LOS CAUSATIVOS EMOCIONALES DEL ESPAÑOL. UN ESTUDIO ASPECTUAL
Resumen

El presente trabajo ahonda en la estructura aspectual o Aktionsart de los llamados causativos emocionales del español, tales como asustar, inquietar o molestar. Defiendo la hipótesis de que, tanto en su variante transitiva cuanto en la construcción pronominal (se), estos verbos exhiben el comportamiento del ‘logro compuesto’ (Fernández Lagunilla y De Miguel, 1999, 2000). Así lo sugiere el conjunto de diagnósticos aspectuales, que aplico a datos de corpus. La hipótesis depende crucialmente de que el concepto de causa se deslinde de las propiedades eventivas de los verbos, como se ha argumentado en trabajos recientes y como también se verificará examinando los empleos estativos de los causativos emocionales.

Abstract

The present work investigates the aspectual structure of the so-called emotional causatives of Spanish, such as asustar ‘frighten’, inquietar ‘trouble’ or molestar ‘bother’. I defend the hypothesis that, in the transitive variant as well as in the reflexive construction (se), these verbs exhibit the behavior of ‘composite achievements’ (Fernández Lagunilla y De Miguel,por lo 1999, 2000). My demonstration involves a variety of aspectual proofs, which I apply to corpus data. Crucial to the hypothesis is the recognition that the notion of cause has to be separated from the eventive properties of verbs, as argued in recent publications, and as an inquiry into the stative uses of the emotional causatives will confirm.

Palabras clave:
    • aspecto léxico;
    • causativos emocionales;
    • construcción pronominal;
    • español;
    • logro compuesto.

1. Introducción

Los verbos que expresan emociones o sentimientos, también conocidos como verbos psicológicos, han llamado la atención de los lingüistas interesados en la variación que presentan estos predicados con respecto a la codificación de sus dos argumentos centrales: el ser animado, típicamente humano, que siente algo en su interior —el participante denominado ‘experimentante’— y la entidad (una persona, cosa o situación) que suscita la percepción emotiva en el experimentante y que aquí llamaré ‘estímulo’ siguiendo a otros autores (Blansitt, 1978; Croft, 1991a; Dowty, 1991; Talmy, 1985). Como muestran los ejemplos de (1), en español, al igual que en otras lenguas, algunos verbos psicológicos asignan la función gramatical de sujeto al experimentante (1a), mientras que otros lo materializan como objeto: 1

Este tipo de inversión no es común. En general, los eventos que designan los verbos implican modos específicos de participación que determinan la realización sintáctica de los argumentos verbales. En los cambios de estado físico, por ejemplo, el agente que actúa sobre el paciente recibe la función de sujeto (Juan rompió la ventana) y no tiene la posibilidad de aparecer como objeto (*La ventana rompió a Juan).

Por lo que atañe a los verbos psicológicos, existe cierto consenso en torno a que los verbos con experimentante-objeto, como asustar, llevan una idea de causación en su significado (Caluianu, 2013: 243). Es decir, se definen como causativos léxicos (Payne, 1997: 177). En español, el grupo de verbos psicológicos que se comportan como asustar es muy amplio: alegrar, aburrir, asombrar, distraer, enfurecer, irritar, preocupar y otras decenas más de piezas léxicas son miembros de este grupo.2 Con estos verbos se forman predicaciones en las que una reacción emotiva se visualiza desde la perspectiva del estímulo (S) que la produce en el experimentante (O) (Bogard, 1993; Colucciello, 2015; Di Tullio, 1998; Maldonado, 1999: cap. 2). Obsérvese que el significado de la oración La muerte nos asusta puede parafrasearse como ‘La muerte causa que tengamos una sensación de susto o temor’, y esto explica la designación de ‘causativos emocionales’ que se les ha atribuido (Cano Aguilar, 1987: 66, con referencia a Babcock, 1970).

En el presente trabajo, pretendo acercarme a los causativos emocionales del español desde una perspectiva aspectual. Como se sabe, el aspecto remite a la constitución temporal interna de las situaciones que se describen (Comrie, 1976: 3). En años recientes, el ámbito de la aspectualidad se ha reorganizado en torno a dos grandes dimensiones que interactúan entre sí: por un lado, tenemos el aspecto léxico o Aktionsart, definido a partir de las cualidades temporales intrínsecas de las situaciones expresadas por los verbos (por ejemplo, la acción de correr se extiende en el tiempo, mientras que llegar evoca un evento puntual) y, por el otro, está el aspecto gramatical, que a través de la morfología del verbo u otros medios perifrásticos permite enfocar las situaciones desde diversos puntos de vista (por ejemplo, corrió frente a corría o estaba corriendo) (De Miguel, 1992; Rodríguez Espiñeira, 1990).

El aspecto léxico se ha convertido en un objeto de amplio estudio porque ayuda, en muchas ocasiones, a entender mejor el comportamiento gramatical de los ítems verbales y permite agrupar estos en grandes clases, asociadas con propiedades semánticas y sintácticas específicas. La tipología de la Aktionsart más conocida y más utilizada desde el clásico trabajo de Vendler (1967) comprende cuatro clases, a saber, ‘estados’, ‘actividades’, ‘logros’ (achievements) y ‘realizaciones’ (accomplishments).

En varias teorías contemporáneas, la caracterización aspectual de los predicados se obtiene mediante el recurso de la ‘descomposición’ semántica, que consiste en identificar y representar las fases temporales que están implicadas en el desarrollo del evento denotado por el verbo (Fernández Lagunilla y De Miguel, 2000, con las referencias ahí citadas). El modelo subyacente a muchas de estas representaciones es el de la llamada ‘cadena causal’ sobre la que volveré más adelante. En cuanto a los causativos emocionales, el abordaje bajo la luz de su Aktionsart ha significado que se les reconozca una estructura aspectual compleja, esto es, susceptible de descomponerse en varios subeventos. Uno de los subeventos en cuestión se corresponde con el tiempo que toma la acción causativa del estímulo antes de culminar en el cambio de estado psíquico que sufre el experimentante. Según veremos, esta manera de concebir las cosas ha determinado la definición aspectual de los causativos emocionales, en español y en otras lenguas, como pertenecientes a la clase aspectual de las ‘realizaciones’.

La caracterización aspectual de los causativos emocionales en términos de realizaciones es sin duda la más extendida, pero no es la única (Vanhoe, 2002). Se ha defendido la hipótesis de que estos verbos funcionan como ‘logros’ (Vanhoe, 2002; Van Voorst, 1992), y en otros trabajos han sido adscritos a la clase de los ‘estados’ (De Arad, 1998; Marín, 2011; Marín y McNelly, 2011; Van Valin y LaPolla, 1997).

Ante semejante desacuerdo, parece haber motivos suficientes para volver a examinar este grupo de verbos en español con el fin de profundizar en su Aktionsart e intentar solucionar los problemas que ha implicado la definición de su comportamiento aspectual. Este es el objetivo del presente estudio. Anticipando los resultados, diré que se ofrecerán argumentos para considerarlos como pertenecientes a una subclase aspectual que en Fernández Lagunilla y De Miguel (1999, 2000) se denomina ‘logro compuesto’.

El trabajo está organizado de la siguiente manera: en la sección 2 presento la estructura aspectual que suele atribuirse a los causativos emocionales y que lleva a clasificarlos como ‘realizaciones’ (2.1), aunque dicho análisis plantea una serie de dificultades subrayadas en algunos estudios (2.2). La categoría aspectual del ‘logro compuesto’ se define en la sección 3. En la sección 4 argumento que los causativos emocionales se ajustan a la definición del logro compuesto (4.1), los someto a un conjunto de pruebas con el objetivo de verificar la hipótesis (4.2), y explico por qué el concepto de logro es compatible con el valor causativo de los verbos, contrariamente a lo que se presupone de costumbre (4.3). En la sección 5 abordo la construcción pronominal (se) de los causativos emocionales para mostrar que, en términos aspectuales, no se diferencia de la variante transitiva. La sección 6 trata empleos estativos de los verbos en estudio, algunos con valor ‘resultativo’ (6.1) y otros de tipo ‘caracterizador’ (6.2), que discuto a modo de completar el panorama aspectual. En la sección 7 se recogen las conclusiones del trabajo.

2. Los causativos emocionales

2.1 Evento trifásico

Los verbos psicológicos que han recibido el nombre de causativos emocionales en español comparten con verbos similares en otras lenguas (cf. to frighten ‘asustar’ en inglés) el hecho de designar una reacción emotiva provocada en un experimentante por la acción de un estímulo. En (2) proporciono algunos ejemplos extraídos de datos de uso:

Según apunté en la Introducción, muchos estudios dedicados al aspecto léxico se han aprovechado del modelo de la llamada ‘cadena causal’ (causal chain), ideado como herramienta para dar cuenta de la manera en que los seres humanos conceptualizan los eventos que comunican e indagar en la estructura temporal interna de los verbos empleados para referirse a estos eventos (Croft, 1991a, b, 1993; Dowty, 1979; Langacker, 1987; Smith, 1991; Talmy, 1976). La cadena se visualiza como una sucesión de fases a lo largo de las cuales se desarrolla en el tiempo el evento prototípico, desde la acción de un agente u otra entidad de carácter causal que inicia la secuencia de los subeventos, hasta el estado resultante que marca el punto final de la situación denotada. Bajo esta perspectiva, las clases aspectuales se definen en función de las partes de la cadena que recubren. Las ‘realizaciones’, por ejemplo, tienden a abarcarla en su totalidad, mientras que otras clases sólo focalizan el tramo inicial de acción, como las ‘actividades’, o bien remiten al fin de la cadena, como los ‘estados’ (Smith, 1991: 35).

