1926.

Los registros de otras piezas de la colección de la ofrenda del Chacmool, que se encuentran en el Museo Peabody, señalan que fue Edward Thompson quien donó algunas de ellas al museo en 1910, junto con el material recogido en el cenote. Entre ellas estarían las puntas de proyectil bifaciales, talladas en cuarzo, una gris y la otro roja y anaranjada. Según Thompson, las piezas fueron adquiridas de un viejo que había trabajado para Le Plongeon, que las tomó cuando el arqueólogo se distrajo9 (Coggins y Shane III, 1989: 102).

Las piezas que forman parte del otro conjunto lítico que hoy alberga el Museo Americano de Historia Natural quedaron bajo la custodia de Maude Blackwell, amiga de la pareja Le Plongeon y quien las adquirió cuando Alice falleció el 8 de junio de 1910. Cuatro meses más tarde, Blackwell decidió vender parte del material al Museo Americano de Historia Natural: puntas de proyectil y cuentas de piedra verde, entre otros objetos y fotos (Desmond, 2009: 333). Dicho museo tiene constancias de estas donaciones firmadas por Blackwell: la primera data del 18 de octubre de 1910 y la segunda del 4 de noviembre de 1911.


Palabras finales

El presente artículo tuvo como finalidad recuperar y presentar el itinerario de los objetos encontrados por la pareja Le Plongeon en la Plataforma de las Águilas y los Jaguares de Chichén Itzá, en un intento por trazar los desplazamientos físicos de las piezas, así como sus usos y resignificaciones a lo largo de estas rutas en el tiempo y el espacio. Historias y memorias que se materializaron a partir del uso de estos objetos dibujan un hilo que nos lleva hasta nuestros días y nos ayudan a comprender cómo los artefactos siguen siendo concebidos y utilizados en el mundo contemporáneo. El trabajo para la presentación de este conjunto de piezas fue un primer intento por recuperar tal historia. Desde su descubrimiento, en el siglo xix, éstas fueron estudiadas por separado y de manera superficial. Los objetos crean historias y materializan subjetividades, narraciones y discursos, desde sus usos y reutilizaciones, las cuales conducen a la creación de nuevas historias y significados sobre los artefactos y muestran cómo la visión del estudioso o el análisis de la cultura material del pasado tiene sus concepciones del mundo y los discursos reflejados en las interpretaciones (Funari, 2003: 34; Shanks y Tilley, 1987: 8). Los objetos descubiertos por Le Plongeon y su esposa Alice hasta hoy conllevan rastros de las ideas de este par de exploradores. Aunque se interpretan de una manera nueva, reflejo de los diversos estudios realizados desde entonces, las nomenclaturas tal como fueron creadas por Le Plongeon siguen siendo utilizadas. Junto con esto, quedan algunas de sus subjetividades materializadas en las piezas, que, a partir del estudio de la cultura material, nos permiten crear una noción más amplia del pasado.

Con ello, podemos pensar de qué manera las identidades atribuidas a los objetos no son únicamente propiedades esenciales, pues son modificadas y reconstruidas al largo del tiempo, alterándose así sus usos y significados, como resul­tado de relaciones existentes entre las personas y los objetos (Holtorf, 2002). A partir del análisis del material de la ofrenda de la Plataforma de las Águilas y los Jaguares de Chichén Itzá fue posible percibir, durante las trayectorias de los objetos, los cambios y alteraciones de sus significados y usos, la materialización de subjetividades y elementos de la cognición humana en las piezas al largo de diferentes temporalidades.

La recuperación del contexto de este depósito ceremonial, así como sus características, sentidos, itinerarios e historias creadas en torno a las piezas, pueden ayudarnos a comprender cuestiones todavía sin resolver sobre el sitio de Chichén Itzá, como su actividad social, ceremonial y abandono, al igual que el contexto histórico y social presente en la península de Yucatán a fines del siglo xix. La naturaleza de las piezas de la ofrenda, la localización espacial del monumento, así como la propia iconografía de la fachada de la plataforma, nos llevan a la hipótesis de que ese conjunto de objetos pudiera haber sido utilizado en alguna actividad ligada a ceremonias bélicas asociadas a aspectos de fertilidad y renacimiento. Además, el contexto de la ofrenda tal cual fue encontrado por la pareja Le Plongeon, los objetos con indicios de una fractura intencional, y la plataforma con su fachada destruida serían señales de lo que algunos investigadores interpretan como evidencia de rituales de terminación y desacralización de estructuras entre los mayas (Mock, 1998; Freidel, 1998: 192). Sin embargo, reconocemos que para la construcción de una interpretación que dé cuenta de todos los aspectos y las complejidades presentadas por el material de estudio sería necesario una investigación más profunda. Con esto, acreditamos que el trabajo no termina, ya que la recuperación de la historia de estas piezas puede ser útil para futuros estudios en el área.


Agradecimientos

El Mtro. Grecco agradece al Dr. Pedro Paulo Funari por haber fungido como su tutor durante este proyecto, al Dr. Alexandre Guida Navarro y al Dr. Fernando Torres Londoño. Además de ello, apreciamos la valiosa ayuda de Claudia Valladão de Mattos Avolese y el generoso apoyo del Instituto Getty de Los Ángeles. La presentación de este artículo fue concebida a partir de una investigación de maestría terminada en 2017 en la Universidad Estatal de Campinas, Brasil.


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1 En adelante INAH.

2 Archivos de la American Antiquarian Society, Worcester, Estados Unidos.

3 El Siglo Diez y Nueve, 22 de mayo 1877, p. 2.

4 London Magazine, 21 de abril de 1910.

5 Folleto de convocatoria para la fiesta de la llegada del Chacmool en Mérida, Izamal, Yucatán, febrero, 1877.

6 Periódico Oficial, 2 de marzo de 1877, p. 3.

7 Periódico Oficial, 5 de marzo de 1877.

8 Ambas imágenes fueron reproducidas por Tripp Evans (2004: 138) y Desmond y Messenger (1988: 36) en fotos donde Alice aparece con el objeto. En estas fuentes también se presentan descripciones del descubrimiento de la pieza que fue presentada a Alice por Augustus (2004: 136).

9 Información procedente del Peabody Museum, 2016.