Los verbos psicológicos que nos ocupan expresan un cambio de estado que el sujeto de la oración produce o ‘causa’ en el participante codificado como objeto (Babcock, 1970; Bogard, 1993; Brekke, 1976; Cano Aguilar, 1987; Grimshaw, 1990; Iwata, 1995; Pesetsky, 1995; Pustejovsky, 1995; Van Valin y LaPolla, 1997). En ese sentido, se aproximan a los verbos ‘causativos’ como romper (Juan rompió la ventana), que designan un cambio de estado en el plano físico.

Desde el punto de vista aspectual, los causativos de cambio de estado físico se analizan como compuestos de por lo menos dos subeventos: un evento causativo (ligado al sujeto) y un estado resultante (relacionado con el objeto) (véanse los trabajos citados en Copley y Harley, 2015). De manera más específica, la representación de su estructura aspectual suele incluir tres segmentos, que se corresponden, sucesivamente, con la acción causativa realizada por el participante sujeto (CAUSE), el cambio que aquella provoca en el participante objeto (BECOME) y el estado resultante en que se encuentra el objeto afectado (STATE) (para un resumen de las propuestas, véanse Martin y Schäfer, 2015; Schäfer, 2009).3

El análisis trifásico propuesto para los verbos causativos de cambio de estado físico apunta a las ‘realizaciones’. Estas definen eventos dinámicos complejos, que incluyen un punto final como parte inherente de su estructura aspectual —son eventos ‘télicos’— y suponen, además, un proceso de desarrollo que se extiende a lo largo de un intervalo temporal hasta alcanzar el punto en que culmina el evento (por ejemplo, construir una casa) (De Miguel, 1999: 3031; Morimoto, 1998: 15; Smith, 1991: 49).

En Croft (1991a, 1991b, 1993), se hace explícito que la configuración propuesta para los causativos de cambio físico se puede extender a los causativos emocionales. El autor establece que verbos como please o surprise en inglés y aburrir o enojar en español denotan una situación en la que “el estímulo causa que el experimentante entre en el estado mental” (Croft, 1993: 56), y que por lo tanto la estructura aspectual de estos verbos debe verse como constituida por los tres segmentos básicos de la cadena causal (CAUSE + BECOME + STATE) (Croft, 1991a: 215-218 ; 1993). En otras palabras, los causativos emocionales parecen responder a la definición de las ‘realizaciones’, tal como se sostiene en varios estudios (Di Tullio, 2004: 23; Grimshaw, 1990: 26; Levin y Rappaport Hovav, 1995: 107; Tenny, 1994: 66). El segmento en que el sujeto estímulo efectúa su acción coincide con el tiempo que toma el proceso de desarrollo (CAUSE); la unidad BECOME focaliza el momento en que el cambio emocional denotado por el verbo realmente ocurre; y la fase STATE alude al estado de afección psicológica en que se halla el experimentante a consecuencia del cambio que se ha cumplido (está asustado o enojado).

Como trasfondo para lo que viene a continuación, es importante tener en mente que la identificación de los verbos de cambio de estado (físico o mental) con las ‘realizaciones’ está estrechamente ligada a la presencia de la entidad sujeto que se interpreta como causante de lo que expresa el verbo. La causación, en efecto, suele relacionarse con la idea de un ‘evento’, que toma cierto tiempo y es necesariamente anterior al efecto que produce. Esto se hace evidente al observar que oraciones tales como La ventana se rompió o Juan se asustó reciben otro análisis. En estos casos, que focalizan el cambio de estado y no mencionan a la entidad causante, se argumenta que la estructura aspectual consta de un segmento temporal menos, y ya no manifiesta una ‘realización’, sino un ‘logro’. Los logros, como diré abajo, son eventos que se dan de manera instantánea. Dado que mi intención es mostrar que los causativos emocionales en español sugieren un tipo de logro, habrá necesidad de volver sobre este punto para ver cómo podemos reconciliar el concepto de causa con la definición del logro (cf. infra, §4.3).

2.2 Cambio instantáneo

Por lo pronto, vamos a examinar el trabajo de Van Voorst (1992), dedicado a los verbos psicológicos, en el que se argumenta que los causativos emocionales no pueden corresponder a realizaciones ya que no pasan las pruebas que suelen utilizarse para identificar dicha clase aspectual.4

Una de estas pruebas es el adverbio casi (inglés almost). Con las cuatro clases de Vendler (1967), casi desencadena la lectura de que la situación denotada estuvo a punto de iniciarse pero no se dio. La realización, por su parte, se opone a las demás clases en admitir una segunda lectura que incide en el proceso de desarrollo orientado hacia el punto de culminación: casi indica que el proceso, ya comenzado, se vio interrumpido de modo que no alcanzó su final (véase De Miguel, 1999: 3026-3027).5 Aplicado a los causativos emocionales, el diagnóstico adverbial verifica, según Van Voorst (1992: 70), que no se trata de realizaciones, ya que un enunciado del tipo de (3) sólo puede significar que el evento no ocurrió. (3) rechaza la lectura del cambio que empieza pero no se acaba:

Otra característica de las realizaciones es su capacidad para combinarse con modificadores que ‘miden’ el progreso temporal del evento en dirección al punto final (De Miguel, 1999: 3027; Morimoto, 1998: 40). En el evento de construir una casa, por ejemplo, la parte construida va creciendo según avanza el proceso de construcción, y es posible referirse a una fase en este desarrollo con expresiones tales como medio o hasta la mitad (cf. Tiene la casa medio construida). En cambio, siguiendo a Van Voorst (1992: 89), esta posibilidad no existe para los verbos psicológicos:

Cuando un ruido distrae a una persona, aclara el autor, no podemos distinguir un punto en que la persona se encuentra parcialmente distraída y está en camino hacia volverse completamente distraída. La persona está distraída o no lo está (Van Voorst, 1992: 89).

Una prueba más involucra la perífrasis de gerundio. Esta construcción presenta la acción vista en su transcurso (Yllera, 1999: 3393). Con una realización, la perífrasis permite focalizar la fase de desarrollo que precede a la finalización del evento y se emplea como prueba para mostrar que del enunciado perifrástico no puede inferirse que el evento ha ocurrido (estar construyendo una casa no implica haber construido la casa) (De Miguel, 1999: 3031). Por el contrario, en opinión de Van Voorst (1992: 69), la perífrasis formada con un causativo emocional sí permite inferir que el experimentante ya siente la emoción designada, lo que equivale a decir que el evento de cambio se ha cumplido (estar enfadado implica haber enfadado):

Todas estas pruebas, advierte el autor, ponen de manifiesto que los cambios psíquicos que denotan estos verbos no suponen ningún proceso de desarrollo dirigido a un punto final, sino que se dan de manera instantánea. Y tras eliminar las opciones aspectuales de ‘estado’ y ‘actividad’, Van Voorst (1992: 82) concluye que se trata de ‘logros’.6

Los logros comparten con las realizaciones su carácter de evento dinámico y télico, pero difieren de estas en no tener duración interna; expresan situaciones cuyo inicio y fin “prácticamente coinciden en un mismo punto” (De Miguel, 1999: 3021). Algunos ejemplos son: alcanzar, darse cuenta, descubrir, encender, encontrar, explotar, llegar, marcar un gol, perder, reconocer y romper (De Miguel, 1999; Morimoto, 1998; Smith, 1991).7

No obstante, el problema detectado por Van Voorst es que los causativos emocionales se pueden combinar con el sintagma preposicional durante x tiempo, como muestra este ejemplo (Van Voorst, 1992: 68):

En principio, un modificador de este tipo requiere cierta extensión a lo largo del eje temporal, por lo que los logros suelen rechazar su presencia (*Carlos llegó a la meta durante 10 segundos: De Miguel, 1999: 3035). Con el fin de salvar su análisis, Van Voorst hace notar que entre los logros hay verbos tales como see ‘ver’ que tampoco oponen obstáculo al modificador durativo (Van Voorst, 1992: 69):

El autor los denomina ‘logros no puntuales’ (non-punctual achievements) (Van Voorst, 1992: 69), y hacia el final de su artículo vuelve a insistir en las similitudes de comportamiento entre ver y los verbos psicológicos, en cuanto expresiones de eventos que empiezan de manera instantánea (logro), pero se pueden alargar a través de un período de tiempo más o menos extenso (logro no puntual) (Van Voorst, 1992: 84).

3. Categoría del ‘logro compuesto’

La agrupación de los causativos emocionales con ver resulta pertinente para nuestro estudio, considerando que el verbo de percepción visual ha sido igualmente relacionado con distintas clases aspectuales (Enghels, 2007). De manera más significativa aún, la razón por la diversidad de propuestas ha descansado sobre el comportamiento dual de ver, que algunas veces parece referirse a una sensación repentina (8a) y otras veces supone una acción prolongada (8b):

En los casos de (8a), ver exhibe el sentido de ‘percatarse de algo’ (spotting sense) que le atribuyó Vendler (1967). Se trata de un evento puntual dotado de un límite inherente. Como constata Ryle (1949 apud Enghels, 2007: 66), “yo puedo decir que he visto x en el momento en que veo x”. El paso de no ver a ver es instantáneo. En los ejemplos de (8b), por el contrario, la percepción visual toma los rasgos aspectuales de un proceso durativo, sin límite intrínseco, en el que el sujeto continúa fijando su sentido de la vista en el percepto (Horno Chéliz, 2002-2004).

Con apoyo en el trabajo sobre aspecto léxico de De Miguel (1999), algunos autores llegan a proponer que la doble cara del verbo ver en español se puede explicar apelando a la noción del aspecto ‘ingresivo’ (Enghels, 2007; Fernández Jaén, 2012; Horno Chéliz, 2002-2004). En el citado estudio de De Miguel (1999: 3023 y 3033-3034), los verbos ingresivos se ilustran con ítems tales como amanecer, florecer, hervir, marearse, sentarse y también ver. Son verbos que focalizan el momento en que el evento comienza a ocurrir (de ahí su valor ‘ingresivo’), pero sin excluir la posibilidad de que el evento vaya seguido de un estado o un proceso que continúa en el tiempo. Es decir, estos verbos conducen a la identificación de una estructura aspectual compleja en la que deben distinguirse dos fases: el punto en que tiene lugar el evento (Juan se sentó rápidamente) y una fase con duración ligada al evento puntual (Se sentó a mi lado durante toda la fiesta).

En Fernández Lagunilla y De Miguel (1999, 2000), los verbos ingresivos motivan el establecimiento de una nueva categoría aspectual llamada ‘logro compuesto’. A diferencia del logro simple, definido como “evento delimitado que ocurre en un punto” (explotar, llegar, nacer) (Fernández Lagunilla y De Miguel, 1999: 113), el logro compuesto “denota un evento que culmina en un punto inicial y que implica una fase posterior a dicho punto; esa fase posterior puede ser un estado o un proceso” (Fernández Lagunilla y De Miguel, 1999: 108).

Esto explica la compatibilidad del logro compuesto con modificadores tanto puntuales como durativos. En los contextos donde se subraya la fase inicial, el adverbial indica el punto en que el evento alcanza su límite (Fernández Lagunilla y De Miguel, 1999: 109):

En estos casos, el logro compuesto funciona como el logro simple; designa un evento de escasa duración cuyo acabamiento viene a coincidir con el momento mismo de su ocurrencia (De Miguel, 1999: 3034). En cambio, cuando la atención se centra en la segunda fase, pueden aparecer modificadores que expresan el mantenimiento del evento iniciado (Fernández Lagunilla y De Miguel, 1999: 109):

La nueva categoría aspectual se halla escindida en dos subclases, dependiendo de si la fase inicial va seguida de un estado (marearse, ocultarse, sentarse) o de un proceso (hervir, florecer, ver la costa) (Fernández Lagunilla y De Miguel, 1999: 113). La prueba que utilizan las autoras para justificar esa distinción remite nuevamente a la perífrasis de gerundio. La perífrasis, como ya se dijo, visualiza un evento en su transcurso y con este valor básico se acopla de manera preferente con situaciones dinámicas que implican cambio y avanzan en el tiempo. En contraste, los estados, por denotar situaciones homogéneas y continuas, carentes de dinamismo, resultan ser difícilmente compatibles con la forma progresiva (*Este libro me está perteneciendo; *Juan está sabiendo inglés). De hecho, la perífrasis <estar + gerundio> se ha constituido en una de las pruebas más fiables y seguras para detectar los verbos estativos en español (De Miguel, 1999: 3012-3013; Rodríguez Espiñeira, 1990: 185-187).

Así, en relación con el logro compuesto, la perífrasis confirma el seguimiento de un proceso dinámico en el caso de los verbos como hervir que la aceptan (Fernández Lagunilla y De Miguel, 1999: 109):

Y se pone de relieve el mantenimiento de un estado cuando el verbo rechaza la perífrasis (Fernández Lagunilla y De Miguel, 1999: 109):

En resumen, bajo la perspectiva del logro compuesto se ilumina el comportamiento de algunos verbos difíciles de clasificar aspectualmente debido a que los eventos que expresan se revelan delimitados y no delimitados a la vez. Postular para estos verbos una estructura temporal interna compuesta de dos fases ayuda a resolver la ambigüedad: dependiendo del punto de vista que elija el hablante, el evento tendrá el carácter del logro puntual (enfoque en la fase inicial) o bien evocará una situación durativa con un final abierto (interés centrado en la fase posterior). La hipótesis se ha aprovechado para explicar la dualidad de la percepción visual significada por ver, y en lo que sigue argumentaré que también los causativos emocionales del español responden a la definición del logro compuesto.

4. Estructura aspectual de los causativos emocionales

4.1 Caracterización como ‘logro compuesto’

La propuesta que pretendo defender tiene antecedentes. Ya en el trabajo de Brekke (1976 apud Vanhoe, 2002: 147) está resaltada la facilidad con la que los causativos emocionales alternan entre complementos puntuales y durativos. Un paso adelante hacia la resolución del conflicto que plantean estos verbos lo da Van Voorst (1992), con su concepto del ‘logro no puntual’. Finalmente, en Vanhoe (2002), un estudio sobre los verbos psicológicos del español realizado en el marco de la Gramática Léxico-Funcional, los causativos emocionales aparecen definidos como verbos ‘ingresivos’, con referencia explícita a De Miguel (1999).

Con respecto a la posición de este autor, nos separaremos en dos puntos. En primer lugar, observaremos que en el caso de los causativos emocionales la segunda fase del logro compuesto sugiere un proceso más que un estado. Y, segundo, descartaremos la conclusión del autor de que no se trata de verbos causativos, estableciendo, por el contrario, que la categoría aspectual del logro compuesto no está reñida con la noción semántica de la causatividad.

Nuestro análisis toma como punto de partida el hecho de que los verbos en estudio denotan eventos dinámicos que implican un cambio; este consiste en la reacción emotiva que suscita el estímulo en el experimentante (Dowty, 1991: 580; Di Tullio, 1998: 255; entre muchos otros). Los causativos emocionales se caracterizan, además, por ser verbos télicos, esto es, incluyen un punto terminal —un límite inherente— dentro de su constitución temporal. La prueba de ello es que pueden aparecer en la llamada construcción de participio absoluto, como en (13), donde el participio aspectualmente perfectivo implica que “el verbo sobre el que se forma debe denotar un evento que, para realizarse, ha de alcanzar su estado final (es decir, ha de tener un término o un resultado)” (De Miguel, 1992: 74):

El evento dinámico y télico que expresan los causativos emocionales tiene, por último, las cualidades de una ocurrencia puntual. Los diagnósticos manejados por Van Voorst (1992) apuntaron en esa dirección, y más adelante obtendremos evidencia adicional al respecto (cf. infra, §4.2).

Todas estas propiedades confluyen en la identificación aspectual del logro: un evento dinámico, télico y puntual. Lo referente a la puntualidad reclama, sin duda, matización, ya que todo evento toma algo de tiempo para llevarse a cabo (De Miguel, 1999: 3030). Como señala Carlota Smith (1991: 31 y 58), si fuéramos a medir los logros con instrumentos de alta precisión encontraríamos que las acciones de ganar una carrera, romper un vaso o recordar un nombre involucran más que un instante. Pero en nuestra concepción idealizada de las situaciones verbales, y pese a la realidad, los logros se piensan y categorizan como instantáneos.

Lo que sí importa en el caso de los logros es no confundir el evento puntual, que focaliza el verbo, con la fase preparatoria, que algunas veces forma parte del escenario eventivo: una carrera no se gana sin haber corrido, una cima no se alcanza sin haberse acercado a ella (Smith, 1991: 61). Los procesos asociados al logro hacen posible su ocurrencia, pero deben ‘separarse’ conceptualmente del evento mismo.9

Esto vale para los causativos emocionales. Van Voorst (1992: 70) ilustra el caso refiriéndose al payaso que intenta divertir a unos niños por medio de una serie de bromas y trucos. Las actividades del payaso están evidentemente orientadas al desencadenamiento de una reacción emotiva; sin embargo, no pertenecen al evento mismo de ‘divertir’ (the amusing event). Este ocurre en el momento preciso en que los niños pasan a sentirse divertidos, algo que el payaso no siempre consigue. Nótese cómo, en (14), los datos de uso le dan la razón a Van Voorst:

Convendrá tener en mente la distinción entre proceso asociado y evento puntual cuando llegamos a la exposición de los diagnósticos aspectuales (cf. infra, §4.2).

Antes de pasar a examinar la segunda fase del logro compuesto, puede ser de interés mencionar que los psicólogos y neurofisiólogos que se han acercado a las emociones mediante experimentos y otras formas de verificación empírica tienden a enfatizar la inmediatez de su ocurrencia, independientemente de la orientación más biológica o más cognitiva de la teoría que se maneja (Ekman, 1992; Moors, 2013; Oatley y Johnson-Laird, 2014; Planalp, 1999). Hay cierta convergencia, también, en destacar la poca duración de nuestras respuestas emocionales a los estímulos del medio ambiente, sin por ello excluir la posibilidad de que el sentimiento se prolongue durante un intervalo mucho más largo (Calhoun y Solomon, 1989; Oatley y Johnson-Laird, 2014; Planalp, 1999). Con esto último, los estudiosos de otras disciplinas brindan apoyo para defender la hipótesis de que la estructura aspectual de los causativos emocionales tiene prevista una segunda fase.

La evidencia lingüística relativa a la fase posterior del logro compuesto proviene de oraciones tales como la citada por Van Voorst (1992) (cf. supra, §2.2) y aquí repetida como (15):

En este caso, la compatibilidad del verbo divertir con el sintagma temporal durante x tiempo indica que la experimentación emotiva se puede conceptualizar como alargándose en el tiempo.

Para ilustrar la dualidad aspectual de los causativos emocionales, Vanhoe (2002: 147) retoma varios ejemplos de Brekke (1976), en los que co-ocurren un modificador puntual y otro durativo, como en (16):

El ejemplo se siente un poco forzado, pero la situación que intenta captar bien podría darse en la realidad: evoca un sentimiento de preocupación que emerge en un instante, como reacción a un diagnóstico médico ominoso, y perdura mientras el paciente espera los resultados de la prueba.

Por su parte, si bien con otros fines argumentativos, De Miguel (1999: 3028) ofrece el siguiente ejemplo que resulta pertinente para nuestra discusión:

La autora explica que la oración alude al intervalo temporal a lo largo del cual se mantuvo el interés generado por el estímulo (un argumento con propiedades de duración).

Arriba señalé que en los estudios de otras disciplinas se vislumbran experiencias de afección psicológica que se alargan. Para profundizar en este aspecto, Frijda (1993) elabora el concepto del ‘episodio’ emocional. Este define un período continuo de involucramiento anímico durante el cual el individuo sigue interactuando mentalmente con el estímulo —persona, cosa o contingencia— que disparó el sentimiento. El episodio se caracteriza por involucrar a menudo trastornos fisiológicos y síntomas de un incremento en la actividad cognitiva (la atención del individuo está centrada en el estímulo). En su transcurso, ocurren cambios en el grado de intensidad con que se experimenta el fenómeno afectivo —intensidad que crece al inicio, varía en la fase intermedia y disminuye al final-, pero el individuo percibe el suceso como una sola y misma emoción. De acuerdo con el autor, el término ‘estado’ no se ajusta al episodio emocional, que tiene más bien las características de un ‘proceso’ (Frijda, 1993: 382).

Desde el punto de vista de la Aktionsart, los ‘estados’ proyectan situaciones homogéneas y estables, mientras que los procesos (o ‘actividades’) son eventos dinámicos que se desarrollan en el tiempo. Entre unos y otros, sin embargo, la frontera es fluida, dada la naturaleza durativa que tienen en común esas dos clases (Rodríguez Espiñeira, 1990: 190; Lehmann, 1991: 198). Con el fin de iluminar la distinción, Comrie (1976: 49) estipula que, frente al estado, cuyo mantenimiento no requiere esfuerzo alguno, los procesos necesitan para su desarrollo un aporte continuo de energía. Si tomamos esta diferencia en cuenta, podemos decir que el episodio emocional, con su secuencia de ‘transacciones’ (Frijda, 1993: 386) entre experimentante y estímulo, nos orienta hacia un proceso. Nótese que la decisión a favor del proceso o el estado importa en la medida en que Fernández Lagunilla y De Miguel (1999, 2000), como vimos arriba, fraccionan la categoría aspectual del logro compuesto sobre la base de dicha oposición. En el caso de los causativos emocionales, las pruebas que discutiremos en un momento respaldarán la hipótesis del proceso dinámico.10

Resumiendo, en esta sección miramos un conjunto de hechos que llevan a considerar los causativos emocionales como miembros de la categoría aspectual del logro compuesto. De forma similar a ver, que oscila entre su valor puntual de ‘percatarse’ y la alusión a una experiencia visual que dura, los verbos en estudio expresan eventos complejos, caracterizados por implicar una fase inicial muy breve, en la que un ser animado pasa de no sentir la emoción denotada a sentirla, y constar de una fase posterior durante la cual la emoción se prolonga a través de la interacción entre el experimentante y el estímulo.

4.2 Diagnósticos aspectuales

Nos corresponde ahora examinar el comportamiento de los causativos emocionales ante algunas pruebas de corte aspectual con el objeto de verificar nuestra hipótesis del logro compuesto. A la hora de aplicar las pruebas, tendremos en mente en todo momento la fase específica —inicial o posterior— que está bajo escrutinio.

(i) en x tiempo

La expresión adverbial introducida por en delimita el tiempo que tardó un evento télico en alcanzar su punto final (Dowty, 1979). Se compagina bien con la realización (Pedro leyó el informe en una hora: De Miguel, 1999: 3020), pero no así con el logro, dada la instantaneidad del evento. En el caso del logro (Alcanzamos la cima en 5 minutos), el sintagma indica el intervalo que precede al momento en que el evento puntual inicia —y acaba (De Miguel, 1999: 3036; Smith, 1991: 62)-. Dicho intervalo se relaciona, pues, con la fase preparatoria o proceso asociado que tratamos arriba.

Con respecto a los causativos emocionales, algunos autores observan que se muestran reticentes a este tipo de complemento, lo que a primera vista podría hacer dudar de su carácter télico:

La anomalía en (18) se debe a que el evento emocional, en cuanto logro, no implica tales intervalos, pues surge de forma casi inmediata, a menos de que el sintagma temporal se interprete como referido a la fase preparatoria. En el uso, los adverbiales elegidos manifiestan la percepción que tienen los hablantes de la inmediatez de las emociones:

También encontramos ejemplos que confirman la escasa duración de las emociones que se ciñen a la fase inicial y no se prolongan:

(ii) lentamente, poco a poco

Los adverbiales de este tipo sirven para distinguir los eventos que progresan sobre la línea del tiempo en dirección a su límite inherente (De Miguel, 1999: 3019; Smith, 1991: 69). Destacan asimismo la presencia de una realización. Los logros, por su parte, los admiten con dificultad al no implicar una fase de desarrollo. Cuando uno de estos adverbiales aparece con un logro, hemos de interpretar que modifica al evento previo (proceso asociado y separable) que desemboca en la ocurrencia puntual, como en Murió lentamente o Salió de la reunión poco a poco (De Miguel, 1999: 3038; Smith, 1991: 70). Esa misma lectura surge con los causativos emocionales:

Los modificadores en discusión se relacionan con sintagmas del tipo de hasta la mitad o completamente, que ponen en perfil grados de avance en el desarrollo de un evento télico con duración, es decir, una realización. Esto significa que en principio un causativo emocional, en su calidad de logro, no debería aceptar expresiones de esta naturaleza, como argumenta Van Voorst (1992) (cf. supra §2.2). Sin embargo, en el uso se presentan ejemplos como este:

Lo que mide el adverbio en estos casos no es el progreso del evento en el tiempo, sino el grado de intensidad con el que el individuo experimenta el sentimiento (véase De Miguel, 1999: 3027-3028, acerca del ejemplo Ando medio enamorado). Nuestras emociones se prestan a este tipo de gradación (Van Voorst, 1992: 88), y así lo manifiestan los hablantes en el uso:

(iii) durante x tiempo

Los diagnósticos anteriores permitieron evidenciar la fase delimitada y puntual (logro inicial) que integra la estructura aspectual de los causativos emocionales. Con el siguiente par de pruebas, corroboraremos que la experimentación psicológica se puede alargar en una fase posterior correspondiente a lo que hemos llamado el episodio emocional.

El modificador adverbial durante x tiempo se utiliza canónicamente para oponer las situaciones no delimitadas (estado y actividad), que lo aceptan, a los eventos dotados de un límite inherente (realización y logro), que lo rechazan (Dowty, 1979).11

De este modo, el criterio le sirve a De Miguel (1999: 3023) para mostrar que los verbos con aspecto ‘ingresivo’ —los logros compuestos— suponen una segunda fase no delimitada que sigue al punto inicial:

Así se explica también la compatibilidad de los causativos emocionales con este tipo de expresiones temporales, sin tener que renunciar a la idea de que son a la vez verbos télicos:

(iv) dejar de

La perífrasis <dejar de + infinitivo> indica la interrupción de una acción que venía desarrollándose (Gómez Torrego, 1999: 3381). Es compatible con verbos de distintas clases aspectuales, menos los logros (*Juan dejó de llegar), dado que un evento puntual, por su escasa duración, no se puede interrumpir (De Miguel, 1999: 3037).

En el caso del logro compuesto, De Miguel (1999: 3037) comenta que la perífrasis difiere en su interpretación dependiendo de si la fase posterior implica un proceso (26a) o un estado (26b):

En (26a), afirma la autora, el proceso se interrumpe, frente a (26b), donde la perífrasis “interrumpe la repetición del punto inicial” (= María dejó de sentarse a mi lado cuando siempre lo había hecho).

Si De Miguel está en lo correcto, el criterio en discusión respaldaría la hipótesis de que el episodio emocional que sigue a la reacción instantánea es de naturaleza procesual. Esto lo sugieren los ejemplos de (27), en los que el verbo psicológico parece comportarse como hervir:

(v) perífrasis de gerundio

Hasta aquí hemos revisado pruebas ajustadas a una u otra fase del logro compuesto. La perífrasis de gerundio, en cambio, proporciona evidencia a favor de ambas fases, si bien con distintos valores.

En conexión con la primera fase, ya discutimos la utilidad de la perífrasis para poner de manifiesto que los causativos emocionales no suponen ningún desarrollo encaminado hacia el límite inherente del evento (cf. supra §2.2). Lo que es preciso agregar en este momento es que los verbos de logro admiten la construcción progresiva bajo ciertas condiciones, por ejemplo, El tren está llegando a la estación. Son casos estos donde la perífrasis focaliza la fase preparatoria y activa la lectura del evento ‘inminente’ (= El tren está a punto de llegar) (De Miguel, 1999: 3036; Morimoto, 1998: 22; Smith, 1991: 222).12 Asimismo, el sentido de inminencia se percibe en estos ejemplos formados con causativos emocionales:

En cuanto a la segunda fase del logro compuesto, se recordará que Fernández Lagunilla y De Miguel (1999, 2000) fundamentan la distinción entre proceso y estado en la tolerancia de la estructura perifrástica (proceso/*estado) (cf. supra, §3). El punto aquí es asegurarse de que la perífrasis remita efectivamente a la fase posterior (y no al evento inminente de la primera fase). Con este propósito, conviene sumarle a la perífrasis un adverbio aspectual como aún o todavía (Fernández Lagunilla y De Miguel, 1999: 107 y ss.; De Miguel, 1999: 3035), o bien sustituir el auxiliar estar por seguir (De Miguel, 1999: 3035), con los cuales se afianza la visión del proceso que está transcurriendo. De esta manera podemos comprobar que el episodio emocional obedece a la definición del proceso dinámico que continúa dándose una vez culminado el evento puntual:

(vi) tiempo presente

El último diagnóstico en que nos detendremos se relaciona con el empleo del tiempo presente. Entre sus propiedades aspectuales más discutidas está el hecho de que el presente tiende a disparar una lectura ‘habitual’ con verbos dinámicos, que no surge cuando se trata de un estado (Dowty, 1979). Observamos, por ejemplo, que la oración Aniceto juega al tenis puede parafrasearse como Aniceto suele jugar al tenis, mientras que el verbo de estado en María no necesita un ordenador no promueve esta equivalencia (# María no suele necesitar un ordenador) (Rodríguez Espiñeira, 1990: 199).Los distintos efectos del tiempo presente nos interesan, en vista de que en algunos estudios sobre los causativos emocionales se aducen ejemplos como el de (30) para argumentar que son verbos estativos, ya que no presentan un valor habitual en presente (Marín, 2011: 37):

Por lo tanto, merece la pena explorar si las funciones de este tiempo gramatical permiten mantener la hipótesis del logro compuesto.

En relación con la primera fase, hay que tener en mente que los eventos puntuales no favorecen el empleo del presente. Como tiempo imperfectivo, el presente enfoca una parte interna o fase intermedia de la situación designada, sin dejar ver ni el principio ni el fin (García Fernández, 1998: 20; Smith, 1991: 151-152). La exclusión de los límites de una situación hace que el presente sea poco compatible con el logro, que carece de fase interna (Smith, 1991: 63).

En ocasiones, sin embargo, el presente llega a utilizarse con un valor ‘puntual’ o ‘momentáneo’ para referirse a un suceso que se produce —inicia y acaba— en el momento del habla (El delantero sale al terreno del juego; Te llamo desde el aeropuerto) (NGLE, 2009: §23.5a y §23.6a). Carlota Smith califica de ‘telescópico’ este uso marcado del presente y subraya que lo acepta muy bien el verbo ver (Oh! I see!) “como reflejo quizá de la especial inmediatez de la percepción” (Smith, 1991: 153).

La alusión al logro compuesto representado por ver hace esperar que, de manera similar, los causativos emocionales faciliten el uso ‘puntual’ del presente, como se aprecia en estos ejemplos:

Al vincularse con la segunda fase del logro compuesto, el valor del tiempo presente cambia. En este caso, tenemos un proceso dinámico que se desarrolla en el tiempo, carente de límite inherente y susceptible de mirarse en su fase intermedia mientras avanza. Aquí el tiempo imperfectivo toma la función del llamado presente ‘progresivo’, “que se emplea para hacer referencia a situaciones de muy diversa extensión temporal que se hallan en curso en el momento de la enunciación” (NGLE, 2009: §23.5e). Recibe este nombre porque en los contextos donde actualiza dicho valor alterna con la perífrasis de gerundio (canto = estoy cantando) (NGLE, 2009: §23.5e).

En (32) se ofrecen ejemplos que evocan episodios emocionales vistos en su transcurso con ayuda del presente ‘progresivo’:

Para concluir esta sección, sometimos los causativos emocionales a un conjunto de criterios especializados en la discriminación aspectual y no hallamos evidencia alguna que pusiera en tela de juicio la hipótesis del logro compuesto.

4.3 Causatividad

La pregunta que nos queda pendiente es si un verbo de logro compuesto puede ser a la vez un verbo ‘causativo’. Arriba mencioné que existe cierto acuerdo en considerar los verbos psicológicos en estudio como causativos (cf. supra, §2.1) y también dije que la configuración trifásica de la realización (CAUSE + BECOME + STATE) que suele atribuírseles está estrechamente ligada a dicho valor causal (cf. supra, §2.1). Subyace a esa conexión la idea de que todo cambio inducido por un sujeto en un objeto lleva a postular un segmento temporal, de mayor o menor extensión, ubicado al inicio de la cadena causal y coincidente con el intervalo durante el que el sujeto realiza su acción. Ello cobra visibilidad si comparamos la estructura que proponen los autores para la variante intransitiva de los verbos causativos de cambio físico, por ejemplo, The door opened ‘La puerta se abrió’ (frente a John opened the door ‘Juan abrió la puerta’), en cuyo caso, es decir, en ausencia del sujeto causante, la descomposición aspectual se reduce a dos segmentos: BECOME + STATE (véase Schäfer, 2009).

En trabajos recientes, sin embargo, esta manera de ver las cosas ha empezado a cuestionarse. Una relación causal, se hace notar, entraña una idea de dependencia entre situaciones, sin duda, pero no requiere precedencia en el tiempo. Hay relaciones ‘instantáneas’, en las que el efecto producido por la causa surge en cuanto la causa ejerza su fuerza y, en otra clase de eventos, la causa y el efecto se desarrollan al mismo tiempo de manera ‘continua’ (para una discusión de los tipos de causa y referencias bibliográficas, véanse Copley y Harley, 2015; Martin y Schäfer, 2015). Nótese de paso que las modalidades de causación que presentan los verbos que estamos analizando encuentran su lugar en este panorama. Tenemos, por un lado, una relación de carácter ‘instantáneo’, que hace surgir la emoción en una sola fase (inicial) y, por el otro, una de tipo ‘continuo’, en la que el factor causal y su efecto —el sentimiento producido en el experimentante por el estímulo— siguen interactuando durante cierto tiempo (segunda fase).

Además, el punto de mayor relevancia para el análisis aspectual radica en que los llamados verbos causativos, se argumenta, no permiten derivar de su semántica algo parecido a un ‘evento causativo’. Reconocer en el sujeto de la oración a una entidad causante es asignar al constituyente en cuestión una determinada función semántica (o papel temático), que no tiene implicaciones aspectuales, puesto que las funciones semánticas y las propiedades temporales pertenecen a distintos sistemas de categorización (Doron, 2003; Reinhart, 2002). Lo que una oración como El martillo rompió la ventana predica, por ejemplo, es simplemente que el martillo contribuyó de forma crucial (crucial contributing factor) a la culminación del evento de ‘romper’, sin dar lugar a que interpretemos que ‘un evento en que estuvo involucrado el martillo fue la causa de que se rompiera la ventana’ (Neeleman y Van de Koot, 2012). En algunos enunciados, ciertamente, aparece la mención explícita del evento que causó el cambio de estado, como en Juan rompió la ventana golpeándola con un martillo, pero estos casos son distintos de aquellos en los que el concepto de causación se infiere de la función semántica atribuida al sujeto de la oración (Neeleman y Van de Koot, 2012).

De hecho, el rasgo [+ causa] no figura entre los criterios que suelen manejarse para definir las clases aspectuales. Los logros, por ejemplo, se ilustran tanto con estallar de ira y darse cuenta, que no son causativos, como con encender y romper, que sí lo son (De Miguel, 1999: 3033). El rasgo pertinente que tienen en común estos verbos es la escasa duración del evento que designan. No obstante, pese a su clasificación aspectual como logro, el causativo romper se emplea de forma canónica en muchos trabajos para ejemplificar la estructura trifásica de la realización. La asociación entre esta última clase aspectual y la causatividad está tan arraigada que tanto Van Voorst (1992: 84) como Vanhoe (2002: 183), quienes, según vimos, abogan por un tipo de logro en el caso de los verbos que nos ocupan, se sienten obligados a concluir que no son causativos. En mi propuesta, no hay motivos que justifiquen semejante conclusión. La pertenencia de un verbo a la clase del logro compuesto no anula su análisis semántico como unidad léxica causativa.

5. La variante pronominal

Hasta ahora nos hemos ocupado de las oraciones transitivas formadas con causativos emocionales. Resulta, como ya se mencionó, que los verbos causativos de cambio de estado se caracterizan por tener a menudo un correlato intransitivo que predica de la entidad afectada por el cambio (La ventana se rompió). Los causativos emocionales del español manifiestan esta posibilidad en construcciones como las de (33), en las que el experimentante pasa a ser sujeto y el proceso de intransitivización se marca con el pronombre reflexivo:

El fenómeno de variación entre una oración transitiva, con el causante en función de sujeto, y otra intransitiva, con la entidad afectada cumpliendo esta función, se conoce como ‘alternancia causativa’ (Haspelmath, 1993; Levin y Rappaport Hovav, 1995; entre muchos otros).

En la sección anterior aludí a que la variante intransitiva —llamada ‘incoativa’ o ‘anticausativa’— suele asociarse con una estructura aspectual menos compleja (BECOME + STATE), frente a la transitiva (CAUSE + BECOME + STATE). Ha quedado claro que la motivación para plantear análisis distintos gira en torno al contraste entre presencia y ausencia del sujeto causante. Se trabaja con la premisa de que dicha entidad remite a un ‘evento’ causativo, con desarrollo en el tiempo, y se concluye que la incoativa, centrada en el momento en que ocurre el cambio de estado, tiene un subevento menos. Bajo esta perspectiva, surge la oposición entre el ‘logro’ intransitivo y la ‘realización’ transitiva.

Para nuestros objetivos, sin embargo, es importante señalar que en los últimos años el acercamiento a la alternancia causativa ha tomado nuevos rumbos, dando pie a una serie de propuestas muy distintas entre sí, pero motivadas, en términos generales, por dos tendencias compartidas: la oposición de las estructuras ya no se centra en el efecto producido por la presencia de un sujeto causante y los análisis están orientados a aproximar las variantes, minimizando las diferencias y poniendo de relieve sus afinidades.

Sobre este fondo, se proyectan escenarios divergentes. Para algunos autores, los verbos que participan en la alternancia causativa designan cambios que presuponen la actuación de un causante externo, independientemente de si este se explicita o se calla (Chierchia, [1989] 2004; Levin y Rappaport Hovav, 1995). Son verbos en cuya semántica está envuelto un rasgo inherente de causación. Entre los argumentos aducidos para apoyar este planteamiento, se menciona la facilidad con la que en muchas lenguas la variante intransitiva admite que el causante esté presente en forma de un sintagma preposicional u otro tipo de complemento (véase Martin y Schäfer, 2015). Así sucede, por ejemplo, en la oración de (33b) arriba citada, donde la frase por la tardanza alude al estímulo que causó el sentimiento de impaciencia en el sujeto.13

En modelos sintácticos, se parte de una raíz verbal que significa un estado resultante y toma como argumento (interno) a una entidad afectada, y se propone que, en ambos casos, el núcleo se combina con un predicado de CAUSA, situándose la diferencia entre una y otra variante en que la transitiva supone la introducción de un sujeto causante (argumento externo) en otro nivel de representación (la proyección no-eventiva de VOZ) (Alexiadou, Anagnostopoulou y Schäfer, 2006; Kratzer, 2005).

Para otros autores, el único ingrediente estable y común a todos los empleos de los verbos causativos es la denotación del cambio de estado que afecta a una entidad paciente. Al mismo tiempo, existe la posibilidad de insertar el verbo básico en distintos esquemas construccionales que añaden una noción de causa, sea bajo la forma del sujeto transitivo, sea mediante un complemento adjunto de valor causal (Rappaport Hovav y Levin, 2011; cf. Copley y Harley, 2015; Rákosi, 2012).

En resumidas cuentas, la idea de que el sujeto causante obliga a postular un subevento adicional en la configuración temporal de la oración transitiva ya no se defiende como solía hacerse antes. El rasgo de causación recibe diversos tratamientos, según las propuestas, sin considerarse como determinante para erigir una frontera entre las variantes en cuanto a su caracterización aspectual. En el fondo, la oposición causativa/anticausativa se relaciona con una cuestión de prominencia (Doron, 2003), motivada, en última instancia, por las intenciones comunicativas del hablante. Algunas veces se fija la atención en el cambio de estado y otras veces se colocan en un primer plano tanto el cambio como su causa (Davis y Demidarche, 2000apudSchäfer, 2009).14

He dedicado espacio a las propuestas novedosas en torno a la alternancia causativa, porque ayudan a defender la idea de que las formas transitiva y pronominal de los causativos emocionales del español comparten una misma configuración aspectual, que en este trabajo se identifica con el logro compuesto. Nos daremos cuenta de ello aplicando a la construcción pronominal las pruebas empleadas arriba para verificar la Aktionsart de la oración transitiva y registrando las similitudes de comportamiento entre una y otra variante. Veamos.

(i) en x tiempo

La expresiones temporales de este tipo subrayan el carácter instantáneo del cambio psíquico:

Se recogen, igualmente, alusiones a eventos emocionales de muy poca duración:

(ii) lentamente, poco a poco

Como modificadores de la fase inicial, estos adverbiales hacen referencia al proceso asociado, que conduce al cambio, pero que no forma parte del evento mismo:

De manera similar a lo observado con los verbos transitivos, encontramos expresiones que miden el grado de intensidad de la emoción:

(iii) durante x tiempo

El punto de vista del hablante se fija en el episodio emocional que se prolonga en el tiempo:

(iv) dejar de

La perífrasis señala la interrupción del proceso dinámico que sigue al logro de la primera fase:

(v) perífrasis de gerundio

En ocasiones, la forma progresiva tiene alcance sobre la fase preparatoria e indica que el evento de cambio es inminente:

(40) Me voy a enojar y no quiero enojarme y me estoy enojando (2002, Chile)

Treinta minutos pasaron y el doctor seguía con el paciente. Andrés se estaba irritando (2012, Guat.)

Otras veces, la perífrasis recalca el desarrollo en curso de la segunda fase del logro compuesto:

(vi) tiempo presente

El presente ‘puntual’ hace coincidir el cambio psíquico con el momento del habla:

El presente ‘progresivo’, por su parte, focaliza una parte interna del episodio posterior al cambio instantáneo:

Las pruebas nos llevan a concluir que desde el punto de vista de la Aktionsart el verbo transitivo y el intransitivo pronominal proyectan el mismo tipo de situación: un cambio puntual que puede ir seguido de un proceso durativo. En el plano sintáctico, la diferencia en la organización de las relaciones gramaticales se correlaciona con efectos de prominencia ineludibles. La transitiva sitúa en un primer plano el impacto del estímulo sobre la condición psíquica del experimentante, mientras que la pronominal centra la atención en la génesis del sentimiento interno, sin conceder importancia a la causa. Pero esta diferencia no es relevante para el aspecto léxico, ya que, como vimos, el rasgo de causación opera al margen de la estructura temporal de los eventos.

Cuando Carlota Smith (1991: 63) se pregunta si los eventos John melted the ice ‘Juan derritió el hielo’ y The ice melted ‘El hielo se derritió’ son realizaciones o logros, no le importa a la autora el contraste entre presencia y ausencia del participante causante. Su duda tiene que ver con la dificultad de decidir si la acción de derretir(se) posee las características del suceso instantáneo (logro) o bien supone una fase de desarrollo antes de alcanzar el punto de culminación (realización).

En el caso de los causativos emocionales como asustar(se), la decisión a favor del logro (compuesto) ya está tomada y, siguiendo a la autora, entendemos que nada se opone a que las formas verbales de la alternancia causativa sean reunidas en una misma clase aspectual. Podemos concordar con quienes insisten en tratar la intransitiva como igualmente dotada de un valor ‘causativo’, o podemos disentir. Para el objetivo de la clasificación aspectual, la postura que adoptemos respecto a esta hipótesis no es significante. En un caso, como en el otro, el evento que designa la construcción pronominal de los causativos emocionales sugiere un logro compuesto.

6. Los usos estativos

Con el fin de entregar la visión de conjunto, dedico esta última sección de análisis a los usos estativos de los causativos emocionales. Dichos usos constituyen casos de ‘estados derivados’ (derived states) (Smith, 1991: 40). Los exhiben verbos que no son estativos en el nivel de su clasificación básica, sino que adquieren las propiedades del estado en determinados contextos y así modifican el tipo de situación que les es propio (situation type shift) (Smith, 1991: 75).

Vamos a ver que los estados derivados de los causativos emocionales se relacionan con la división entre predicados ‘de individuo’ (individual-level predicates) y predicados ‘de estadio’ (stage-level predicates) (Carlson, 1978; Fernández Leborans, 1999: 2366). A grandes rasgos, se dice de los primeros que expresan propiedades estables, a veces permanentes, que caracterizan a un individuo como tal, al margen de los cambios en su condición espaciotemporal. Los segundos, en comparación, describen propiedades transitorias o contingentes, que están ancladas en un contexto espaciotemporal particular y se asocian a una fase en la vida del individuo. Empezaremos con los predicados de estadio (‘estado resultativo’) y nos acercaremos luego a los predicados de individuo (‘estado caracterizador’).

6.1 Estado resultativo

Los causativos emocionales en español poseen una forma especializada para la expresión del estado. Se trata del participio de valor adjetivo (aburrido, asustado, etcétera) que entra en oraciones construidas con la cópula estar o un pseudocopulativo como quedarse, resultar, o seguir:15

El participio se define como ‘perfectivo’ (Fernández Leborans, 1999: 2430; Bosque, 1990: 178), en la medida en que el significado de esta forma remite al desenlace o la culminación de un evento que ha alcanzado su término. En particular, cuando se predica de un individuo (u objeto), el participio designa el estado en que este se encuentra como “resultado de cierta acción que se ha ejercido sobre él o de algún proceso que ha experimentado” (Bosque, 1999: 291).

Suele afirmarse del participio que en sus usos con estar se pierde la conexión con el evento originario para dejar en foco, de manera exclusiva, el estado que sigue como consecuencia (Fernández, Vázquez y Martí, 2002, entre otros). Los datos de corpus muestran, por el otro lado, que muy a menudo vuelve a activarse dicha conexión. Así sucede en los ejemplos de (45), donde el matiz propiamente ‘resultativo’ del participio cobra prominencia al enlazarse la predicación estativa emocional con una alusión al evento que generó el estado de ánimo del experimentante:

A diferencia de los ejemplos examinados en las secciones anteriores, los de (45) implican un desplazamiento del punto de vista, ahora centrado en un momento posterior a la ocurrencia del cambio psíquico.16 La predicación focaliza el sentimiento que se ha instalado en el experimentante y que continúa, de manera estable y homogénea, como se da un estado.

En otros contextos, como en (46), el sentido resultativo se diluye:

La razón por la que estos ejemplos se sienten distintos se debe a que los estímulos (tanta perfidia, la gestión de los rebeldes, etcétera) no dejan vislumbrar el evento específico y acotado que funcionó como disparador de la emoción. Denotan más bien estados de cosas o actividades, que se extienden sobre la línea del tiempo y con los que se relaciona el sentimiento atribuido al experimentante.

Estos casos se pueden acercar a las oraciones que cita Bosque (1999: 293) para ilustrar los participios de ‘acción simultánea’:

Su peculiaridad reside en que las acciones evocadas por el participio (amenazar, causar) no tienen valor de anterioridad, sino que “se aplican al objeto que las recibe de forma homogénea (esto es, de principio a fin)” (Bosque, 1999: 293).

Las observaciones de Bosque abren paso para considerar los enunciados en (46) y (47) como expresiones de la ‘relación de mantenimiento’ (maintenance relationship) discutida en Neeleman y Van de Koot, 2012. Los autores la definen como aquella “en la que la continuación de un determinado estado de cosas depende de la continuación de una actividad o de un segundo estado de cosas” (2012: 36). Es decir, hay una relación de coexistencia, que implica que el estado dependiente (maintained state) durará mientras el estado soporte (maintaining state) esté presente. Extendiendo la definición de estos autores a los ejemplos de (46), entendemos que el sentimiento del experimentante se encuentra supeditado a la vigencia (no delimitada) de la situación a la que se refiere el estímulo.

Resulta de interés que los mismos autores mencionan que algunos verbos causativos se deslizan con facilidad hacia la expresión de la relación de mantenimiento e ilustran el fenómeno con un causativo emocional, entre otros ejemplos (Neeleman y Van de Koot, 2012: 38):

Si comparamos (48) con los ejemplos de (46) arriba, advertimos una diferencia de perspectiva en la codificación de la relación de mantenimiento. La construcción con participio, en (46), otorga mayor prominencia al estado emocional que se predica del experimentante; en (48), con el verbo en voz activa, toma relieve el papel del estímulo que condiciona el sentimiento denotado. Puede decirse, incluso, que en (48) se causativiza el escenario: el estado soporte, designado por el estímulo, se carga de un matiz de participante causante. La relación causal es de tipo ‘continuo’ (cf. supra, §4.3), evidentemente, y aquí se entabla entre dos estados de cosas (la posición del gobierno y una actitud de molestia). Basta con recordar que la noción de causa no es aspectual, como vimos arriba, para comprender que una relación causal pueda establecerse entre estados (Martin y Schäfer, 2015).17

Obsérvese que la relación de mantenimiento, vista desde la perspectiva de un estímulo soporte con rasgos de causa, la manifiestan también los verbos emocionales que estamos analizando en algunos de sus usos transitivos:

En (49), el tiempo presente no actualiza su valor ‘puntual’ (las oraciones no predican que en el momento del habla el experimentante pasa a sentir la emoción denotada) ni tampoco su sentido ‘progresivo’ equivalente al gerundio perifrástico (las formas desilusionan o impresiona no son sustituibles por están desilusionando o está impresionando). Estamos ante el presente ‘continuo’ o ‘ampliado’, que sirve para anclar una situación en una línea temporal de mayor o menor extensión y con esta función se acopla a la designación del estado que se prolonga (NGLE, 2009: §23.5d).

Respecto a estos últimos usos, vale la pena señalar que los tratados de corte psicológico y filosófico abordan el tema del sentimiento duradero que una persona puede experimentar en relación con un objeto. Lo que en estas obras se subraya es que una condición afectiva de semejante naturaleza debe distinguirse de la emoción propiamente dicha —un fenómeno dinámico acompañado de un conjunto de perturbaciones y relativamente limitado en el tiempo (Hacker, 2004; Orthony, Clore y Collins, 1988; Planalp, 1999)-.

En suma, hemos visto que la forma participial de los causativos emocionales se puede aprovechar para desplazar el foco de atención del evento de cambio emocional al ‘estado’ interno, continuo y homogéneo, que surge como consecuencia. Algunas veces, el carácter resultante del estado está puesto de relieve. Otras veces, haciendo abstracción del evento originario, el predicado se desliza hacia la expresión de un sentimiento experimentado en relación con un estado de cosas vigente en el momento del habla, y en estos contextos alterna con el verbo en voz activa y tiempo presente. Lo que tienen en común todos estos usos es su referencia a una sensación actual, una experiencia anclada en el espacio y tiempo, que coincide con una etapa transitoria en la vida del sujeto.

6.2 Estado caracterizador

En contraste con los usos anteriores, se documentan casos en los que los causativos emocionales atribuyen propiedades concebidas al margen de cualquier determinación espaciotemporal y en ese sentido se asimilan a predicados ‘de individuo’. Para ilustrar la función caracterizadora que adoptan en algunos contextos, se ofrecen los siguientes ejemplos:

Estas oraciones no describen emociones actuales, es decir, hechos afectivos que realmente se sienten en un momento determinado. Entre los factores que motivan la lectura caracterizadora destacan las propiedades no referenciales del estímulo: el cine italiano, los problemas de seguridad o el problema del terrorismo no indican cosas concretas, existentes en el mundo sensible, sino clases o géneros de objetos. La cualidad no referencial del estímulo induce una dimensión de genericidad (Rodríguez Espiñeira, 2004a), que tiene por efecto la ‘deseventización’ (Di Tullio, 2004) del causativo emocional. A este factor se suma, en segundo lugar, el uso del tiempo presente, aquí habilitado para la expresión omnitemporal o atemporal (Rodriguez Espiñeira, 2004a). Es un presente ‘generalizador’ (NGLE, 2009: §23.5g), que exhibe su función de presente ‘caracterizador’ o ‘descriptivo’ en los predicados “que muestran propiedades de las personas o las cosas” (NGLE, 2009: §23.5j).

De acuerdo con Di Tullio (2004), las oraciones de este tipo envuelven una generalización derivada de una sucesión de eventos en los que el estímulo provocó el mismo efecto en el experimentante. Es decir, a partir de ocurrencias reales (por ejemplo, cada vez que Luis ve cine italiano se aburre) se genera un predicado de tipo calificativo con matices de estado (A Luis le aburre el cine italiano). Elaborando un poco, podemos decir que el predicado caracterizador establece una relación entre propiedades, entre la propiedad, atribuida al estímulo, de tener un efecto particular sobre el experimentante y la propiedad, asociada con el experimentante, de reaccionar al estímulo en la forma referida (véase Laca, 1990).

Mirada desde otro ángulo, esta clase de predicados se denomina ‘estados de eventos potenciales’ en Vázquez y Fernández (2003). A juicio de las autoras, la atribución de propiedades es primera y hace posibles predicciones tocantes a eventos específicos en el futuro. Así, se espera, por ejemplo, que si A Luis le aburre el cine italiano, el día que asista a una de sus representaciones sin duda se aburrirá.

Nótese que, independientemente de su origen, el predicado caracterizador entra en resonancia con la ‘disposición’ emocional que se menciona en los trabajos de otras disciplinas. La disposición no se refiere a experiencias actuales; especifica una tendencia en el individuo a experimentar la emoción señalada bajo ciertas circunstancias. En ese sentido, la disposición se aproxima a un rasgo de personalidad (Calhoun y Solomon, 1989; Farell, 1988; Hacker, 2004; Oatley y Johnson-Laird, 2014; Rorty, 1978).

En el campo de la lingüística, subsiste cierto desacuerdo en torno a la forma del predicado caracterizador que actualizan los causativos emocionales. Según Di Tullio (2004), la lectura de propiedad no depende sólo del valor genérico del tiempo presente, sino que está condicionada a la presencia de un experimentante en caso dativo, típicamente preverbal. Lo cierto es que en datos de uso dicho esquema se documenta como opción preferente para la caracterización:

Por el otro lado, en Vázquez y Fernández (2003) se discuten ejemplos como El problema del terrorismo preocupa a todo el mundo, citado arriba, que muestra una oración transitiva, junto a María se molesta por cualquier cosa, que contiene la variante pronominal del causativo. Si observamos los datos recogidos abajo, nos damos cuenta de que, en efecto, la lectura caracterizadora la pueden activar tanto la forma transitiva (52) como la pronominal (53):

Al parecer, basta con que confluya la cualidad no referencial del estímulo con la ausencia de todo anclaje temporal para obtener el predicado ‘de individuo’, sin la necesidad del dativo. Sólo resta decir, a modo de cierre, que queda pendiente un estudio más profundo sobre los criterios formales y contextuales que favorecen el deslizamiento de los causativos emocionales hacia la expresión del estado caracterizador.

7. Conclusiones

Este trabajo tuvo como objetivo ahondar en la configuración aspectual de los llamados causativos emocionales del español, verbos tales como alegrar, asustar, molestar o preocupar, que en su uso transitivo básico designan una reacción psicológica producida por un estímulo (S) en un experimentante (O) y clasificada, en términos aspectuales, como ‘realización’ en la mayoría de los estudios. Estos verbos también cuentan con una variante intransitiva pronominal (asustarse), en la que el experimentante pasa a ser sujeto y el estímulo se elimina o se degrada sintácticamente (adjunto preposicional). Desde un punto de vista aspectual, la variante incoativa o anticausativa que los verbos en estudio actualizan en esta construcción se analiza como ‘logro’. Además, se ha hecho notar que en determinados contextos, asociados con rasgos de genericidad, los mismos verbos se comportan como ‘estados’.

La propuesta aspectual desarrollada en este trabajo ha consistido en sugerir que, tanto en sus usos transitivos como en la construcción intransitiva pronominal, los causativos emocionales del español exhiben el comportamiento del ‘logro compuesto’, definido con base en los trabajos de Fernández Lagunilla y De Miguel (1999, 2000). Dicha categoría engloba eventos que culminan en un punto inicial y que, a diferencia del ‘logro’ simple, implican una fase posterior —un estado (sentarse, marearse) o un proceso (hervir, ver)— que se prolonga a lo largo de cierto intervalo de tiempo. Los causativos emocionales, en mi propuesta, pertenecen al segundo grupo, es decir, denotan un cambio de estado puntual, que puede ir seguido de una fase procesual dinámica.

La hipótesis de que los empleos transitivos y pronominales de los causativos emocionales se ajustan a esa caracterización aspectual encontró apoyo en un conjunto de diagnósticos recogidos de la bibliografía sobre aspecto léxico y aplicados en este trabajo a datos de corpus. Bajo la perspectiva adoptada, se iluminó la razón por la que los verbos en estudio se mostraban igualmente aptos para combinarse con modificadores puntuales o durativos, según la fase en que estaba puesto el acento de la predicación. Y como respaldo adicional, se aprovecharon las aportaciones de la bibliografía psicológica sobre las emociones que abundaban en el sentido de la evidencia derivada de las pruebas lingüísticas.

De manera significativa, la hipótesis tuvo como correlato necesario profundizar en la relación establecida entre la noción de causa y la estructura temporal de los eventos expresados por verbos ‘causativos’. Se argumentó que convenía deslindar causa y aspecto como rasgos pertenecientes a distintas categorías de análisis semántico, y hubo oportunidad de verificar lo anterior examinando algunos empleos estativos de los causativos emocionales, entre los cuales se distinguieron estados ‘resultativos’ (predicados de estadio), por un lado, y estados ‘caracterizadores’ (predicados de individuo), por el otro.

Notas al pie:
  • 1

    Los datos de uso que citaré para ejemplificar la teoría provienen del Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES) de la Real Academia Española <http://www.rae.es>.

  • 4

    Los estudios aspectuales se apoyan en las pruebas sugeridas en Dowty (1979) para la identificación de las cuatro clases de Vendler (1967).

  • 5

    De Miguel (1999: 3003) ilustra las dos lecturas de una ‘realización’ con estos ejemplos: 1) lectura del evento que no se inicia: Sofía casi construye su casa (pero se decidió a buscar ayuda profesional cuando comprendió que sería una labor difícil); 2) lectura del evento iniciado que se interrumpe antes de alcanzar el término: Sofía casi construye su casa (pero cuando ya la estaba acabando tuvo que recurrir a la ayuda de unos profesionales).

  • 6

    El autor argumenta que no se trata de ‘actividades’ porque el valor aspectual de los causativos no es sensible a la oposición entre complementos delimitados y no delimitados (Van Voorst, 1992: 71-72). Sobre el alcance de esta prueba, véase De Miguel (1999: 2998-3000) y en particular Morimoto (1998). Para descartar la hipótesis del ‘estado’, Van Voorst (1992: 79-80) muestra que los verbos psicológicos aceptan adverbios como easily ‘fácilmente’, effortlessly ‘sin ningún esfuerzo’ o without any trouble ‘sin problema’, que se refieren a la manera en que eventos dinámicos se están llevando a cabo.

  • 7

    La utilización del parámetro de la duración como instrumento para discriminar realizaciones (durativas) y logros (puntuales) se remonta a Vendler (1967), si bien cabe señalar que algunos autores no lo consideran lingüísticamente pertinente. Sobre este punto, véase De Miguel (1999: 3030, nota 61) y también Smith (1991: 29-30), quien, por el contrario, hace hincapié en que el rasgo de duración incide de forma esencial en la sintaxis verbal de muchas lenguas.

  • 8

    Conviene puntualizar que la perífrasis en (12) es posible si el evento se interpreta como habitual (Juan aún se está mareando = sigue mareándose, como hábito) (De Miguel, 1999: 3035).

  • 9

    Para mayores detalles sobre el concepto de ‘separabilidad’ (detachability), véase Smith, 1991: 60-63. En la ‘realización’, el proceso que lleva al punto de culminación constituye una parte esencial y no separable del evento. El ‘logro’, en cambio, puede ir precedido de un proceso, pero este se distancia del evento mismo y no garantiza que el evento tenga lugar (por ejemplo, puede suceder que la persona que corría y estaba a punto de ganar la carrera al último momento no la gane).

  • 10

    Identificaremos significados estativos más adelante (cf. infra, §6).

  • 11

    En realidad, hay contextos en que el modificador se puede combinar con un verbo télico, en cuyo caso aporta una lectura específica: la realización (Pedro leyó el informe durante una hora) se visualiza como interrumpida (= estuvo leyendo el informe durante una hora, pero no llegó a acabarlo) y el logro (Nuria saltó a la piscina durante una hora) activa una idea de iteración (= saltó, estuvo saltando, a la piscina una y otra vez) (véase De Miguel, 1999: 3020-3021).

  • 12

    En la bibliografía anglosajona, los autores se refieren a esta construcción como “preliminary circumstance progressive” y hablan de su sentido ‘prospectivo’ (forward looking sense); véase Kearns, 2003.

  • 13

    Desde este punto de vista, la anticausativa es una construcción que, de manera similar a una pasiva, oscila entre la omisión del sujeto transitivo y la re-introducción de este participante argumental como oblicuo (Moreno Cabrera, 1984). En la visión tradicional, la intransitiva focaliza un proceso de cambio ocurrido en el sujeto paciente sin que nada o nadie lo haya provocado, es decir, concebido como un hecho ‘espontáneo’ (Cano Aguilar, 1987; García-Miguel, 1985; Shibatani, 1985; Talmy, 1976). Se sigue de ahí que en los casos donde la intransitiva lleva una alusión a la causa, como en (33b) (o bien en una oración como La ventana se rompió con el viento), la función del sintagma prepositivo se identifica con la del opcional y prescindible complemento circunstancial (Cano Aguilar, 1987; Martínez García, 1986; Rodríguez Espiñeira, 2004a, b).

  • 14

    Con los causativos emocionales, el contraste entre estructuras repercute en la interpretación del experimentante, específicamente, en el grado de control que dicho participante ejerce sobre el evento que lo afecta. Para un análisis muy fino dedicado a este tema, puede consultarse a Maldonado (1999).

  • 15

    En el caso de los causativos emocionales, el participio puede interpretarse como derivado del verbo transitivo o bien de la variante intransitiva pronominal (Bosque, 1999: 291).

  • 16

    A mi modo de ver, el estado en foco puede ser el resultado de un cambio emotivo puntual y breve (fase 1) o bien de un episodio con cierta duración (fase 2). La fijación del punto de mira en un intervalo de tiempo posterior al evento dinámico me parece compatible con ambas opciones.

  • 17

    Neeleman y Van de Koot (2012) distinguen la relación de mantenimiento de la relación causativa, porque ellos manejan una definición más estrecha de la causa, que exige precedencia en el tiempo.

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Historial:
  • » Recibido: 07/09/2018
  • » Aceptado: 09/12/2018
  • » Publicación impresa: 2019Jan-Jun

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Anuario de Letras. Lingüística y Filología, volumen 7, núm. 2, año 2019, julio-diciembre de 2019, es una publicación semestral editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, Delegación Coyoacán, Ciudad de México, C. P. 04510, a través del Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Lingüística Hispánica "Juan M. Lope Blanch", Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Col. Copilco, Del. Coyoacán, Ciudad de México, C. P. 04510, Tel.: 56227550, ext. 49205. URL: https://revistas-filologicas.unam.mx/anuario-letras/index.php/al/index, e-mail: anudelet@unam.mx. Editor responsable: Mtra. María del Refugio Campos Guardado. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2018-020113394100-30; eISSN: 2448-8224, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número, Mtra. María del Refugio Guardado Campos, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Lingüística Hispánica "Juan M. Lope Blanch", Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Col. Copilco, Del. Coyoacán, Ciudad de México, C. P. 04510, Tel.: 56227550, ext. 49205, fecha de última modificación, 30 de julio de 2019.                                                                              

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